Israel y el Líbano sellaron un pacto de paz inédito para desplazar a Hezbollah de la frontera
Con la mediación de Estados Unidos, ambos países firmaron un plan que "reordena el sur". Las tropas de Benjamin Netanyahu abandonarán dos zonas clave para aislar a los terroristas respaldados por Irán.
Un apretón de manos en Washington busca reescribir el mapa de Medio Oriente. Tras varios días de intensas negociaciones, Israel y el gobierno del Líbano firmaron un acuerdo inédito para intentar establecer una paz duradera. El pacto, bancado de principio a fin por Estados Unidos, tiene un objetivo claro y ambicioso: devolverle la frontera a las autoridades oficiales libanesas y barrer del territorio a las milicias terroristas que operan en las sombras.
La cumbre se cerró en los pasillos del Departamento de Estado, con el secretario Marco Rubio como anfitrión principal. Frente a las cámaras, los embajadores Yechiel Leiter, por el lado israelí, y Nada Moawad, en representación de Beirut, pusieron sus firmas en el documento. Rubio celebró la jornada, la calificó como un "primer paso fundamental” y destacó que los constantes bombardeos contra el norte de Israel nunca fueron culpa del pueblo ni del gobierno libanés, sino de un actor externo que usa esa tierra como plataforma de ataque.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció que sus tropas se retirarán de dos sectores específicos en el sur del Líbano: uno al norte del río Litani y otro al sur. Esos territorios pasarán al control exclusivo de las Fuerzas Armadas Libanesas, en lo que funciona como un programa piloto para demostrar que el Estado libanés puede hacerse cargo de su propia seguridad sin intromisiones extremistas.
Sin embargo, la retirada no es total ni ingenua. A través de un video, Netanyahu aclaró que solo están abandonando las posiciones que el ejército "no necesita". De hecho, Israel mantendrá firme su zona de contención original, una franja fronteriza que iguala el alcance de los misiles antitanques. La orden en esa línea es tajante: allí no podrá poner un pie ni la milicia de Hezbolá ni la población civil libanesa.
El gran ausente en la mesa de negociación fue justamente Hezbollah, el grupo paramilitar financiado por Irán que mantiene encendida la guerra en la región. La organización quedó totalmente marginada de estas charlas, un dato no menor si se tiene en cuenta que ya boicoteó y rechazó de plano un intento de acuerdo anterior entre ambos países.
El mensaje diplomático y el control territorial
La estrategia que diseñó el Departamento de Estado norteamericano apunta de lleno a fortalecer la institucionalidad de Beirut. El plan exige acelerar la puesta en marcha de estas "zonas piloto" para que el ejército oficial libanés centralice el uso de la fuerza y desplace por completo a cualquier grupo armado paralelo. Para Washington, aislar a los actores no estatales es la única llave válida para destrabar un cese al fuego integral.
Tras la firma del documento, los diplomáticos dejaron en claro qué victoria se lleva cada uno con esta movida. La embajadora Moawad valoró el pacto como el punto de partida definitivo para recuperar la soberanía y la integridad territorial de su país. Del otro lado, el israelí Leiter fue mucho más frontal y eufórico ante los micrófonos: "Irán está fuera, Hezbolá está fuera, y el camino hacia la paz está abierto".
Este esquema de retiradas tácticas funciona como un fuerte gesto de confianza de Israel hacia el gobierno del Líbano. El desafío ahora será que los papeles firmados en Estados Unidos logren soportar la dura realidad del terreno, donde los civiles del norte israelí siguen esperando garantías reales para poder volver a sus casas sin el temor constante a los cohetes.
TC
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