“manifiesto de la resistencia” frente a Trump

Europa, jaqueada, debate si será el contrapoder global

Nuevo orden mundial. El discurso de Carney (a la derecha) generó un agrio debate en la dirigencia de la Unión Europea. Foto: afp

El Foro Económico Mundial de Davos 2026 dejó de ser una pasarela de optimismo globalista para transformarse en el escenario de una cruda realidad: el orden internacional, tal como lo conocíamos, está desapareciendo.

En una Europa que se debate entre la irrelevancia y la refundación frente a la administración de Donald Trump, las declaraciones del primer ministro de Canadá, Mark Carney, y las urgencias planteadas por el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, sacudió el escenario internacional.

El discurso del jueves de Mark Carney fue calificado de inmediato como un “manifiesto de la resistencia”. El primer ministro canadiense no utilizó eufemismos para describir el estado del mundo. Según Carney, no estamos ante una transición, sino ante una “ruptura total” de los 80 años de estabilidad que siguieron a 1945.

“La realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”, lanzó en directa referencia a Trump y a Vladimir Putin, sin nombrarlos.

“Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados. El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”, remarcó Carney.

El premier canadiense, apelando a la honestidad brutal frente al avance de las políticas transaccionales de Washington, afirmó que “en un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía”.

Para Carney, la noción de que países como Canadá o las naciones europeas son satélites de la voluntad estadounidense llegó a su fin. El mensaje fue una bofetada a la complacencia: “Canadá no vive gracias a Estados Unidos; Canadá es próspera porque somos canadienses”, le respondió a Trump que lo trató despectivamente.

Al proponer que las “potencias medias” se unan para formar un contrapoder real, Carney lanzó una advertencia que resonó en cada rincón de Davos: “En el orden actual, o estás sentado a la mesa, o estás en el menú”. Su llamado a la “autonomía estratégica” en energía, alimentos y defensa es hoy la única vía para evitar que la soberanía sea intercambiada por favores arancelarios.

Zelenski y el “caleidoscopio fragmentado”. Si Carney aportó la visión estratégica, Volodímir Zelenski inyectó la urgencia del frente de batalla. En una intervención cargada de reproches, el líder ucraniano cuestionó la capacidad de Europa para protegerse a sí misma, y mucho menos para actuar como un polo de poder global.

Zelenski fue mordaz al calificar a Europa no como una superpotencia, sino como un “caleidoscopio de poderes medios fragmentados”. 

Zelenski definió como un “chiste” el envío de apenas 40 soldados europeos a Groenlandia frente a las pretensiones de Trump. “¿Qué mensaje creen que envían a Rusia o China con esa debilidad?”, afirmó.

Acusó a muchos líderes continentales de “ser de Europa, pero no trabajar para Europa”, perdiendo el tiempo en discursos mientras la infraestructura crítica sigue siendo vulnerable a componentes extranjeros controlados por rivales.

También trazó un paralelismo inquietante al mencionar la captura de Nicolás Maduro por parte de EE.UU., sugiriendo que mientras Occidente celebra victorias en otros hemisferios, permite que Vladímir Putin siga operando impunemente por la falta de una respuesta europea unificada y potente.

El dilema europeo. El informe de Davos 2026 sitúa a la Unión Europea en un “jaque” dialéctico. Por un lado, la presión de Trump y su “Junta de Paz” amenaza con desmantelar las instituciones multilaterales (incluyendo la ONU). Por el otro, el llamado de Carney a crear un bloque de “potencias medias” que incluya a Canadá, Australia y el Sudeste Asiático para equilibrar el tablero.

La autonomía estratégica  pasó de ser una opción a una necesidad de supervivencia. Si el continente no logra consolidar un mando de defensa unificado y una soberanía económica que no dependa de los caprichos de la Casa Blanca, el “caleidoscopio” se romperá definitivamente.

La pregunta que queda flotando es si Europa aceptará el desafío de liderar este nuevo contrapoder basado en la “verdad” y la resistencia, o si seguirá refugiándose en una diplomacia de palabras que, como advirtió Zelenski, ya no detiene misiles ni aranceles.