INFRAESTRUCTURA Y TECNOLOGÍA

La IA reconfigura la disputa entre Estados Unidos y China

Adelanto. Desarrollo de semiconductores, un campo de disputa entre las potencias. Foto: afp

La competencia global entre China y EE.UU. por el liderazgo en inteligencia artificial (IA) suele narrarse como una batalla por el desarrollo de modelos, chips de última generación o inversiones millonarias en Silicon Valley. Un informe reciente del portal Nodal propone correr el foco: la innovación depende de las condiciones materiales que la hacen posible –la energía, la infraestructura y la capacidad estatal para organizarlas a gran escala–.

“La carrera por la IA constituye uno de los elementos centrales de la disputa por imponer un nuevo orden global en la nueva fase del capital”, explicó Lucas Aguilera, director de la investigación, a PERFIL. En ese sentido, advirtió que “quien logre controlar estas innovaciones podrá imponer los tiempos sociales de producción y organizar los nodos estratégicos de las cadenas globales de valor”.

Nuevo factor de poder. Los centros de datos que sostienen la IA requieren niveles de consumo comparables a los de una ciudad mediana, lo que convierte la energía en un factor crítico para el desarrollo tecnológico. 

China concentra el 33,2% de la generación mundial, más del doble que EE.UU., que alcanza el 14,2%. Además, cuenta con una capacidad instalada de 3.200 gw, frente a los 1.293 gw estadounidenses.

La diferencia no es solo cuantitativa, sino estructural. Mientras China expande su infraestructura energética a gran velocidad –con proyectos que se completan en plazos significativamente menores–, EE.UU. enfrenta cuellos de botella en su red eléctrica. De hecho, el crecimiento de los data centers representa cerca del 9% del consumo energético del país, frente a un 2,3% en China. En ese sentido, Aguilera advirtió: “En EE.UU., la IA ya está estresando la red al límite, mientras que en China hay espacio de sobra para seguir expandiéndose”.

Valor digital. El informe introduce además un concepto emergente: en la economía de la IA la electricidad puede transformarse en valor digital a través de los llamados “tokens”. “El token es al siglo XXI lo que el barril de petróleo fue al siglo XX”, explicó Aguilera.

Sin embargo, “los tokens no se agotan físicamente: un mismo modelo puede generarlos indefinidamente mientras disponga de electricidad y hardware, y su costo marginal tiende a cero con el tiempo”.

En términos simples, “un token es la unidad mínima que procesa un sistema de IA para leer, entender y generar texto, código o imágenes. Cada vez que un chatbot responde una pregunta, cada palabra o fragmento de esa respuesta es un token”, aclara.

Desde esta perspectiva, la competencia global ya no pasa únicamente por quién desarrolla mejores sistemas, sino por quién puede producir más capacidad de cómputo a menor costo. 

“Modelos chinos como DeepSeek V3.2 y MiniMax M2.5 operan con costos por millón de tokens muy inferiores a los de OpenAI o Anthropic, con diferencias de precisión mínimas”, señaló Aguilera. La estrategia China “apunta a abaratar el acceso a la IA y a convertir su ventaja energética en una palanca para expandir modelos, servicios y plataformas a escala global”.

Modelos en pugna. Por un lado, China despliega lo que el informe denomina un “Estado plataforma”: un esquema en el que el Estado coordina la inversión y orienta el desarrollo tecnológico a largo plazo. Por otro, EE.UU. mantiene un modelo basado en la innovación privada, con fuerte protagonismo de las grandes tecnológicas.

Si bien este esquema ha permitido avances significativos –especialmente en chips de alta gama–, también presenta dificultades para sostener inversiones en infraestructura a gran escala.

EE.UU. conserva una ventaja en el diseño de semiconductores avanzados y en la capacidad de innovación. 

La competencia “hoy podría resumirse así: EE.UU. tiene el cerebro, mientras que China tiene los músculos”, sintetizó Aguilera. 

En esa lógica, agregó que “la cadena real de poder en IA puede pensarse como una pirámide, donde la base es la energía y la cúspide son los tokens”. En el medio estan los chips, los data centers y los modelos. Aguilera advierte que “quien domine más capas de esa pirámide, domina el conjunto”.

Mientras EE.UU. lidera en innovación, China avanza en la construcción de las bases físicas que sostendrán esa innovación.  El desenlace de esa tensión dependerá de qué potencia logre cerrar primero su brecha.