INTERNACIONAL
aumentan los cupos para práctica de tiro

En la era Trump, y ante la violencia creciente, sectores progresistas comienzan a armarse en Estados Unidos

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Entrenamiento. Estudiantes practicando tiro con Clara Elliott. | afp

Las polémicas políticas de seguridad del presidente Donald Trump están produciendo efectos inéditos en Estados Unidos. Antes eran los simpatizantes de derecha quienes respaldaban el derecho a portar armas, ahora son los sectores progresistas quienes recurren a este método de defensa, temerosos del clima violento que vive el país.

“Me siento mucho más amenazado por mi gobierno que los ciudadanos que me rodean. Tenemos un ejército privado, con poder gubernamental, que anda por ahí agrediendo y disparando a la gente. Eso me asusta mucho más que el hecho de que haya delitos entre personas”, explica Collin, de 38 años, quien empezó a practicar tiro en las afueras de Richmond, estado de Virginia.

Se trata de uno de los muchos estadounidenses de centroizquierda que están adoptando la práctica de portar armas debido a sus temores sobre la administración Trump, lo que trastoca la sabiduría convencional sobre quién posee armas de fuego en la primera potencia.

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El debate sobre las armas en Estados Unidos es complejo y muy político. Los defensores del derecho a portar armas, que generalmente se inclinan hacia la derecha, plantean la cuestión como un asunto de libertad personal, ya que la Constitución estadounidense garantiza el derecho a portar armas.

Los liberales, en general, tienden a hacer hincapié en controles de armas más estrictos en un país asolado por tiroteos masivos. Pero varios demócratas de alto perfil, entre ellos la exlegisladora Gabby Giffords, que casi muere cuando un atacante intentó asesinarla, y la exvicepresidenta Kamala Harris, han declarado con orgullo que son propietarias de armas.

Clara Elliott, una instructora de tiro oficial, afirma que su negocio “se duplicó” después de que Trump fuera elegido para un segundo mandato en la Casa Blanca en noviembre de 2024. Desde entonces, sus clases, que están dirigidas a mujeres, minorías y la comunidad Lgbtq, pero abiertas a todo el mundo, prácticamente han agotado las plazas. “Hemos estado increíblemente ocupados”, admite Elliott.

Para David Yamane, profesor de sociología en la Universidad Wake Forest de Carolina del Norte, el cambio radica en lo que motiva a la gente a comprar armas. “Existe una preocupación específica por un tipo de gobierno tiránico y autoritario, que posiblemente prive a las personas de sus derechos o inspire a sus seguidores a privarlas de ellos”, dijo.

Prepárense. Alrededor de una docena de personas están tomando la clase de Elliott. La mayoría son estudiantes y nunca antes habían tocado un arma de fuego. Muchos afirman que se interesaron en la clase debido al clima político actual, que incluye redadas de inmigración, el desmantelamiento de las políticas de DEI (diversidad, equidad e inclusión) y la creciente polarización de la sociedad.

Elliott no es la única que vio aumentar su negocio desde el tiroteo mortal en Minneapolis. El Liberal Gun Club, una organización nacional cuya misión es, según afirma, “dar voz a los liberales y moderados que poseen armas”, dice haber registrado 3 mil nuevas solicitudes de entrenamiento en el uso de armas de fuego en los dos primeros meses de 2026, más que en todo 2025.

El director ejecutivo, Ed Gardner, afirma que estos repuntes no son raros después de grandes acontecimientos políticos o actos de violencia impactantes, como tiroteos masivos. Pero a diferencia del pasado, cuando el interés público provenía principalmente de mujeres y minorías, los nuevos miembros de hoy “abarca todo el espectro”: jóvenes y mayores, rurales y urbanos.