Historia y noche LGBTQ+

“La fiesta es una manera de visibilizar que la comunidad existe”: el legado de Hangar 18 en Córdoba

Entre 1995 y 2005, el galpón del ex Mercado de Abasto funcionó como un espacio de encuentro frente a las persecuciones policiales de la época. Allí las artistas locales establecieron sus primeros certámenes y abrieron camino hacia la profesionalización del arte nocturno.

Hangar 18 Foto: .

La noche cordobesa siempre tuvo fama de ser festiva, descontrolada, interminable y perfecta para salir con amigos. Sin embargo, hubo una época en la que la noche también podía ser peligrosa. No para cualquiera, sino para un colectivo que debía esconderse, cuidarse de las miradas y mantenerse en las sombras para sobrevivir. Ante esa realidad, encontrar un rincón en la ciudad para bailar, charlar, encontrarse y, sobre todo, sentirse libres, era una necesidad vital. Durante diez años, ese refugio indiscutido tuvo nombre y dirección: Hangar 18.

Entre 1995 y 2005, un galpón industrial en la zona del ex Mercado de Abasto se convirtió en mucho más que un boliche: se volvió un faro cultural. Sus creadores, Néstor Latorre y Mario Botiglieri, abrieron una puerta para desconectar de la hostilidad exterior y dieron vida a un espacio que reunió a artistas y jóvenes de toda la provincia. Hangar 18 no solo albergó la fiesta; transformó para siempre la historia de la comunidad LGBTQ+ y del arte drag en Córdoba.

Esa realidad hostil de las calles la conoció de cerca Olga Riutort, dirigente política y ex diputada nacional, quien se convirtió en una de las habituales protectoras de la comunidad. “Siempre planteé que ahi habia que hacer algo, porque había cada vez más quejas de que a las personas gay o a la gente trans, la policía los perseguia”, recuerda Riutort. Su acercamiento con su amigo Ramón Pico y su presencia constante en el boliche reforzaron ese lazo: “Empecé a ir a Hangar 18, me hice amiga de Néstor y hasta el día de hoy soy madrina de esa comunidad”.

Ese carácter de refugio y punto de encuentro es fundamental para comprender la huella que dejó en la memoria colectiva. “Era como un espacio de diversión pero también de poder encontrarse con pares cuando muchas veces eso no era tan posible por las condiciones sociales o políticas o familiares que podían impedirlo”, señala Daniella Brollo, antropóloga e investigadora de las escenas drag en Córdoba.

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Para entender la revolución que significó Hangar hay que viajar en el tiempo. En los primeros años de los 90, la escena nocturna ya contaba con espectáculos de transformismo “disciplina centrada principalmente en la imitación fidedigna de grandes figuras de la música, el cine o el espectáculo tradicional”. Sin embargo, la apertura del galpón del Abasto marcó un quiebre estético.

“Particularmente en Hangar empiezan a circular otras formas estéticas asociadas al drag”, explica Brollo. La antropóloga destaca que allí comenzó a delimitarse una identidad propia: “Empieza a circular en el ámbito local la idea de lo drag queen como algo distinto, aunque cercano, a ciertas formas del transformismo”. Ya no se trataba solo de copiar a una celebridad, sino de construir personajes propios, extravagantes, teatrales e irreverentes.

Una noche multitudinaria

Los fines de semana la rutina era sagrada: los viernes y sábados Hangar abría sus puertas para ofrecer shows que rozaban lo faraónico. Las escenografías colgaban del techo y los laterales del galpón, llenando de color un espacio que albergaba a más de mil personas por noche. “Los recuerdos sobre Hangar apuntan que los shows eran maravillosos, multitudinarios, con grandes escenografías que colgaban de arriba y desde los costados”, repasa Brollo.

Pero si algo caracterizó a Hangar fue su capacidad para derribar fronteras sociales en la pista de baile. El boliche no aplicaba filtros ni derechos de admisión discriminatorios; era un punto donde convivían identidades y públicos heterogéneos. Personas heterosexuales y homosexuales compartían las mismas noches, mientras que los domingos el lugar se transformaba en uno de los primeros templos de la naciente escena de música electrónica cordobesa.

Asimismo, Riutort rememora cómo el espacio de Hangar fue abriendo caminos para la participación política y la visibilización: “Me acuerdo cuando trabajaba para ser intendente de la capital, en las fiestas se llenaba; iban candidatos de todos los partidos”.

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Por su escenario y sus pasarelas desfilaron figuras de la talla de Moria Casán, Flor de la V, Pitty Álvarez, Rodrigo, Carlitos Rolán y Cris Miró. La mezcla entre grandes celebridades, producciones locales y un público diverso terminó por consolidar al boliche como un ícono indiscutido de la cultura nocturna.

Cuando el drag tuvo nombre

En 1996 ocurrió un hito crucial: Hangar fue la sede de los primeros certámenes provinciales de drag queens. Allí las artistas competían con sus performances para coronarse reinas, marcando un reglamento e institucionalizando la disciplina.“Ponerle un nombre a esas prácticas y establecer un reglamento también ayudó a construir una identidad local propia”.

Una de las pioneras de aquella competencia pionera fue Antara Wells, quien participó en 1996 y cuatro años más tarde, en el año 2000, fue consagrada como la primera Reina Nacional Drag Queen Argentina en Tucumán. Junto a ella, nombres como Thara Moon, Móndula Leyton y Célide Luxuria empezaron a escribir las páginas doradas del drag local. 

Ponerle nombre y reglas al concurso fue indispensable para la profesionalización del arte. “Ahí ya hay un concurso, si hay un nombre, se le pone un nombre, esto es una elección drag y no otra cosa, hay un reglamento”, precisa Brollo. Así, mientras el público disfrutaba de la fiesta, la escena artística de Córdoba tomaba conciencia de su propia identidad.

Lucha hasta el presente

A pesar de las luces, la música y el brillo del escenario, la realidad fuera del boliche siempre fue compleja. Salir a divertirse duraba unas horas, pero después había que enfrentarse al día a día. El acceso al trabajo formal sigue siendo una de las deudas pendientes que atraviesa a la comunidad.

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Olga Riutort sostiene que las oportunidades laborales continúan siendo limitadas para muchas personas, especialmente para las chicas trans. “Después se las tiene que ingeniar para hacer cosas, porque si no, no llegan”, afirma la dirigente al describir las dificultades económicas. 

Más allá de estas deudas pendientes que persisten en la sociedad, la dirigente enfatiza que los festejos y los escenarios no son solo entretenimiento, sino también trincheras de resistencia. “La fiesta es una manera también de visibilizar que la comunidad existe, que no tiene ningún problema en mostrarse”.

Hangar 18 cerró definitivamente sus puertas en 2005. Sin embargo, la semilla que sembró en esa década sigue germinando en cada show, en cada escenario y en cada espacio de diversidad de Córdoba. Su verdadero legado no residió únicamente en las multitudes que convocó o los famosos que caminaron por sus pistas, sino en haber sido el refugio donde el arte drag encontró su propio nombre y donde toda una comunidad aprendió a brillar sin pedir permiso.