ECONOMISTA DE LA SEMANA

Las perspectivas de una recesión prolongada

Convertibilidad. Domingo Cavallo y Luis Caputo, dueños de dos modelos similares. Foto: cedoc

Los modelos de tipo de cambio bajo como el que vivimos actualmente o como vivimos durante la convertibilidad suelen arrojar datos muy dispares que dificultan su entendimiento. Tenemos datos de récord de venta de vehículos automotores y electrodomésticos, rebote del mercado inmobiliario, una gran cantidad de argentinos viajando en el exterior y ahorrando en dólares, demostrando de ese modo que los niveles de consumo privado están en un grado muy elevado.

Por otro lado, los datos de producción industrial y de empleo tienen una tendencia muy negativa, la construcción está en una situación muy delicada, la actividad no repunta salvo en algunos sectores puntuales como la intermediación financiera y los sectores exportadores. Esto, no obstante, no conlleva un rechazo al Gobierno porque en octubre del año pasado se vio una importante victoria electoral durante las legislativas de medio término. 

El crecimiento de 2025 destruyó empleo registrado, incluso en sectores favorecidos

A su vez, el crecimiento económico de 2025 destruyó empleo registrado, tanto en el sector público como en el sector privado, tanto en los sectores ganadores como en los perdedores. El Gobierno prevé que este año 2026 también habrá crecimiento económico, pero ¿es posible que se acompañe con otra caída del empleo registrado? Esta situación ya se vivió durante la convertibilidad: mientras se tenía un crecimiento importante entre 1991 y 1998, el desempleo aumentaba, desafiando los manuales de macroeconomía.

Lo más fácil para explicar esta situación es referirse al tipo de cambio bajo: cuando se tiene un dólar barato, todo lo que es importado o tiene muchos componentes importados se hace más barato: electrodomésticos, vehículos, departamentos y propiedades en general. Lo mismo pasa con los alimentos: al ser bienes exportables, los modelos de tipo de cambio bajo tienden a reducir los niveles de pobreza y de indigencia, dado el peso que tienen los alimentos en las canastas que definen los umbrales. Por lo tanto, la pobreza suele caer durante los períodos de apreciación cambiaria.

Al revés, ese abaratamiento de los bienes viene acompañado de un encarecimiento de los servicios y en general todo lo que es no transable, que se beneficia de una protección por su propia naturaleza. Nadie le puede escapar al peluquero del barrio o a las tarifas de servicios públicos.

La consecuencia de estos modelos es que pueden generar un crecimiento muy rápido cuyos frutos son muy desigualmente repartidos: mientras el que tiene un salario con convenio colectivo de trabajo podrá beneficiarse de todo lo bueno del modelo (bienes y servicios importados baratos), los demás suelen sufrir la falta de competitividad ante la falta de políticas productivas. El trabajo empieza a ser el problema más relevante, mayor incluso que el de la inflación. En consecuencia, se termina generando una sociedad dual.

Obviamente, estos modelos económicos tienen como talón de Aquiles las inconsistencias en el sector externo, que no puede ser compensado por ningún esfuerzo fiscal. El peso de las importaciones sobre la balanza comercial dificulta la acumulación de reservas internacionales, lo que su vez condiciona los pagos de deuda y hace incrementar el riesgo país. La fragilidad ante cualquier evento internacional, como fue la crisis del Tequila de 1995 o la devaluación brasileña de 1999, hace tambalear el modelo. La actual situación internacional merece que estemos atentos ante escenarios que dificulten el financiamiento del actual modelo económico. La creciente tensión que genera el propio gobierno de Estados Unidos con competidores como China, pero también con sus aliados europeos, puede golpear fuertemente las previsiones optimistas del Gobierno.

Este esquema de deflación por costos es similar al agotado modelo de convertibilidad

El Ejecutivo rechaza la devaluación como solución a sus problemas porque esto generaría más inflación y menor actividad. Lo que propone es una reducción de costos nominales mediante la reforma laboral y la reducción de impuestos y contribuciones patronales, para que la economía logre recuperar competitividad. El desafío es lograr una reducción de precios rápida e importante, caso contrario nos encontraremos rápidamente en una situación donde se conjuguen empeoramiento de la situación laboral y recesión aguda. 

Esos esquemas de deflación por costos son similares a los que se habían adoptado a fines de los años noventa, con el modelo de convertibilidad agotado, y que terminaron en la tragedia social que todos conocemos. Lamentablemente, esto tampoco es nuevo ni es exclusivamente argentino: es el viejo debate que enfrentó a Keynes y Hayek frente a la crisis de los años 30. Sabemos quién ganó esa contienda, pero sin necesidad de ir a la teoría, solo debemos mencionar que nadie pudo observar una caída de precios del 10% anual en la historia económica moderna. Habrá que pensar en alternativas distintas a las que propone el Gobierno, que a todas vistas solo puede llevarnos a profundizar los problemas sociales y productivos del país.