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Luis Costa: "Se está formando una oposición mayoritaria a Milei"

El sociólogo y analista político, la estructura bipartidista persiste y la atención mediática sobre las tensiones políticas refuerza la consolidación de un frente anti-Milei.

Luis Costa, analista político y sociólogo Foto: X (@Luis_Costa5)

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Luis Costa sostuvo que “el sistema político no tiene otra cosa para ofrecer que esta dinámica: gobierno-oposición”, y recordó que “finalmente hay dos partes que compiten en tensión y tienden a terminar en esa zona”. Para el sociólogo, la consolidación de un bloque anti-Milei responde a la necesidad de los distintos sectores políticos de “sostener su electorado y no perderlo”, y refleja la continuidad de una estructura histórica que atraviesa a la política argentina desde décadas atrás.

Luis Costa es un sociólogo graduado de la Universidad de Buenos Aires, analista político y especialista en investigación de opinión pública y mercados, docente en la maestría de marketing político de la Universidad del Salvador, se desempeña como director de su propia firma, Luis Costa y Asociados.

Me gustaría que nos hagas una especie de columna oral de cómo viste el tema de YPF, ¿qué te quedó en ese tratar de apropiarse cada uno del relato, la cuestión de fondo, de si finalmente estaba bien o no, cómo se hizo, sino el qué se hizo y, cómo todo entra dentro de la grieta y otra demostración más del presidente en cuanto a su porabilidad irrascible?

A mí me parece que hay, como todo fenómeno en la sociedad es un problema filosófico. Vos tirás el objeto y nunca es el objeto en sí mismo, depende de cómo va circulando y cómo lo van observando. Así que el primer comentario es que es esperable que un episodio tan relevante para la política argentina, inclusive para la economía, inclusive para los medios de comunicación, sea un elemento que es transformado a medida que va circulando. O sea, que esta dinámica de la grieta es lo que uno debería esperar desde el punto de vista sociológico.

No me refiero a si me parece bien o mal, sino en cuanto a la importancia estratégica para Argentina y el rol de YPF en el desarrollo de Vaca Muerta, no me considero muy experto en poder dar una idea, pero daría la sensación de que ha sido más que importante todo este proceso.

Vuelvo sobre la insistencia por el concepto de lo sociológico, porque yo someto a los lectores de tu diario a mis columnas sobre algunos conceptos de teoría de sistemas, y sí me parece que de lo cual uno se podría preguntar también, trayendo a otros filósofos más viejos, de lo cual no hay duda alrededor de YPF, uno puede tener un montón de preguntas, pero sobre lo cual uno puede tener la certeza absoluta de que, una vez que ingresa el tema en el sistema político, la política como tensión es tratada bajo la única manera que la política puede tratar algo, que es bajo la dinámica de gobierno.

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Es decir, la política en el mundo moderno es un espacio en el cual hay dos cosas para hacer nada más: o estás del lado del gobierno o estás del lado de la oposición. Y cada uno va a querer tratar de tirar para su lado, ¿por qué esto es relevante? Porque en la era moderna también hay un actor social.

Que recibe el nombre de opinión pública, y es el que te permite seguir en el gobierno. La dinámica no tiene otro output posible del sistema político. Nadie debería esperar ninguna otra cuestión, y por eso rápidamente el gobierno trata de decir: “Bueno, esto es un logro mío, no es un logro de la oposición”. Eso es lo que intenta resolver inmediatamente; es una acción de comunicación que intenta dejar tranquilo a su electorado.

¿Era así hace 20 o 30 años? ¿No hay terceras alternativas, no puede haber medio intenso, todo entra dentro de la lógica gobierno-oposición? Y si así fuera, ¿por qué?

La democracia en Occidente tiende al bipartidismo. O sea, la dinámica bipartidista es un fenómeno que uno puede encontrar en prácticamente todos los países; ocurre en Brasil.

¿Hay una dialéctica, para ponerlo en términos concretos, que obedece a cuestiones más que del sistema político, del ser humano. No importa qué éxito tenga una idea, siempre va a necesitar que haya una oposición?

Es interesante la comparación.  La conciencia aprende del proceso, observa un objeto y se va a confundir y va a intentar emprender un camino posible entre tantos, en lo cual va a ir mejorando su relación con el objeto que observa. Entonces la dialéctica es un proceso de aprender. Yo no sé si describiría la política como una dinámica de dos partes que aprenden entre sí.

En todo caso, lo que aprenden es a mejorar las maneras de sostener su electorado y no perderlo. Digamos que el presidente es un especialista en sostener su electorado, pero también, al mismo tiempo, es un especialista en no ganar electorado nuevo cuando es un tema menor.

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O sea, te referís ahora específicamente a nuestro presidente actual.

Sí. Y podríamos pensarlo también en el caso de Trump, pero volviendo al tema del bipartidismo, eso es posible. Yo hice el comentario de la dialéctica porque no me parece un tema menor: decir hay una idea con la dialéctica. Sí, en sí es sentido natural de Hegel como un proceso que con el tiempo va mejorando algo.

Hoy, rápidamente, la política sabe, o Pareto, o Pareto, con el planteo de que no importa cuán exitosa sea una idea, siempre le va a aparecer una oposición, y que el ser humano, la naturaleza del ser humano, es dividirse de esa forma.

¿Cuál es la diferencia de esta época respecto de las anteriores? ¿Es que esa polarización gobierno-oposición tiene un tono más altisonante? ¿Qué es lo que hoy es diferente al pasado en esa clásica y esperable actitud oficialismo-oposición?

Creo que hay muchas similitudes. Está muy de moda hacer, hace un par de años, la idea de “estamos en una nueva era, un nuevo tiempo”. Y eso lleva a pensar con mucha facilidad que la sociedad cambia a una velocidad tan recurrente que hasta parece que el análisis es como una especie de torneo a ver quién cubre la nueva innovación de la sociedad, hacia dónde la sociedad va.

Y eso, yo creo que ha dejado de lado la pregunta por las continuidades, preguntas muy importantes en el siglo XIX, cuando las ciencias sociales empiezan a explotar. Había una pregunta, por ejemplo, la pregunta por la cultura, la idea de la sociedad como una estructura que permite que las acciones ocurran, que la forma de ser, hasta la idea del sentido común, o si querés, la sociología primera argentina, con José Ingenieros, con “El hombre mediocre”: ¿y qué le preocupa? Que todos son iguales. O sea, la idea de la no individuación.

Entonces, yo creo que lo que ha ocurrido es que se ha perdido el interés por encontrar semejanzas en un pasado que a lo mejor parece muy antiguo y demasiado mutado, y yo creo que no lo es tanto. O sea, Argentina lo que ha hecho, creo yo, para contestar la primera parte de tu pregunta, es que la elección del año pasado ha vuelto a tener un esquema de bipartidismo marcado. Eso es lo que ha producido el electorado.

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Y la estructura del voto, me refiero urna contra urna, que es algo que yo estudio bastante. Inclusive, si uno mapea las urnas en el espacio, en un mapa, el resultado del año pasado es una copia del Macri del 2017 y 2015 en términos de potencial electoral, de desempeño de perfiles de votos con una semántica distinta. O sea, uno podría decir: bueno, ¿qué ha cambiado? ¿Cuál es la novedad?...

Perdón, que te interrumpa. No podía parar de pensar mientras vos contabas que finalmente la única forma que el sistema tiene para procesar es gobierno-oposición. Entonces, dándote la razón, me imaginaba inmediatamente a Alfonsín y sus peleas, que tenía Alfonsín con la ley del divorcio, por ejemplo, o hizo frente a las juntas militares, o con los 14 paros de Ubaldini, lo invariable es la oficialismo-oposición.

Por ejemplo, Alfonsín se oponía al peronismo, pero al mismo tiempo Alfonsín defendía el divorcio y quería jugar a los militares, era progresista. Esas coaliciones hoy no son las mismas. La estructura de la oposición y el gobierno cambia. Lo que no cambia es que siempre hay gobierno-oposición.

Claro, podés cambiar el lugar de donde te ubicas, de gobierno o de oposición. Puedes cambiar los lugares. De hecho, uno puede indicarlo como un desarrollo técnico del sistema político enormemente eficiente: el 10 de diciembre, cada 4 años, en un instante cambian los lados porque cambia el gobierno. Ocurre en un momento, no es que ocurre con el tiempo, como hablamos de la conciencia en general.

Entonces, la lógica del sistema es el bipartidismo: es gobierno-oposición. Lo que va cambiando es la semántica, que permite captar a unos y otros que pueden pasar de lado a lo largo de 40 años, que más o menos la gente está votando, de ser oficialismo-oposición, en ideas distintas, representando valores distintos.

Claro. Lo que no puede cambiar en el momento que está ocurriendo es si está en la gestión del gobierno: entonces está del lado del gobierno.

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Te lo pongo por lo del 24 de marzo cercano que tuvimos. O sea, claramente quienes estaban del lado de Alfonsín y quienes estaban del lado del peronismo respecto al 24 de marzo, es una alianza exactamente opuesta a la de hoy. O sea, el peronismo que en 1983 no estaba a favor de juzgar a los militares y no estaba a favor del progresismo, era un peronismo conservador. Bueno, hoy representa lo contrario. Entonces, ahí lo que uno ve es una transfiguración en esa ubicación de oposición-gobierno, ¿no?

Pero, por ejemplo,  ahora estamos muy cercanos al recuerdo de Malvinas. Debemos estar hoy en la fecha que fue la marcha de la CGT. A los dos días habían cambiado de lugar de posición porque la posición ahora era Inglaterra. Entonces, el punto para mí me parece interesante: volviendo a la pregunta original, ¿qué se puede pensar de YPF?

Que es un elemento que ingresa al sistema político; el sistema no tiene otra cosa para ofrecer que esta dinámica. Y por eso los pedidos de la política hacia la política de mayor racionalidad y de acuerdos, etcétera, no es algo que corresponda a pedirle a ellos, por más que suene alentador.

Siguiendo tu razonamiento, ¿tiene razón Miguel Ángel Pichetto de que las terceras vías no tienen ninguna posibilidad y de que el escenario 2027 sí es Milei- antiMilei y que por lo tanto sí hay que olvidarse de plantearse alguna alternativa republicana intermedia?

Pero la evidencia en el mundo muestra que las terceras vías no... Uno podría decir: “Bueno, Luis, pero Milei fue una tercera vía”. Bueno, hay contextos que lo explican. Las terceras vías, como los grandes procesos, así trágicos de la historia del mundo, han ocurrido luego de grandes procesos de decepción de esquemas anteriores de bipartidismo que no encontraban salida. Pero ahí iban a reinstalar el bipartidismo.

Uno puede decir que el PRO vino a ocupar el lugar del bipartidismo que había dejado vacante el radicalismo. 

Mira, voy a nombrar a Manuel Muriel Araújo, que escribió, con muchísimo gusto doy fe, durante muchos años en tu diario.Manuel tiene su trabajo más impresionante, que es el análisis del voto de la elección del 73. En un libro, después publicado, que es una compilación, se llama El voto peronista.

En ese libro, Manuel dice: cuando analiza la elección de Cámpora y la de Perón del 73, dice: “Bueno, en los últimos años, al peronismo le ha costado mucho ganar en la Ciudad de Buenos Aires, en la Capital Federal". Esa situación, analizada del 73 y publicada en 1981, excepto una elección de Herman González que además ganó por un punto, es decir, se sigue manteniendo hasta el día de hoy.

Es decir, la pregunta por la estructura, una pregunta muy importante en la historia de las ciencias sociales, a veces se pierde de vista por la dinámica discursiva, por la semántica. Volviendo: obviamente que hay diferencias, porque vamos a ser bien constructivistas, la sociedad mantiene su estructura bajo la lógica de que tiene que cambiar de alguna manera, porque si no no puede seguir. Entonces, los cambios son muy pequeños.

Entonces yo creo que sí, lo que hay es una detección del marketing político, que detecta que la atención es lo que le da forma, es lo que hace vincular el sistema político con sus bases de voto, y que puede de esa manera, explorar y explotar una semántica que lo que hace es reverberar en sentimientos exagerados, que son una réplica de la dinámica gobierno-oposición.

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Heráclito, pero finalmente hay una continuidad, y la continuidad sistémica es que finalmente hay dos partes que compiten en tensión. Entonces, YPF, lo primero que aparece a decir el presidente, es crítica a Axel Kicillof. O sea, nuevamente, lo que nos está diciendo que es la competencia 2027 y el antagonista que se imagina que va a tener en 2027, que es el peronismo y el principal candidato del peronismo.

Claro. Incluso aunque él no eligiera, probablemente sería eso de cualquier manera. Hay que ver si el peronismo lo resuelve, porque también hay otros elementos acá. Nosotros estamos explicando una dinámica desde el punto de vista teórico.

Después, los cuerpos en el espacio, diría Foucault, se terminan organizando así. Pero, en definitiva, va a haber una oposición mayoritaria hacia Milei, sea cual sea. Eso le permite al electorado creer que es el que va a poder. Por eso digo que la gente que no lo aprecia a Milei va a estar preparada para votar una opción, la que sea.

Aquí hay dos tensiones: el antimileismo y el antikirchnerismo. Y hay un porcentaje en la sociedad que comparte ambos sentimientos, antimileismo y antikirchnerismo. ¿Cómo se resuelve eso? Si finalmente lo que va a terminar siendo es una votación a favor o en contra de Milei, y si del otro lado la única coalición posible termina siendo una que integra el kirchnerismo.

La economía. O sea, los elementos que terminan de darle forma a los estados de ánimo colectivos son una estructura que se sostiene.

O sea, ¿me banco el kirchnerismo si la economía es mala?

Bueno, el resultado electoral de Cristina en 2011, sobre todo, es un reflejo de eso. No había una oposición armada, porque también la oposición lleva tiempo pero siempre sobrevivía esta tensión de bloques. Y siempre hay una pequeña porción que es menos fanática. También es una época donde los fanatismos han cobrado mucho valor. Eso está muy estudiado en la literatura de los journals de opinión pública. O sea, que ahí sí hay una especie de consolidación de las partes. Hay elementos que sí sobreviven.

La evaluación de la economía necesita estar en un estado más o menos aceptable para que los gobiernos vayan con chances de ser reelectos. Ayuda mucho a que sea una reelección y no un heredero de él, eso también aumenta las chances. Bajo condiciones de sobrevivencia de un electorado que cambia menos de lo que la gente cree, esa idea de “bueno, en último momento la gente decide el voto”… bueno, entonces hace 70 años que en San Isidro deciden todos su último momento para el mismo lado, y en La Matanza 70 años que todos se ponen de acuerdo estadísticamente. Es altamente improbable. O en Capital.

Pero sí, el tema de la economía logra hacer pequeños movimientos que no son más que pequeños movimientos, que no son menores y sí son relevantes. O sea, toda la literatura acuerda que, sea lo que sea, para cada sociedad se valora una economía bien o mal; porque para Chile y para Argentina son temas distintos, pero en términos sociológicos uno podría decir: bueno, estos son elementos que terminan de definir para qué, dónde y para acá.