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Entre la estrategia y la sensibilidad: el oficio de Mariela Ivanier

Especialista en escenarios complejos, sostiene que no todas las crisis se ganan y que comunicar también implica asumir responsabilidades. Su enfoque combina estrategia, sensibilidad y una mirada atravesada por el arte.

Mariela Ivanier Foto: Gentileza: Jennifer Haslop

En el Pasaje Rivarola, donde la ciudad parece bajar el ritmo y el murmullo se vuelve más íntimo, Mariela Ivanier encuentra una síntesis de su recorrido. No es casual que haya elegido este rincón emblemático para dar forma a “Colección Rivarola- El local”, su proyecto más reciente: un lugar donde el arte se vuelve experiencia y donde su mirada -construida profesionalmente a lo largo de casi cuatro décadas- adquiere una nueva materialidad.

Fundadora de VERBO y especialista en comunicación estratégica, Ivanier desarrolló su carrera en uno de los terrenos más exigentes del oficio: la gestión de crisis. Un ámbito donde todo estalla de manera abrupta y obliga a intervenir cuando la situación ya está en marcha.

¿Qué define a una crisis hoy?

Según mi experiencia, una crisis es, ante todo, una irrupción. Es un escenario que ya empezó cuando uno llega, cargado de ruido, de tensión y de urgencia. Y lo primero que se necesita, aunque parezca paradójico, es tener claridad para poder comprender qué está pasando realmente.

A lo largo de más de 30 años, fue testigo de transformaciones profundas en la manera en que circula la palabra pública. La expansión de las redes sociales, la multiplicación de canales y la inmediatez cambiaron por completo la forma de interactuar con la sociedad. Sin embargo, para ella, lo esencial permanece: los vínculos auténticos se siguen construyendo sobre la confianza, la credibilidad, el respeto y una idea de verdad que no puede negociarse.

En un contexto de sobreinformación, ¿qué hace efectivo a un mensaje?

No alcanza con decir algo de manera clara. Para que un mensaje funcione, quien lo recibe tiene que sentir que vale la pena escucharlo. Ahí entra en juego la empatía: cuando lográs esa conexión, se construye credibilidad.

En ese escenario atravesado por el exceso de información, Mariela propone un enfoque que pone el acento en la interpretación. Su trabajo consiste en transformar ese caudal desordenado —hechos, percepciones, emociones— en un relato que permita tomar decisiones. No se trata solo de técnica: la intuición es clave para leer lo que no siempre es evidente.

¿Cómo se trabaja, concretamente, en medio de una crisis?

Lo primero es comprender el origen del problema, el punto de partida: cómo se llegó allí, por qué no se pudo prevenir y qué lo desencadenó. A partir de ese diagnóstico, se diseña una estrategia única y adaptada al contexto. No trabajo con soluciones estándar, porque entiendo que cada caso tiene su particularidad. Cuando se trata de crisis, su mirada es directa: no hay margen para la neutralidad ni para procesos excesivamente deliberativos.

¿Se puede “ganar” siempre una crisis?

Hay situaciones que no son defendibles. En esos casos, la comunicación no es para ganar, sino para asumir responsabilidades. Y eso requiere estrategia, tiempo y humildad. En un escenario donde las crisis se amplifican con rapidez —las redes sociales pueden acelerarlas, aunque no necesariamente resolverlas—, mi enfoque propone recuperar cierta pausa porque no todo requiere una respuesta inmediata.

Mariela también desafía la idea tradicional de liderazgo: “El error más común entre quienes lideran es creer que se trata de ocupar un puesto. En realidad, es construir un vínculo sólido con quienes te siguen, donde la autoridad se valida a través de la confianza y la convicción. Cuando no hay conexión real con las personas, el liderazgo se debilita.”

Entre los hitos más significativos de su trayectoria, Ivanier recuerda su trabajo con la AMIA como una experiencia que definió un antes y un después en su carrera: “Sin duda, marcó un punto de inflexión: había que sostener la búsqueda de justicia y, al mismo tiempo, volver a poner a la institución en contacto con la sociedad. Fue un desafío que combinó estrategia, sensibilidad y compromiso”. Para ella, la clave estuvo en abrir la institución: generar acceso, propiciar el contacto directo y volver a instalarla como un actor activo en distintos ámbitos de la vida social.

Si algo atraviesa su forma de trabajar es la convicción de que la realidad admite múltiples lecturas. Su tarea, en ese contexto, consiste en encontrar el punto de vista más adecuado para expresar una posición sin forzarla. Este enfoque se refleja de manera natural en su vínculo con el arte, que no es un interés paralelo, sino una dimensión formativa que ha marcado su mirada y sensibilidad.

¿Qué lugar ocupa el arte en tu vida?

El arte es parte de mi manera de mirar. Me enseñó que no hay dos situaciones iguales, que cada caso tiene su singularidad y que la sensibilidad también es una herramienta de trabajo. Es una forma de salir al mundo a buscar historias, artistas, objetos que quiero tener cerca. Pero también es una manera de compartir y de generar conexión con otros.

¿Ese deseo fue el punto de partida para la creación de “Colección Rivarola - El local”?

Sí, surge directamente de esa idea: entender que el arte puede integrarse a la vida cotidiana. Es una plataforma para difundirlo y compartirlo: un lugar donde galerías, artistas y diversos tipos de proyectos pueden desarrollar sus propuestas con visibilidad y cuidado. Está abierto a distintos formatos e iniciativas que lo elijan como punto de encuentro, con la intención de generar un diálogo permanente con el arte. Busco que cada proyecto encuentre su sitio y conecte con el público, con un acompañamiento integral que abarca desde el montaje y la iluminación hasta la comunicación, para potenciar su impulso creativo.

​​Hay una idea que recorre todo su trabajo, tanto en la comunicación como en el arte: intervenir sobre lo dañado. Reparar, para Ivanier, no es solo corregir, sino también reordenar, resignificar y encontrar una forma posible de avanzar. Esa filosofía se reflejó incluso en “Colección Rivarola- El local”.

Cuando un reloj que había permanecido años sin funcionar en el local volvió a marchar, ella lo interpretó como una señal: decidió abrir el local y convertirlo en un punto de encuentro artístico. En ese gesto —entre estrategia y sensibilidad— se juega, en definitiva, su manera de entender el oficio.