El único empleo que crece en Argentina es el cuentapropismo informal, ni siquiera el monotributista
Con una economía estancada desde 2012, el mercado laboral argentino se reconfigura hacia la informalidad extrema. Un estudio de IDESA advierte que el empleo que crece no es asalariado ni registrado, sino de mera subsistencia, en un contexto donde la inflación sigue condicionando salarios y pobreza.
Argentina lleva más de una década atrapada en el mismo punto. Sin expansión, sin tracción y, sobre todo, sin empleo de calidad. Así lo describió Jorge Colina, presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), al analizar la evolución reciente del mercado laboral: “Argentina hace más de 10 años, desde el año 2012, que la economía no crece”.
La consecuencia es directa y casi mecánica. “No va a haber crecimiento neto de empleos asalariados en las empresas”, explicó Colina, porque “si las empresas no venden más, no van a tomar más gente”. Sin crecimiento económico, el empleo formal queda congelado y el sistema empieza a llenarse por los márgenes.
El empleo que crece, pero no figura en ningún lado
En ese vacío aparece el fenómeno dominante del último año: el cuentapropismo informal. No el emprendedor registrado, no el monotributista, sino el trabajador que sobrevive fuera de cualquier radar estatal. Según el estudio de IDESA, “el único empleo que crece es el cuentapropismo informal, o sea, no registrado en el monotributo”.
Salarios a valores del 2025 | Idesa
El dato es contundente: en 2025 todo el aumento del empleo provino del cuentapropismo, y como no hubo suba en los registros tributarios, la conclusión es clara. Fue “casi enteramente informal, o sea, un cuentapropista que ni siquiera se inscribió en el monotributo”.
No es una economía que genera trabajo: es una economía que empuja a arreglárselas como se pueda.
Por qué no se crea empleo asalariado
Colina apunta a una causa estructural que excede la coyuntura: el marco legal. “Los empleadores quedaron espantados con el tema de emplear a algún trabajador por los riesgos que eso significa”, afirmó. Según el economista, la legislación laboral se volvió “muy penalizadora del empleador a partir de reformas que se hicieron el año 2008”.
Durante el período 2004–2012, el empleo creció pese a esas normas, pero había un factor clave: “el salario real estaba por el piso y eso es lo que permitía compensar los mayores costos laborales”. Hoy, con una economía estancada y una legislación que Colina definió como “casi distorsionada”, el resultado es un mercado laboral bloqueado.
La advertencia es inquietante: aun con crecimiento económico, “posiblemente el aumento del empleo fuera en negro” si no hay una reforma de fondo.
Inflación a la baja, desafíos a la vista
La inflación cerró 2025 en 32% interanual, una desaceleración fuerte frente al 211% con el que asumió el actual gobierno en diciembre de 2023 y el 118% de diciembre de 2024. Pero el sendero hacia adelante sigue siendo exigente.
Los límites de bajar impuestos a medida que baja el gasto
Si la inflación se mantiene en torno al 2% mensual, el 2026 cerraría cerca del 25% anual, un avance modesto. Para cumplir la meta oficial del 10% anual en diciembre de 2026, la inflación mensual debería bajar al 0,8%, y para alcanzar niveles “sudamericanos” del 5% anual en 2027, tendría que rondar el 0,5% mensual.
En este contexto aparece un dato que, a primera vista, desconcierta. Según el Indec, el salario informal creció 84% en 2025, muy por encima de la inflación y de la línea de pobreza. Para Colina, la clave está en dejar de mirar la foto y observar la película completa.
Con datos de la EPH, IDESA estima que en 2025 el ingreso promedio de los trabajadores informales fue de $500.000 (a precios constantes). Es más alto que en 2023 y 2024, pero similar al nivel de 2020, el año de la pandemia.
La explicación no es mágica: es inflacionaria. Cuando la inflación se acelera, el salario informal es el que más pierde, porque se mueve con la inflación pasada, no con la futura. Por eso, cuando la inflación se desacelera —como ocurrió en 2025—, es el salario informal el que más rebota. Simple efecto resorte.
El problema de fondo no es solo cuánto ganan los informales, sino cuántos son. Hoy representan casi la mitad del mercado laboral argentino. Y ahí aparece la verdadera dimensión del problema: una economía donde la informalidad dejó de ser marginal y pasó a ser la norma.
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