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“El alto rendimiento no es sano”: la preocupación por tener a un jugador como Julián Álvarez parado

La situación de jugador de fútbol en Atlético de Madrid reavivó el debate sobre el impacto psicológico del deporte profesional. El psicólogo deportivo Raúl Barrios analizó el presente del futbolista y advirtió sobre las consecuencias que puede tener quedar fuera de competencia por una decisión vinculada a su contrato.

Julian Álvarez Foto: CEDOC

El psicólogo deportivo Raúl Barrios analizó la situación de Julián Álvarez y sostuvo que el alto rendimiento puede generar fuertes exigencias físicas y mentales en los deportistas. En diálogo con Punto a Punto Radio, señaló que el conflicto contractual que atraviesa el delantero del Atlético de Madrid puede afectar su estado de ánimo y remarcó que el fútbol profesional deja de ser un juego cuando el jugador firma un contrato.

Barrios sostuvo que la situación de Álvarez debe analizarse con cautela porque no conoce personalmente al futbolista ni sus antecedentes. Sin embargo, a partir de lo que leyó y de lo que trascendió públicamente, consideró que el alto rendimiento expone a los deportistas a niveles de exigencia que pueden afectar su bienestar.

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“El alto rendimiento no es sano”, afirmó Barrios al explicar su mirada sobre la actividad profesional. Según detalló, los deportistas deben superar o soportar situaciones estresantes vinculadas con la necesidad de obtener resultados, mejorar marcas o alcanzar determinados objetivos.

El psicólogo aclaró que esta problemática no está necesariamente relacionada con el dinero o el prestigio. Para Barrios, también intervienen cuestiones vinculadas con la motivación y con la posibilidad de tomar decisiones sobre la propia carrera.

El peso de los contratos

El especialista explicó que los futbolistas profesionales cuentan habitualmente con representantes, asesores y personas encargadas de administrar distintos aspectos de sus carreras. También señaló que “hoy el peso de los padres y la familia más cercana es muy grande, en casi todos los casos de jugadores”.

En ese sentido, Barrios diferenció entre el acompañamiento afectivo y emocional y el asesoramiento comercial. “Un jugador de fútbol a esta altura es un producto comercial que hoy tiene un contrato firmado con una empresa y quiere irse a trabajar otra empresa y no se ponen de acuerdo en los números”.

Sobre el caso de Álvarez, mencionó una cláusula de rescisión de 490 millones de euros y sostuvo que ese tipo de condiciones hace más complejo que un futbolista pueda modificar su situación contractual. “Cuando vos firmas un contrato, te profesionalizas”. Barrios explicó que el jugador queda condicionado por las condiciones pactadas en su vínculo: “Te sometes a una serie de requisitos contractuales que definen tu carrera deportiva”.

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Ante la posibilidad de que la situación derive en un cuadro depresivo, Barrios evitó realizar un diagnóstico sobre Álvarez, pero sí consideró que el conflicto puede tener consecuencias sobre su estado de ánimo y que la situación podría agravarse si no encuentra una solución. Puede afectarlo emocionalmente? Sí. ¿Puede afectarlo de manera más grave de lo que está afectándolo ahora? Seguramente que sí”, sostuvo Barrios.

También explicó que la situación contractual puede generar una contradicción para el jugador: quiere desarrollar su carrera en determinado destino, mientras el club puede tener otros intereses comerciales. En ese marco, consideró que el conflicto excede la dimensión deportiva. “No puede estar un jugador de esa edad parado en su vida deportiva por una decisión comercial”, sostuvo.

Los límites de la vida profesional

Durante la entrevista, Barrios también recordó el nivel de restricciones que pueden incluir algunos contratos deportivos. Como ejemplo, mencionó que tuvo acceso a un contrato de un jugador de la NBA compuesto por tres libros de casi 200 páginas, donde figuraban numerosas actividades que el deportista no podía realizar.

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Entre las restricciones mencionó que no podías ir a esquiar, no podías ir a hacer avistamiento de ballena, no podías subirte a un bote, no podías subirte a una moto, no podías ponerte esta gorra, no podías dar una entrevista”, enumeró Barrios. También recordó que, en una oportunidad, el jugador realizó una actividad prohibida por contrato y tuvo que pagar una multa de casi 25 mil dólares.

Para Barrios, estos ejemplos permiten dimensionar hasta qué punto un contrato puede condicionar la vida cotidiana de un deportista profesional y exceder lo estrictamente relacionado con su desempeño dentro de una cancha.

Entrevista realizada en el programa de radio "Es por acá" con Juan Bernaus y Julieta Fantini.