MERCADO GRANARIO

La suba del petróleo redefine el agro: la soja gana atractivo y le mete presión al maíz

La guerra en Medio Oriente, la suba del petróleo y el encarecimiento de los fertilizantes reordenan el mercado global de granos. Un análisis de la Universidad Austral advierte que la soja gana atractivo frente al maíz por menores costos relativos, nuevas reglas de biocombustibles en Estados Unidos y expectativas de mayor demanda china.

Petroleo Foto: CeDoc

La combinación de guerra en Medio Oriente, suba de costos energéticos, nuevas reglas para biocombustibles en Estados Unidos y expectativas de una reactivación comercial entre Washington y Beijing está cambiando la lógica del mercado de granos. Según un análisis de Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, el nuevo escenario favorece a la soja, presiona sobre el maíz y empieza a reconfigurar decisiones de siembra a escala global. 

La soja volvió al centro de la escena internacional y no sólo por una cuestión climática o comercial. Esta vez, el impulso llega por una combinación más amplia: energía más cara, fertilizantes en fuerte suba, señales políticas desde Estados Unidos y tensiones geopolíticas que alteran los costos de producción y la ecuación de rentabilidad entre cultivos.

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Ese es el cuadro que traza un informe de la Universidad Austral, que ubica a la soja como uno de los principales activos beneficiados por la actual coyuntura global. El análisis sostiene que el conflicto en Medio Oriente elevó el costo de la energía y de los fertilizantes, mientras que la posibilidad de extender el acuerdo comercial entre Estados Unidos y China en mayo suma expectativas de mayor demanda. A eso se agregan nuevas normas de biocombustibles en Estados Unidos, interpretadas por el mercado como alcistas para la oleaginosa.

La clave pasa por entender cómo se conectan esos factores. Cuando sube el petróleo, se encarecen los combustibles y una parte importante de los insumos productivos. Cuando además aumentan los fertilizantes, los cultivos más demandantes de inversión pierden atractivo relativo. Y cuando, al mismo tiempo, aparecen señales de mayor consumo de aceite vegetal para biocombustibles, la soja gana respaldo por el lado de la demanda.

En el documento, Dante Romano resume ese cambio de incentivos con una frase que condensa la nueva lógica de mercado: “Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están empujando a los productores a volcarse hacia la soja, que requiere menor inversión relativa”.

La magnitud del shock de costos no es menor. El reporte señala subas de hasta 40% en fertilizantes nitrogenados, un avance de 7% en la urea FOB Medio Oriente y restricciones de Rusia sobre las exportaciones de nitrato de amonio hasta el 21 de abril. En paralelo, el Brent sube 5% en la última semana hasta USD 114,5, con el etanol avanzando 2% y el biodiesel casi 5%. Según Romano, “todo esto genera una presión alcista indirecta sobre los granos, porque incrementa los costos de producción y condiciona las decisiones de siembra”.

La soja gana terreno frente al maíz en la nueva cuenta global

El reordenamiento no se limita a un movimiento de precios de corto plazo. El informe plantea que los productores norteamericanos están a las puertas de una campaña en la que podría producirse un cambio importante de superficie sembrada. Aunque el 31 de marzo el USDA publicará su reporte oficial de intención de siembra, la Universidad Austral advierte que esos datos podrían no reflejar por completo el impacto más reciente del encarecimiento de los fertilizantes.

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La relación es bastante directa. El maíz suele requerir una inversión más elevada en fertilización, por lo que un salto abrupto en el precio de los nitrogenados modifica la rentabilidad esperada y mejora la posición relativa de la soja. De acuerdo con Romano, la expectativa de una recomposición en la relación comercial entre Estados Unidos y China refuerza todavía más ese incentivo: “Si a esto le sumamos la expectativa de una recomposición en la relación comercial entre EE.UU. y China, el incentivo para sembrar soja es aún mayor”.

La demanda potencial también suma otro pilar. El informe destaca la reciente promulgación de normas de biocombustibles en Estados Unidos, que fijan objetivos récord de mezcla por más de 26 mil millones de galones para 2026, por encima de los 24 mil millones inicialmente propuestos. El mercado interpreta que el corte efectivo será superior al esperado, lo que fortalece la demanda de aceite de soja y agrega un sostén estructural para el cultivo.

Con ese trasfondo, el mercado espera que la superficie sembrada con soja en Estados Unidos aumente en al menos 1,5 millones de hectáreas, aunque el análisis abre la puerta a una suba incluso mayor. El fenómeno, además, no estaría limitado a Estados Unidos. La Universidad Austral observa una posible migración adicional de área desde cereales hacia oleaginosas también en Europa.

En la vereda opuesta, el maíz enfrenta un panorama más complejo en el hemisferio norte. El impacto de los fertilizantes podría recortar en más de 2 millones de hectáreas la superficie sembrada con ese cultivo. Es una señal relevante porque muestra que el shock no sólo afecta precios: también empieza a alterar la oferta futura.

En trigo, el panorama tampoco luce holgado ya que se proyecta una menor producción global, con Estados Unidos encaminado a registrar su menor superficie de trigo de primavera desde la década del ’70 y con la Unión Europea estimando una caída de 8 millones de toneladas en la campaña 2026/27. Romano lo resume así: “El trigo también está sintiendo el impacto de los fertilizantes, lo que limita la intención de siembra y ajusta la oferta esperada”.

Argentina: buena cosecha, pero precios cruzados y señales distintas por cultivo

Para la Argentina, el escenario combina una mejora productiva con un mercado internacional cada vez más condicionado por la energía y por la política comercial. En soja, el informe señala que Brasil alcanzaría una producción récord de 184,7 millones de toneladas, mientras que la Bolsa de Cereales mantiene en 48,5 millones de toneladas su estimación para la Argentina, con mejoras en la condición de los cultivos. Sin embargo, la generalización de la cosecha podría generar presión bajista sobre los precios en el corto plazo.

Ese es uno de los matices centrales dado que, aunque la soja aparece respaldada por una combinación potente de demanda potencial firme, políticas públicas favorables y menores costos relativos frente a otros cultivos, la cosecha masiva suele actuar como un factor de presión estacional. Romano lo plantea de forma explícita: “Hay una combinación de factores muy potente: demanda potencial firme, políticas públicas favorables y costos relativos más bajos frente a otros cultivos”.

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En maíz, la situación argentina es distinta. La cosecha avanza a buen ritmo, con un progreso del 16,5% y rindes promedio de 84,8 qq/ha, muy por encima de los del año pasado. La producción se mantiene proyectada en 57 millones de toneladas y los embarques alcanzan un récord de 2,97 millones de toneladas. Es decir, mientras en el hemisferio norte el maíz enfrenta un deterioro de incentivos de siembra, en la Argentina la campaña muestra un desempeño sólido.

Aun así, la dinámica de precios no es lineal. El avance de la cosecha de maíz es intermitente por lluvias, mientras que la soja, más sensible al clima, concentrará la atención de los productores en las próximas semanas. En ese cruce de factores, los tiempos de comercialización y embarque pueden pesar tanto como la foto de producción. “Cuando la cosecha de soja se generaliza, suele haber presión sobre sus precios, mientras que el maíz puede afirmarse si los embarques se ven demorados”, concluye Romano.

El mercado local del trigo también exhibe cierta firmeza, con precios que rondan los USD 185 por tonelada en disponible y USD 220 para diciembre, aunque el informe advierte que todavía queda un volumen importante sin precio fijado y una elevada proporción de trigo de calidad forrajera.

En paralelo, aparecen estímulos domésticos para la demanda de granos vinculados al frente energético. El informe menciona la ampliación del corte de biodiésel en gasoil del 7% al 20% y el aumento del bioetanol en naftas hasta el 15%, medidas que aportan un soporte adicional para el consumo interno.

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