Dormir separados para salvar la pareja: el “Sleep Divorce” que rompe el mito de la cama compartida
El divorcio del sueño deja de ser tabú: por qué cada vez más parejas eligen dormir en habitaciones separadas y cómo el descanso puede salvar la relación. “Damos por sentado que por estar en pareja hay que dormir al lado del otro, con los mismos hábitos y la misma rutina. Pero hay personas que necesitan condiciones diferentes para dormir bien”.
Dormir juntos parece uno de los gestos más naturales del amor. Una cama compartida como símbolo de intimidad, cercanía y vida en pareja. Pero ¿qué pasa cuando esa misma cama se convierte en el origen del cansancio, la irritabilidad y las discusiones? Cada vez más especialistas empiezan a ponerle nombre a esa contradicción: Sleep Divorce o “divorcio del sueño”. No implica una crisis de pareja. Al contrario, puede ser una estrategia para preservarla.
Joaquín Diez, especialista en psiquiatría y medicina del sueño, lo resume con claridad: la forma de dormir de uno puede arruinar el descanso del otro, y el mal descanso termina afectando la relación. Así se crea un círculo vicioso silencioso que muchas parejas atraviesan sin advertirlo.
“Damos por sentado que por estar en pareja hay que dormir al lado del otro, con los mismos hábitos y la misma rutina. Pero hay personas que necesitan condiciones diferentes para dormir bien, y eso empieza a generar competencia”, explicó en diálogo con Punto a Punto Radio (90.7 FM).
Cuando dormir juntos deja de ser compatible
El problema no siempre es el ronquido, aunque suele ser el más evidente. El conflicto puede aparecer por detalles más sutiles: movimientos, temperatura, transpiración, horarios distintos, luz, sonidos mínimos o incluso la necesidad de silencio absoluto. A veces alcanza con camas separadas en el mismo cuarto. Otras, la solución es directamente dormir en ambientes distintos.
“Si uno necesita dormirse más temprano o más tarde, o si al otro le molesta hasta la luz del televisor apagado, tener un espacio propio permite resolverlo sin afectar al otro”, explicó el especialista.
"Entonces ahí la necesidad es otro lugar donde no se escuchen los ruidos, donde si vos te tenés que dormir más temprano o más tarde, a mí no me afecte. Que puedas manejar tu lugar sin que a mí me represente un problema", comentó. Porque cuando dormir mal se vuelve rutina, aparecen consecuencias que van mucho más allá del cansancio: irritabilidad, menor tolerancia, discusiones frecuentes y pérdida de energía emocional.
El mito de la intimidad: dormir separados no enfría la relación
Uno de los temores más frecuentes frente al “Sleep Divorce” es la pérdida de intimidad. Sin embargo, la evidencia clínica muestra lo contrario. “Cuando dormís mejor, el deseo aparece mejor. Hay más energía, más predisposición. En cambio, si dormiste mal, estás más hostil, con menos margen emocional, y eso atenta contra la intimidad”, señaló Diez.
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Dormir separados, entonces, no implica alejarse emocionalmente. Implica separar el momento de dormir del momento de compartir. Sin embargo, el mayor obstáculo sigue siendo cultural. Existe la idea de que dormir en habitaciones distintas significa crisis.
“Muchas parejas dicen: ‘Si dormimos separados es porque estamos mal’. Y eso hay que desarmarlo primero dentro de la misma pareja”, explicó el especialista.
No es una decisión definitiva
Tampoco es necesariamente permanente. Puede ser temporal, intermitente o adaptarse a distintas etapas. Algunas parejas alternan noches compartidas y separadas. Otras recurren a esta dinámica sólo cuando uno necesita descansar mejor.
Sin embargo, cuando hay problemas médicos la solución puede requerir tratamiento. “El ronquido no es dormir profundo. Es un problema, no sólo para quien comparte la habitación, sino también para quien ronca”, advirtió Diez.
Dormir de corrido: otro mito que la ciencia empieza a cuestionar
El especialista también desmitificó otra idea muy instalada: que el sueño debe ser de ocho horas continuas sin interrupciones. “Está sobrevalorado el sueño de corrido. Podés despertarte a mitad de la noche, volver a dormir y descansar bien igual”, explicó.
Incluso, históricamente, el sueño humano era más fragmentado. Sin luz artificial ni pantallas, las personas dormían en dos bloques separados. Hoy, el problema es otro: el sueño está cada vez más reducido. “Dormimos poco. Entonces si además fragmentamos el sueño, sí puede afectar. Pero primero hay que garantizar un tiempo total razonable”, señaló.
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