opinión

Los sátrapas del narcotráfico

Bailecito. Nicolás Maduro y Donald Trump acostumbran a bailar en eventos políticos, pese a las tensiones que generan. Foto: afp

La detención, con aroma de premeditada entrega, de Nicolás Maduro alborotó al mundo. En nombre de Venezuela Libre el presidente Donald Trump trazó una breve operación de Velo y Engaño. Tan breve que puso en ridículo a todo su aparato de simulación de lucha contra el narcotráfico y arrastró, como corresponde, a los amateurs que siguen su distorsionada agenda contra el delito complejo.

Trump, de una voracidad más paqueta que la de Maduro, creyó que el abordaje a Venezuela no tendría daños colaterales o lo que es peor, efectos paradojales. No deseados.

Bajo el cuento de la lucha contra el narcotráfico, que desde hace décadas sostiene Estados Unidos, se tejió también el fracaso de la guerra contra las drogas.

Dos errores intencionales. Dos interpretaciones acomodaticias. 

Confundir racionalmente lucha con administración e instalar el fracaso de una contienda que jamás se llevó adelante para construir la legalización de un proyecto de muerte.

Trump fue por Maduro y se “olvidó” a Diosdado Cabello. Trump fue por Maduro y negoció con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, y otros. Trump fue por Maduro y le pasó por encima a María Corina Machado. La insolente que le “quitó” el premio que Trump, en su narcisismo desmedido, creyó que merecía.

Lo cierto es que Maduro está preso. Y así debía ser más allá de las irregularidades del proceso que pone, por lo menos en duda, todo lo que pueda suceder. Irregularidades entrecruzadas hicieron que Estados Unidos quedase en evidencia frente a una Justicia que no tiene forma de sostener que el Cártel de los Soles es una organización narcoterrorista. 

Y no tiene forma porque no lo es. 

Marco Rubio, el negociador con alfileres, no trazó los papelones posibles.

"El Cártel de los Soles fue la institucionalización del narcotráfico en Venezuela porque las autoridades jamás lucharon contra el delito"

La declaración de Trump, a la que se sumó la administración Milei/Bullrich, de agosto del 2025 apestaba a ignorancia. Entrelazar dos delitos complejos sumaba espectacularidad mediática y escenográfica. Y la Argentina carbonera se enganchó, siguiendo su estética circense, a la locomotora del imaginario fantástico. 

La declaración justificaba, además, las paradas oceánicas de significativas incautaciones organizadas. A más escenografía, más show en redes.

Negar el Cártel de los Soles es tramposo. 

Seguir la agenda de Estados Unidos en materia de narcotráfico y terrorismo es directamente proporcional al imaginario sin cuartel. Seguirla, por supuesto, en términos de combate, no de padecimiento.

Estados Unidos baja la afirmación de la existencia del Cártel de los Soles no por inexistencia sino por calificativos equivocados (terrorismo) e impericias operativas de su cuerpo de investigación al que le tiene que lavar bastante la cara.

Sobre el Cártel que ya no les conviene sostener. El Cártel de los Soles fue la institucionalización del narcotráfico en Venezuela porque sus autoridades jamás lucharon contra el delito complejo estando al tanto de la situación y de la corrupción local que favorecía a la criminalidad. 

El Cártel de los Soles no es una organización puramente local sino fusionada. Es decir, local/internacional, cuyo brazo de alianzas ha sido el Tren de Aragua. Y los ex-FARC, fundamentales pilares.

Que Estados Unidos, para variar, no tenga elementos, es otra historia. Que Estados Unidos a través de su ente administrador haya afirmado que Maduro lideraba una organización narcoterrorista habla de la ordinaria investigación.

No distinguir organización narcocriminal de organización terrorista es alarmante. Fusionar a los dos delitos para darle mayor bombo mundial al caos es irresponsable.

Argentina justificó la captura de Maduro por el "Cartel de los Soles" justo cuando Estados Unidos desestimó la acusación

La no detención de Diosdado Cabello, como expresé en líneas anteriores, es representativa para la marcha atrás de las imputaciones con justificativos de Billiken.

En nombre de Venezuela Libre el empresariado presidencial negocia la economía de barril espeso y negro mientras se mofa de la estética venezolana, expone el desprecio por el migrante y utiliza la droga, que tiene consumida a buena parte de su sociedad en las calles de la vergüenza, como la operación de Velo y Engaño más obscena de los últimos tiempos.

Entre Maduro y Trump, y bajo las minas y satélites que quedaron en Venezuela con sus tentáculos abiertos, Venezuela no es libre. Es rehén bajo un régimen con otros modales. Tal vez a distancia. Bajo un paraguas que niega a un Cártel porque la mugre puede salpicar al ente regulador.

El cambio de paradigma que parecía gastarse en las primeras horas fue devorado por la codicia. Las bravuconadas mediáticas. Los exabruptos de la irracionalidad.

La transición del paradigma. La crisis conducida por los actores del mismo régimen que comienzan a liberar presos políticos mientras el periodismo se mantiene atento y alerta.

Más allá de todo es comprensible que los venezolanos quieran creer. Es lícito. Humano. Y necesario frente a la opresión innegable de un régimen sinvergüenza que expulsó a su pueblo y detuvo a ajenos por ficticias conspiraciones.

No obstante, aún Venezuela no es libre. Es un proyecto por el cual se debe trabajar bajo el despojo calculador de la economía blanca y negra. 

 

*Socióloga. Investigadora, consultora y asesora en temas de narcotráfico