Tiene 33 años, una medalla de oro de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba y una definición que funciona como declaración de principios: quiere ser intendente de la ciudad de Córdoba. No lo presenta como una aspiración para completar un currículum político, sino como parte de una construcción que, asegura, comenzó hace años y no depende de los acuerdos entre dirigentes. «No hay ningún padrino», resume.
Abogado, emprendedor cultural y militante político, Guillermo Robles se mueve entre tres ámbitos que busca conectar: la sociedad civil, la producción cultural y la construcción de una alternativa electoral. Creó Pulqui Industria Cultural, un espacio cultural en barrio Alberdi, y GESTA (Generación Emprendedora para el Salto Transformador Argentino), su propio armado político. A nivel nacional, integra Soberanos, el movimiento fundado por Gastón Douek que propone una agenda centrada en el desarrollo industrial, la producción nacional y la soberanía.
Su participación en Generación 2030, el ciclo de entrevistas de Punto a Punto dedicado a los dirigentes que buscan protagonismo en la política del futuro, dejó una definición que ordena buena parte de su discurso: Robles pretende construir una opción «auténticamente cordobesa» para la capital provincial, pero también cuestiona las estructuras partidarias que, a su entender, condicionan la renovación generacional.
Una alternativa sin padrinos y contra la política de los acuerdos
GESTA comenzó a tomar forma en 2024, aunque Robles ubica sus orígenes en una inquietud política anterior. La apuesta es de largo plazo: construir un espacio capaz de disputar la conducción del país dentro de 10 o 15 años, con una Argentina industrializada y desarrollada como horizonte.

En esa construcción, dice, no hay una exigencia de pertenencia partidaria. «Mientras tengan ganas de transformar Córdoba y la Argentina y tengan ganas de hacer cosas, a nosotros no nos importa si vienen de un origen radical, peronista, socialista», plantea.
Robles acepta que esa posición dificulta su clasificación ideológica. Según cuenta, algunos lo consideran libertario y otros, peronista. Lejos de incomodarlo, interpreta esas etiquetas cruzadas como una señal de que está buscando una ubicación diferente de las identidades tradicionales.
"Significa que estamos haciendo las cosas bien, que vamos por el centro, que es lo que nosotros nos hemos propuesto hacer", sostiene. Se define como cordobesista, aunque aclara que su identidad política es, ante todo, nacional: cuestiona una concepción del cordobesismo que, según su mirada, puede derivar en un aislamiento de la provincia respecto de un proyecto de país.
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El discurso también tiene un destinatario concreto: los jóvenes que no encuentran representación en los partidos existentes. Robles considera que buena parte de las disputas internas del peronismo, el radicalismo y el PRO responden a crisis de identidad y de conducción que su generación heredó, pero que no necesariamente debe reproducir.
"Estamos siendo funcionales a intereses que no son nuestros", advierte. Entre ellos identifica la voluntad de perpetuarse en el poder y la dependencia de estructuras que obligan a negociar espacios antes de discutir proyectos.
Su alternativa, afirma, es construir una organización propia. "Nosotros pensamos todo lo contrario y creemos que el camino más rápido, más eficiente y mejor es hacerlo nosotros, ir con nuestras ideas, sin padrinos".
El objetivo municipal y la crítica a los dirigentes que llegan de afuera
La aspiración de gobernar Córdoba capital aparece como el primer desafío electoral de esa construcción. Robles cuestiona que la ciudad haya tenido intendentes que no nacieron en la capital y sostiene que la máxima autoridad municipal debería surgir de una representación genuinamente local, antes que de acuerdos entre dirigentes.
"Yo estoy laburando mucho para ser el próximo intendente de los cordobeses y las cordobesas", afirma durante la entrevista. Su argumento no se limita al lugar de nacimiento. Para Robles, la conducción municipal requiere un vínculo directo con la ciudad y sus habitantes, que no puede quedar subordinado a una negociación entre estructuras políticas.
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En paralelo, cuestiona el funcionamiento del Concejo Deliberante y reclama una agenda legislativa más enfocada en los problemas cotidianos. A su entender, el cuerpo dedica demasiado espacio a las declaraciones de interés y no produce las ordenanzas que la ciudad necesita. "Lo que quiero es que los cordobeses tengan una opción auténticamente cordobesa de su ciudad y que no sea fruto de una especulación política", explica.
La crítica se extiende a la gestión municipal. Robles dice tener un buen concepto personal de Daniel Passerini, pero considera que el intendente quedó atrapado en el aparato político que contribuyó a construir. El resultado, según su evaluación, es una ciudad que ve "abandonada", "sucia" y "sin gestión".
La distancia entre la valoración personal y la crítica política es parte de su planteo: no presenta el problema como una cuestión de relaciones individuales, sino como una falla de funcionamiento del sistema de gobierno.
Los mejores promedios para el Estado
Uno de los ejes que Robles busca instalar es la incorporación de los mejores promedios universitarios a funciones relevantes de la administración pública. La propuesta parte de una crítica a los criterios con los que, según su diagnóstico, se distribuyen los cargos estatales.
"No intentamos buscar a los mejores. Intentamos buscar a los que nos digan que sí", cuestiona, en referencia a los acuerdos políticos que condicionan la conformación de los equipos de gestión.
Su planteo es que el Estado aproveche el conocimiento y la preparación de profesionales con capacidad para intervenir en áreas estratégicas. No restringe la idea a una carrera universitaria específica ni a la Universidad Nacional de Córdoba: propone poner en discusión cómo se selecciona a quienes ocupan funciones públicas, desde los niveles operativos hasta la conducción municipal.
La formación académica, sin embargo, no es suficiente para construir un dirigente. Cuando describe su modelo de político ideal, Robles enumera la iniciativa para hacer, la capacidad de liderazgo, la inteligencia política basada en datos y evidencia, la persistencia y el temple.
Su propia trayectoria académica forma parte de esa argumentación. Además de su formación como abogado, realizó una maestría en políticas públicas porque considera que la vocación política debe estar acompañada por herramientas para interpretar la realidad. "Si no entendemos de los datos que tenemos al frente, eso es chamanismo, es esotérico", afirma.
Robles sostiene que los gobiernos no supieron incorporar a las organizaciones sociales que ya trabajan sobre problemas concretos. Recuerda que Juntando Sonrisas no consiguió respuestas de distintas administraciones municipales y provinciales, aunque aclara que no interpreta esa falta de atención como una decisión deliberada de perjudicarlos.
Soberanos y la construcción nacional
La apuesta local tiene una dimensión nacional a través de Soberanos, el movimiento al que se incorporó y que fue presentado en Córdoba el 19 de septiembre en Pulqui. La organización, fundada por Gastón Douek el 25 de mayo de 2026, reúne entre sus referentes a Javier "el Profe" Romero, Mayra Arena y José Viñuela.
El espacio propone una agenda de desarrollo industrial, producción nacional y soberanía, con la intención de construir una organización política que pueda competir electoralmente en 2027. Entre sus objetivos declarados figura alcanzar los 100.000 integrantes.
En ese marco, Robles busca articular su proyecto cordobés con una propuesta nacional, aunque mantiene a GESTA como su espacio local. La idea es que la identidad provincial no se convierta en una frontera, sino en el punto de partida de una discusión más amplia sobre el modelo de país.
La construcción electoral todavía tiene desafíos por delante. Robles está trabajando en el armado de un partido distrital y la fecha de las próximas elecciones municipales de Córdoba no está definida. Su objetivo de llegar a la intendencia convive, por lo tanto, con una organización que aún debe consolidarse y encontrar su lugar en un escenario político atravesado por estructuras partidarias ya establecidas.
A los 33 años, Robles quiere instalarse en esa discusión con una combinación de formación académica, militancia social y discurso de renovación. Su apuesta es que una generación que, según sostiene, quedó atrapada en disputas heredadas pueda construir una alternativa propia.