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"Leviticus: Ritual de Sangre" llega a los cines con una historia de terror que expone la homofobia desde lo sobrenatural

El film australiano cuenta la historia de dos jóvenes perseguidos por su orientación sexual en una comunidad religiosa cerrada. A partir de una entidad sobrenatural asociada a rituales de "corrección", la película aborda desde el horror la violencia ejercida sobre las identidades LGBT+.

Leviticus, Ritual de Sangre Foto: Prensa

Hay películas de terror que buscan asustar a fuerza de golpes de efecto y otras que construyen el miedo desde algo mucho más cercano. Leviticus: Ritual de Sangre, la ópera prima del australiano Adrian Chiarella, pertenece a este segundo grupo. A través de una historia de amor adolescente corrompida por lo sobrenatural, la película utiliza el horror para exponer las consecuencias de la homofobia, la represión y ciertos discursos religiosos que todavía pesan sobre parte de la comunidad LGBT+.

Estrenada este jueves 25 de junio en cines, la película propone una pregunta inquietante: ¿Qué pasaría si la persona que más amás también pudiera ser aquello que amenaza con destruirte? En el universo de Leviticus, esa contradicción se vuelve literal cuando una entidad maligna comienza a adoptar la forma de la persona más deseada por sus víctimas. 

Aunque su punto de partida remite al cine de terror sobrenatural, el film se aleja rápido de las fórmulas más tradicionales del género. Hay pocas escenas de violencia explícita y casi no recurre a los jumpscares. En cambio, apuesta por un horror más psicológico, construido desde la incertidumbre, la culpa y la sensación permanente de peligro. 

Pero lo más interesante del relato aparece en la forma en que utiliza lo sobrenatural para hablar de una problemática muy real. Sin caer en la reconstrucción de persecuciones del pasado, Chiarella sitúa la historia en una época contemporánea donde todavía existen sectores que rechazan, niegan o intentan “corregir” las identidades LGBT+. Allí encuentra su mayor fuerza, al invitar al espectador a atravesar el miedo y la presión que siguen experimentando estas personas, incluso dentro de ámbitos que en teoría deberían ofrecer cuidado y contención.

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De qué trata "Leviticus: Ritual de Sangre"

La historia sigue a Naim, interpretado por Joe Bird, y Ryan, encarnado por Stacey Klausen, dos adolescentes que viven en una pequeña comunidad religiosa de Australia. Ambos están enamorados, pero mantienen su relación en secreto debido al rechazo que despierta la homosexualidad en el entorno donde crecieron. 

La situación cambia por completo cuando su vínculo sale a la luz y ambos son sometidos a un ritual religioso que busca "corregir" aquello que la comunidad considera una desviación. Sin embargo, lo que parecía ser un exorcismo termina desatando una entidad sobrenatural que comienza a perseguirlos sin descanso.

"Nunca se detendrá", advierte la sinopsis sobre esa presencia maligna. El detalle que vuelve especialmente perturbadora a la criatura es que adopta la apariencia de la persona que cada víctima más desea. Para Naim, el monstruo tiene el rostro de Ryan; para Ryan, el de Naim. 

La idea convierte cada encuentro entre ambos en una experiencia cargada de incertidumbre. Nunca saben si realmente están frente a la persona que aman o frente a la entidad que intenta destruirlos. Esa imposibilidad de confiar entre ellos se convierte en el motor emocional de toda la película.

Naim y Ryan intentan sostener un vínculo en una comunidad donde su deseo se vuelve motivo de persecución.

Más que construir un relato sobre una amenaza sobrenatural, Chiarella transforma el monstruo en una metáfora del miedo que muchas personas LGBT+ experimentan cuando su propia identidad es señalada como algo prohibido o “monstruoso”. La criatura representa la culpa, la vergüenza y la persecución que nacen de un entorno homofóbico que convierte justamente ese deseo en pecado.

Lejos de estereotipos tanto del cine de terror como de ciertos relatos sobre diversidad, el director evita convertir a sus personajes en vehículos de un discurso cerrado. Naim y Ryan son dos adolescentes enamorados que simplemente intentan vivir su primer amor mientras el mundo que los rodea les dice que aquello que sienten merece ser castigado.

La puesta en escena también acompaña esa construcción. La fotografía de Tyson Perkins contrapone la calidez y luminancia de los momentos íntimos entre los protagonistas con espacios religiosos fríos, grises y opresivos, mientras que el diseño sonoro utiliza silencios prolongados y estallidos puntuales para construir una sensación permanente de amenaza. El resultado es un terror mucho más psicológico que físico.

Con apenas 88 minutos, Leviticus: Ritual de Sangre consigue sostener una atmósfera asfixiante sin depender de una sucesión excesiva de sobresaltos. La mayor parte del miedo surge precisamente de aquello que no se ve, de la incertidumbre y de la posibilidad de que cualquier momento de afecto pueda convertirse, en cuestión de segundos, en una trampa mortal.

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El terror como código secreto de las personas queer

La película representa el debut como director de largometrajes de Adrian Chiarella, quien explicó que el proyecto nació de su interés por utilizar el terror para hablar de experiencias reales. "Siento que, durante muchísimo tiempo, el género del horror ha funcionado como una especie de código secreto entre personas queer. Nos atraen tanto las películas de horror porque no solo vemos a los héroes siendo aterrorizados por monstruos, sino porque también existe esa sensación de lo que significa ser el monstruo. Lo que significa ser demonizado y empujado hacia los márgenes de la sociedad", sostuvo.

El realizador contó que la inspiración surgió después de leer testimonios sobre terapias de conversión en distintas partes del mundo. "Pensé: eso, por sí mismo, ya suena como una película de horror. Pero si realmente iba a hacerlo, necesitaba preguntarme cuál era el monstruo. ¿Qué monstruo encapsula este miedo? (...) Llegué a la idea de un monstruo que toma la forma de la persona que más deseas. Supe que había algo poderoso ahí porque hablaba directamente del miedo de los personajes, pero también me permitía explorar una relación muy complicada".

Chiarella también explicó que buscó recuperar una tradición histórica del cine de género vinculada a autores queer. "Gran parte de la razón por la que hice esta película es porque existen muchísimos narradores queer en la historia -personas como Mary Shelley o James Whale- que han utilizado el género como una especie de código para hablar sobre la experiencia queer. Yo quería hacer esta película para recuperar parte de ese espacio".

Joe Bird, joven protagonista de "Háblame" (2022), interpreta a Naim en "Leviticus: Ritual de Sangre" (2026).

La producción está a cargo de Causeway Films, el mismo estudio detrás de títulos como El Babadook, una referencia inevitable cuando se habla del nuevo cine de género australiano. En este caso, el proyecto se aleja de la estructura clásica del susto para construir una narrativa más contenida, donde el miedo se sostiene en la tensión emocional más que en la aparición del monstruo.

Bird y Klausen encabezan el reparto junto a Mia Wasikowska, recordada mundialmente por interpretar a Alicia en la versión de Alicia en el País de las Maravillas dirigida por Tim Burton. La actriz australiana interpreta a la madre de uno de los protagonistas, un personaje atravesado por la fe y la necesidad de sostener el orden dentro de la comunidad. Su presencia introduce otra capa de conflicto, vinculada a la manera en que las estructuras familiares pueden también volverse parte del sistema de control opresivo.