ECONOMÍA Y CONSUMO

Germán Romero: “la clase media es un tobogán directo a la pobreza”

El presidente del Centro de Almaceneros de Córdoba analizó el derrumbe del consumo durante 2025, el arranque complejo de 2026 y los cambios estructurales en los hábitos alimentarios. Advierte sobre el regreso del fiado, el deterioro del poder adquisitivo y un escenario crítico para familias, jubilados y comercios de proximidad.

Germán Romero, presidente del Centro de Almaceneros de Córdoba. Foto: CEDOC PERFIL

La foto del consumo en Córdoba cerró 2025 con números que encendieron todas las alertas y el inicio de 2026 no trajo señales claras de recuperación. En diálogo con Punto a Punto, Germán Romero, economista y presidente del Centro de Almaceneros, describe un escenario marcado por la caída del poder adquisitivo, el endeudamiento de los hogares y una transformación profunda en la forma de comprar y alimentarse. En la entrevista, Romero pone el foco en las familias, en los pequeños comercios y en una crisis que, según advierte, ya no es coyuntural sino estructural.

—¿Cómo describiría lo que pasó con el consumo en 2025?
—Nosotros analizamos el comercio de proximidad que vende alimentos, agrupando almacenes, carnicerías, verdulerías, pollerías, despensas y panaderías. Medido en volumen de ventas, el consumo en 2025 cayó un 21,2% respecto de 2024, que ya había sido un año malo. Es el peor registro desde 2015.

—¿Hubo algún alivio hacia fin de año?
—En diciembre se observó una leve mejora: la caída interanual fue del 8,3%, apenas un punto mejor que meses anteriores. Pero no hay que confundirse: eso no habla de recuperación, sino de estancamiento. Seguimos muy abajo.

—¿Y cómo arrancó el 2026?
—Enero muestra números similares. Estamos 8,5% por debajo de enero de 2025. Es probable que, cuando comparemos marzo o abril, se empiece a “emparejar” la curva, pero no porque mejore el consumo, sino porque 2025 fue tan malo que la base de comparación es muy baja.

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—¿Esto está directamente ligado al poder adquisitivo?
—Absolutamente. Caída del poder adquisitivo es igual a caída del consumo. No hay otra explicación. El comercio de proximidad refleja de manera inmediata lo que pasa en los bolsillos de las familias.

—¿Cambió el tipo de cliente en los almacenes y comercios barriales?
—Sí: hoy vemos más clientes, pero con menor capacidad de compra. Muchas familias que antes hacían compras grandes en supermercados ya no tienen volumen monetario para una compra semanal o mensual. Entonces migran al día a día, compran lo justo y necesario, con tickets cada vez más chicos.

—Si los salarios no mejoran, ¿hay alguna posibilidad de que el consumo repunte?
—Sinceramente, no. Si no mejora el salario real, vamos a tener en 2026 una foto de consumo muy similar a la de 2025. Eso es lo preocupante.

—¿Qué muestran los datos sobre la situación de las familias?
—Nuestros relevamientos indican que el 17% de las familias no alcanza a cubrir la Canasta Básica Alimentaria. Y del resto, el 70% llega con ayuda: asistencia estatal, familiar o comunitaria. Además, el 29% de los hogares financia el gasto en alimentos.

—¿Cómo se financia hoy la comida?
—Ahí aparece un dato muy alarmante: el regreso del fiado. Un 38% de las familias compra fiado. Antes era algo anecdótico, pero hoy es un indicador de riesgo muy duro. Muchas familias agotaron las tarjetas de crédito, están endeudadas o en mora, y migraron al fiado.

—¿Y eso qué implica para los comercios?
—Una morosidad del 36% y una incobrabilidad del 15%. Los comercios no tienen espalda para sostener eso. El fiado también se está agotando.

—¿Qué pasa con esas familias cuando ya no tienen más crédito ni fiado?
—Esa es la gran pregunta. Ahí empieza el riesgo serio de inseguridad alimentaria. No es una discusión teórica: es qué comen esas familias todos los días.

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—¿Cómo impacta esto en los comercios de barrio?
—Los comercios vienen soportando alquileres, tarifas, impuestos y sueldos. Muchos creían que 2026 iba a ser mejor, hoy ya no lo piensan así. A partir de marzo vamos a empezar a ver cierres, cuando se junten todas las obligaciones: alquiler, impuestos, cargas sociales. Si no hay una recuperación de ventas, no hay milagro posible.

—Desde el lado de las familias, ¿qué cambios concretos ves en los hábitos de consumo?
—Hay un cambio muy fuerte en la alimentación. El consumo de carne cayó más del 50%. Se reemplaza proteína por hidratos de carbono: fideos, arroz, pan. El consumo de harinas está un 60% por encima de lo recomendado por las tablas nutricionales. También cae el consumo de leche, yogures, frutas y verduras.

—¿Qué consecuencias tiene eso?
—Gravísimas, sobre todo para niños, niñas y adultos mayores. Estamos criando chicos con pan, no alimentándolos adecuadamente. En los jubilados es aún peor: muchos eligen entre comer o comprar medicamentos. Consumen más infusiones y menos alimentos esenciales.

—¿La clase media también está siendo afectada?
—Totalmente. Hoy la clase media es una fábrica directa de nuevos pobres, un tobogán a la pobreza. Muchas familias todavía no toman conciencia de su situación real, hasta que empiezan a recortar comidas, a reemplazar la cena por una merienda tardía. Ahí advierten que ya están por debajo de la línea de pobreza.

—¿Cómo evalúa la política económica actual en relación al consumo?
—Puede haber alguna mejora en la macroeconomía, pero no llegó a la microeconomía. Los salarios no se recompusieron, los costos fijos se triplicaron, se quitaron subsidios. Eso erosiona directamente el consumo y termina saturando los sistemas públicos de salud y educación.

—Si tuviera que definir el consumo hoy en una palabra, ¿cuál sería?
—Crítico. Es deplorable desde el punto de vista de la salud y de la seguridad alimentaria. Estamos atravesando una crisis profunda y, lamentablemente, las expectativas para 2026 no son buenas. El primer semestre puede ser igual o incluso peor que el último de 2025.

—¿Hay alguna salida posible?
—La clave es recomponer el salario real. Sin poder de compra no se mueve ningún engranaje de la economía. Si eso no ocurre, la crisis de consumo va a seguir profundizándose.