justicia, poder y escándalo

Los archivos Epstein sacuden una vez más a la élite global

Condenada. Ghislaine Maxwell y Epstein. Ella cumple condena. Foto: cedoc

La difusión de una nueva tanda de documentos del caso Jeffrey Epstein reavivó uno de los escándalos más sensibles de las últimas décadas en Estados Unidos y el mundo. Los más de tres millones de archivos publicados por el Departamento de Justicia incluyen correos electrónicos, registros internos y referencias a figuras públicas de alto perfil, desde presidentes y empresarios tecnológicos hasta miembros de la realeza británica. Ninguna de las personas mencionadas está siendo investigada actualmente, pero el impacto político y simbólico volvió a ser inmediato.

Entre los nombres que aparecen en los documentos figuran el presidente estadounidense, Donald Trump; el cofundador de Microsoft Bill Gates; el empresario Elon Musk; el multimillonario británico Richard Branson, y el expríncipe Andrew Mountbatten-Windsor, entre otros. Los archivos contienen intercambios de correos, borradores de mensajes y reportes del FBI, muchos de ellos basados en denuncias no verificadas.

En el caso de Trump, los documentos incluyen una lista de acusaciones recibidas por el FBI, algunas provenientes de llamadas anónimas y otras descartadas por falta de credibilidad. El Departamento de Justicia aclaró que varias de esas denuncias eran “falsas y sensacionalistas” y fueron presentadas poco antes de las elecciones de 2020. El presidente ha negado reiteradamente cualquier vínculo ilícito con Epstein.

Otros archivos muestran intercambios privados entre Epstein y Musk, así como un borrador de correo en el que el financista afirma que Gates habría mantenido relaciones extramatrimoniales, algo que la Fundación Gates calificó como “absolutamente absurdo”. En el caso de Branson, los documentos reflejan una relación social esporádica, que el entorno del empresario describió como limitada a encuentros grupales ocurridos hace más de una década.

Especial impacto generaron los correos vinculados al expríncipe Andrés, quien invitó a Epstein al Palacio de Buckingham en 2010 y aceptó la posibilidad de conocer a una joven rusa propuesta por el financista. Aunque no hay pruebas de que el encuentro se concretara, el episodio volvió a poner bajo escrutinio los vínculos del exmiembro de la Corona con Epstein, por los que ya había perdido títulos y privilegios.

Más allá de los nombres, la reacción más dura llegó desde las víctimas. En una carta firmada por diecinueve personas, denunciaron que los documentos publicados permiten identificarlas mientras “los hombres que abusaron de nosotras siguen ocultos y protegidos”. Exigen la publicación completa de los archivos y que las autoridades expliquen por qué, a más de seis años de la muerte de Epstein en prisión, solo una persona –Ghislaine Maxwell– cumple condena por sus crímenes.

La reapertura del caso, lejos de cerrar heridas, volvió a exponer una demanda central: transparencia total y justicia efectiva frente a una red de poder que, para las víctimas, todavía permanece intacta.