PUNTO A PUNTO RADIO (90.7 FM)

"Cierran 50 kioskos por día": cómo es cóctel explosivo según Ernesto Acuña

La recesión, el avance de cadenas y el aumento de costos fijos golpean al comercio barrial. Crecen las apps de transporte como salida laboral y el fenómeno del “kiosco ventana” como competencia informal.

Kiosko en Córdoba Foto: Cedoc

El kiosco de la esquina, ese termómetro silencioso del consumo cotidiano, atraviesa uno de sus momentos más delicados. En el último año y medio cerraron aproximadamente 36.000 locales en Argentina: el total pasó de 96.000 a menos de 60.000, con un promedio que supera los 50 cierres diarios.

La cifra refleja una transformación profunda en un rubro históricamente asociado al comercio familiar y a la vida de barrio. En Punto a Punto radio (90.7 FM) Ernesto Acuña describió el escenario como un proceso acelerado que afecta sobre todo a la Ciudad de Buenos Aires y a las grandes capitales del país.

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“Ahí nos tiraron que estábamos en menos de 60.000, son 36.000 quioscos que en un año y 4 o 5 meses cerraron”, señaló en el programa "Decilo como es" sobre la magnitud del derrumbe.

Menos consumo y márgenes al límite

Uno de los factores centrales es la recesión. “No hay plata, hay menos plata, hay una recesión, eso se nota y siempre se hace más difícil mantener un negocio cuando no hay plata”, explicó.

La caída del poder adquisitivo impacta directamente en ventas que dependen del consumo diario y, muchas veces, impulsivo. Con ingresos en retroceso, el cliente prioriza lo esencial y reduce gastos en golosinas, cigarrillos o bebidas.

A eso se suma el incremento sostenido de costos fijos. “Sube la boleta de luz, sube el alquiler, suben los gastos, sube la mercadería y no podemos trasladar el precio porque si subimos no vendemos y si nos quedamos nos fundimos. Es todo un cóctel explosivo”, resumió Acuña.

La ecuación es asfixiante: ajustar precios implica perder ventas; no hacerlo, deteriorar la rentabilidad hasta el cierre.

El avance de las cadenas y la pérdida de exclusividad

Otro elemento que reconfigura el mapa comercial es la expansión de cadenas de kioscos en los barrios. “Hay cuatro o cinco marcas que se van dividiendo por zonas y van entrando. Entonces el kiosquero típico de siempre va cerrando”, afirmó.

Con mayor capacidad financiera, estas empresas pueden afrontar alquileres más altos y negociar mejores condiciones con proveedores.

En paralelo, productos que antes eran casi exclusivos del kiosco ahora se consiguen en otros comercios. “Hoy tenés farmacias que venden golosinas, supermercados chinos que venden cigarrillos”, describió. Esa diversificación reduce el flujo de clientes que antes acudían casi automáticamente al kiosco.

Del mostrador al volante

Frente a este escenario, muchos comerciantes optan por reconvertirse. “La mayoría están yendo hacia las aplicaciones de autos. Cierran el kiosco, venden el fondo de comercio, compran un auto y se meten de Uber”, contó.

El cambio implica abandonar años de trabajo en un negocio propio para pasar a un esquema de ingresos diarios bajo plataformas digitales. Una decisión que, más que vocacional, parece forzada por la necesidad.

La crisis también genera nuevas formas de subsistencia. “En las crisis también aparece el kiosco ventana”, explicó Acuña, en referencia a personas que montan pequeños puntos de venta en la ventana, el living o el garaje de su casa.

Estos microemprendimientos no registrados operan con menos costos y, por lo tanto, pueden ofrecer precios más bajos. “Al kiosquero histórico le empieza a sacar venta, porque empiezan a competir, venden más barato, venden al costo”, sostuvo.