Un informe global confirma el presagio geopolítico del papa Francisco: de Crimea a la "tercera guerra mundial en pedazos"
A un año de su muerte, la visión del pontífice argentino se refleja en los datos del Instituto por la Economía y la Paz, que, con la guerra contra Irán, registró el mayor nivel de conflictos activos desde la Segunda Guerra Mundial y una fragmentación global inédita.
Corría el año 2014 cuando el papa Francisco vaticinó lo que luego confirmaría la historia: que el orden global estaba entrando en una transición. Y como toda disrupción, implicaría una escalada bélica con riesgo de tornarse global. "Estamos viviendo una tercera guerra mundial en pedazos", sentenció Francisco desde el Vaticano tras regresar de Corea del Sur, meses después de que ocurriera uno de los eventos que marcarían el quiebre geopolítico del siglo XXI: la anexión de Crimea.
A un año de su fallecimiento, aquel escenario bélico que el sumo pontífice argentino señalaba como síntomas de un sistema en crisis se expandió, consolidando un escenario global atravesado por guerras simultáneas con actores múltiples, tensión nuclear, el uso de la guerra como mecanismo de resolución de conflictos y un orden internacional cada vez más fragmentado.
El presagio geopolítico del "Papa del fin del mundo", el apodo que adoptó en su discurso inaugural de marzo de 2013, fue adquiriendo distintos matices a lo largo de los años. Francisco lo formuló por primera vez en 2014, no como una metáfora, sino una lectura del momento: la anexión de la península de Crimea por parte de Rusia, la expansión del Estado Islámico en Medio Oriente y la proliferación de conflictos en África configuraban, ya por entonces, un escenario de guerras simultáneas que desbordaba los marcos tradicionales y se acercaba al nivel de conflictividad previo a las catastróficas conflagraciones mundiales del siglo XX que sentaron las bases del derecho internacional.
El papa Francisco se consolidó como un líder político e interreligioso
La coincidencia de un informe global con el diagnóstico de Francisco
Doce años después, los datos acompañan ese diagnóstico. El último informe del Instituto para la Economía y la Paz, el reconocido tanque de ideas con sede en Sídney y que ostenta el título de ser el único que evalúa el estado de la paz en el mundo, confirma un deterioro sostenido en los niveles de paz global desde 2014 y ubica al mundo en su punto más crítico en más de una década.
Según el documento al que accedió PERFIL, el índice cayó por noveno año consecutivo y en la actualidad hay 59 conflictos activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, con el agravamiento del índice a partir de la escalada en Medio Oriente. Solo en el último año, la violencia dejó más de 150.000 muertes vinculadas a conflictos, mientras que el impacto económico global de la violencia alcanzó los 19 mil millones de dólares, equivalente a cerca del 13% del PBI mundial.
Lejos de tratarse de guerras aisladas, el informe advierte que los conflictos actuales son cada vez más internacionalizados, con múltiples actores estatales y no estatales involucrados en una misma dinámica de escalada. En ese marco, define el escenario global como una etapa de "gran fragmentación", caracterizada por la competencia entre potencias, el debilitamiento del multilateralismo y la superposición de crisis.
El "Francisco II" que no fue: cómo León XIV desconcertó a todos en el Vaticano
Irán, Ucrania, Gaza y Sudán: los conflictos que tensaron el índice de paz global
En ese mapa, el último año sumó nuevas capas de inestabilidad. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán —con impacto directo en las cadenas de valor globales con el cierre del estrecho de Ormuz— reconfiguró los equilibrios en Medio Oriente y el rol de las potencias globales, llevando al sistema internacional al límite.
A la vez, conflictos como la guerra en Ucrania y la devastación de la Franja de Gaza se consolidaron como guerras de desgaste, sin resolución a la vista, mientras nuevas tensiones emergen en regiones con capacidad nuclear como el sur de Asia.
Ninguno de los conflictos que marcaron la agenda global en los últimos años fue ajeno al papa argentino. Ucrania, Gaza, Sudán, Siria, Yemen, Myanmar: todos formaban parte de ese mapa fragmentado que describía como un "ciclo de guerra" permanente. En ese entramado, las cifras son elocuentes: millones de desplazados, crisis humanitarias superpuestas y guerras donde participan múltiples actores que no encuentran salida.
La guerra en Ucrania, iniciada tras la invasión rusa en 2022, se mantiene como un conflicto de desgaste con altísimos costos humanos y territoriales. La guerra de Israel en Gaza dejó decenas de miles de muertos, una devastación total del territorio palestino y denuncias de crímenes de guerra y de lesa humanidad (incluido el genocidio), con la población civil atrapada en una crisis humanitaria extrema. En paralelo, la guerra civil en Sudán se consolidó como una de las peores tragedias actuales, con millones de desplazados y niveles críticos de inseguridad alimentaria.
Francisco realizó 47 viajes internacionales y visitó más de 60 países, según datos del Vaticano
Pero hay otro dato que refuerza el diagnóstico de Francisco: las guerras no solo se multiplican, también se vuelven más difíciles de terminar. Según el informe, menos del 10% de los conflictos concluyen en una victoria clara, mientras que apenas un 4% se resuelven mediante acuerdos de paz negociados, lo que consolida una lógica de enfrentamientos prolongados y de desgaste.
La diplomacia papal de Francisco
Más que un líder interreligioso, Francisco operó como una voz política global que buscó interpelar a las grandes potencias desde una lógica contracíclica: diálogo en lugar de escalada, multilateralismo frente a unilateralismo y Justicia internacional como alternativa a la guerra. "Ha llegado el tiempo para decir seriamente 'no' a la guerra", planteó en 2023 ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en una intervención inusual para la Santa Sede.
Su diagnóstico fue aún más lejos: "Toda guerra es un fracaso de la política y de la humanidad", tal como sostuvo en 2022. No se trataba solo de una definición moral, sino de una lectura sobre el funcionamiento del sistema internacional, donde los mecanismos de contención (desde la diplomacia hasta los organismos multilaterales) muestran cada vez más límites frente a la escalada de conflictos, el uso de la fuerza para adquirir territorio y los ataques contra poblaciones civiles.
Qué decía sobre su muerte el Papa Francisco en su autobiografía
A lo largo del último siglo, distintos pontífices tuvieron incidencia en la política global, aunque en contextos muy distintos. Juan Pablo II fue un actor clave en el final de la Guerra Fría, mientras que Pablo VI instaló en la ONU el llamado a la paz en plena lógica de bloques. Más tarde, Benedicto XVI centró su papado en el plano doctrinal y cultural.
Francisco, en cambio, combinó ese legado con una lectura propia del escenario internacional, al definir un mundo atravesado por conflictos simultáneos. Esta visión se tradujo en los destinos que eligió para sus viajes. De Irak a África subsahariana, pasando por Medio Oriente y Asia, priorizó visitar territorios atravesados por guerras, crisis humanitarias y conflictos con raíces ideológicas y religiosas.
Su sucesor, León XIV, heredó el escenario de fragmentación que supo leer Francisco y que derivo en un sistema aún más inestable y con liderazgos mundiales, como el presidente estadounidense Donald Trump, que ponen en juego la autoridad moral del Vaticano como promotor de la paz.
El sepulcro del papa Francisco en el Vaticano
A un año de su muerte, la figura de Francisco sigue resonando en medio de los desafíos globales más acuciantes, desde el cambio climático hasta la disrupción tecnológica a manos de la inteligencia artificial. "La guerra es absurda, desarmemos la Tierra", repitió Jorge Bergoglio hasta su fallecimiento el 21 de abril de 2025 a los 88 años.
En su último mensaje con motivo de la tradicional bendición "urbi et orbi" (A la ciudad de Roma y al mundo), la víspera de su muerte, el pontífice argentino denunció "la dramática e indigna crisis humanitaria" en Gaza, donó su papamóvil a los palestinos (que nunca llegó a destino) y pidió un cese el fuego permanente. Pero también tuvo palabras para la situación en Yemen, en la "martirizada Ucrania" y en República Democrática del Congo, entre otros países.
ML
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