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Malamud por las protestas en Europa: "En Francia se combina un malestar entre los jóvenes y un país que protesta con fuego"

El politólogo analizó el trasfondo económico de las manifestaciones que sacuden a Europa y señaló que los jóvenes sienten que perdieron la posibilidad de progresar socialmente. También explicó por qué la crisis puede favorecer a los partidos de extrema derecha.

Andrés Malamud, politólgo Foto: Cadena 3

Las violentas protestas que sacuden a Francia tienen un trasfondo económico que va más allá de los episodios de vandalismo y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Para el politólogo Andrés Malamud, el problema de fondo es el deterioro de las expectativas de progreso de los jóvenes europeos, en un contexto de bajo crecimiento económico, dificultades para acceder a una vivienda y una creciente percepción de que vivirán peor que sus padres.

"Las economías europeas no crecen lo suficiente como para que los jóvenes tengan una perspectiva de mejora", sostuvo Malamud durante una entrevista en Pensavalle Informa, por Radio Punto a Punto. Según explicó, el malestar social se combina con características particulares de cada país, aunque la insatisfacción y el contagio de la violencia aparecen como factores comunes.

Francia, una sociedad con una larga tradición de protestas violentas

Malamud distinguió entre las causas estructurales de la crisis y las formas que adquieren las manifestaciones en cada país. En Francia, señaló, existe una tradición de protestas violentas que se remonta a la Revolución Francesa y que reapareció en distintos momentos de la historia, como en 1848, 1871 y el Mayo Francés de 1968.

"En Francia tenemos la combinación de dos cosas, un malestar muy difundido entre los jóvenes y una práctica violenta de protesta", resumió. "Es un país que protesta con fuego, tiene una cultura del conflicto violenta que está arraigada en su sociedad desde por lo menos 1789, cuando tomaron la Bastilla y dos años después decapitaron a los monarcas", explicó en Radio Punto a Punto.

El politólogo sostuvo que los episodios recientes tuvieron alcance nacional, aunque París continúa siendo el principal escenario de las manifestaciones. También destacó que los incendios y los ataques no se limitaron a la capital, sino que alcanzaron a municipios del interior.

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A diferencia de lo ocurrido en Francia, Malamud describió los episodios registrados en Italia como más localizados, particularmente en Milán. Allí identificó la participación de grupos violentos conocidos como Black Bloc, junto con jóvenes que se habrían sumado espontáneamente a los disturbios.

El especialista advirtió que no existe una única explicación para todos los episodios. A su entender, confluyen diferentes expresiones de descontento, desde las protestas estudiantiles hasta los conflictos relacionados con el acceso a la vivienda.

El ascensor social que dejó de funcionar

Para Malamud, el denominador común de las protestas europeas es la percepción de que las posibilidades de progreso social se redujeron. "La gente piensa que está condenada a quedarse donde está o vivir peor", afirmó al explicar el vínculo entre las manifestaciones que se extendieron por distintos países.

En Francia, identificó el origen inmediato del conflicto en una protesta estudiantil vinculada con las condiciones de las escuelas secundarias. Entre los reclamos mencionó el mantenimiento deficiente de los establecimientos y el ausentismo docente.

En Portugal, en cambio, señaló las dificultades para acceder a una vivienda, especialmente en la ciudad de Porto. En Italia, consideró más difícil establecer una causa específica para los episodios de Milán, donde observó la participación de jóvenes autoconvocados.

De esta manera, el politólogo diferenció los motivos que desencadenan las manifestaciones en cada territorio del mecanismo que permite que la violencia se extienda. "Hay un malestar general con gatillos que son diferentes país por país, pero que tienen el contagio de la violencia como mecanismo de propagación", explicó.

El problema económico de Europa

El crecimiento económico aparece, para Malamud, como la principal respuesta de fondo a la crisis. Sin embargo, advirtió que Europa enfrenta obstáculos estructurales para mejorar su desempeño.

Entre ellos mencionó el envejecimiento de la población y la dependencia energética. Según explicó, los países europeos deben afrontar un gasto creciente en jubilaciones y sistemas sanitarios, mientras que los jóvenes reclaman oportunidades de progreso.

A eso se suma el costo de la energía. Malamud señaló que Europa es importadora neta de petróleo y que los conflictos bélicos encarecieron los precios. En ese escenario, contrastó la situación europea con la de Estados Unidos, que cuenta con producción propia y puede amortiguar mejor el impacto energético.

El resultado es una tensión entre las necesidades de financiamiento de los sistemas de bienestar y las expectativas de una generación que siente que no logra mejorar sus condiciones de vida. "Los viejos son más caros para atender. Y los jóvenes dicen: ¿y a nosotros cuándo nos toca?", planteó.

Por qué la crisis puede beneficiar a la extrema derecha

El deterioro de las expectativas económicas también tiene consecuencias políticas. Para Malamud, el escenario europeo muestra una tendencia a la radicalización, en lugar de un regreso de los votantes hacia posiciones moderadas.

En Francia, destacó el posicionamiento de Marine Le Pen, referente de la extrema derecha, quien condena la violencia de las protestas mientras reivindica los reclamos. El politólogo consideró que ese tipo de estrategias puede favorecer a dirigentes que moderaron sus posiciones en los últimos años.

Según su análisis, el descontento social puede fortalecer a las fuerzas de extrema derecha, en particular cuando una parte de la población atribuye los conflictos a la extrema izquierda.

Sin embargo, Malamud cuestionó la idea de que esas fuerzas representen necesariamente una alternativa de austeridad económica. Por el contrario, sostuvo que la extrema derecha propone mantener un Estado de bienestar amplio para los ciudadanos nativos, pero restringir el acceso de los inmigrantes a esos beneficios.

"La derecha en el mundo es gastadora, no es austera", afirmó. En ese sentido, planteó una paradoja: los partidos que pueden capitalizar el malestar no necesariamente ofrecen una solución a los problemas económicos estructurales que lo originaron.

La represión, cada vez más frecuente

Otro de los aspectos abordados durante la entrevista fue la respuesta de las fuerzas de seguridad frente a las manifestaciones. Malamud señaló que las democracias europeas tienen una tradición de represión más dura que la argentina y que las detenciones y las sanciones forman parte de esa respuesta.

A partir de conversaciones con diplomáticos europeos, sostuvo que en esos países existe una mayor aceptación social de la violencia represiva. En su análisis, esa diferencia también ayuda a explicar por qué las respuestas policiales pueden resultar más severas que las que suelen generar controversia en Argentina.

El politólogo también vinculó esa tendencia con la situación política local. Al referirse a la represión de la marcha universitaria frente al Congreso argentino, consideró posible que el Gobierno esté observando los acontecimientos internacionales y adaptando su respuesta a ese contexto.

La violencia represiva hoy va a ser cada vez más frecuente", advirtió.