Economistas del Centro de Estudio de Historia Económica analizaron el caso Paolo Rocca
Mario Raccanello y Alan Cosentino Gattone advierten que el conflicto no es entre empresarios “buenos o malos”, sino entre ausencia de estrategia y decadencia industrial.
El conflicto en torno a Paolo Rocca y Techint volvió a encender el debate sobre la industria argentina, la competitividad y el rol del Estado. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), los economistas e historiadores Mario Racanello y Alan Cosentino Gattone, integrantes del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana, analizaron el caso desde una perspectiva estructural y advirtieron que “no se trata de una falsa dicotomía entre importar o pagar sobrecostos”, sino de la ausencia de una estrategia de desarrollo. “No podemos pretender que el empresariado sea más nacionalista que el propio Estado”, sostuvo Cosentino Gattone, mientras que Racanello remarcó que el escenario actual reproduce “factores muy similares a los que sucedieron durante la dictadura”, con apertura importadora, tipo de cambio bajo y una industria cada vez más debilitada.
Mario Racanello es licenciado y magíster en Economía por la UBA y doctor en Ciencias Económicas por la UNSAM. Se desempeña como investigador en el Instituto de Investigaciones Económicas y es coordinador del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana. También es profesor de Historia Económica y Política Económica en la UBA y en la UCA. Ha sido autor y coautor de diversos trabajos sobre la industria de maquinaria agrícola y empresas estatales, incluyendo el libro Tractores y mitos del Estado empresario peronista, junto a Marcelo Ruggeri-
Alan Cosentino Gattone, ex contador público y especialista en historia económica y políticas económicas. Es investigador en el Instituto Interdisciplinario de Economía Política, integrante del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana. Ha estado vinculado en la gestión de ciencia y tecnología en el Instituto Universitario para el Desarrollo Productivo y Tecnológico. Sus áreas de investigación se centran en la macroeconomía, el desarrollo económico y la historia industrial.
Tanto Mario como Alan presentaron un informe de coyuntura industrial latinoamericana, que es por eso que lo estamos convocando. Y en el corte yo les contaba una hipótesis que yo tengo, que si les resultaba plausible y podía ser un disparador de la conversación, es la industria en América Latina y la industria en Argentina. Y mi conjetura es que en la Argentina tenemos desde 1975 a hoy, cumplimos 50 años de gobiernos que fueron militares, dictatoriales, civiles, gobiernos republicanos, populistas, gobiernos pro mercado, gobiernos keynesianos, gobiernos de todo tipo.
Y, sin embargo, todos fracasaron en el sentido de que ninguno pudo lograr un sostenimiento de un crecimiento a lo largo de cierto tiempo. Sí hubo un crecimiento durante un período determinado, terminó en una crisis, porque ese crecimiento era insustentable. Y, en conjunto, Argentina decae de manera sostenida desde la posición de país número 20 a país número 50, desde 1974 o 75 a 2025. En el 74 teníamos el producto bruto per cápita igual al de Canadá o al de Australia. Entonces, ¿cuál sería el invariable? Si cambiaron todos los tipos de gobierno, todo tipo de plan económico. Desde mi perspectiva, el invariable que encuentro es que Argentina era el único país que en los 70 tenía industria de toda América Latina. Era el único que tenía industria y tenía sindicatos.
Y que, a mediados de los 70, lo que pasó es que Nixon visita a China, convence a Truman de que enriquecerse es magnífico, cazar ratones es lo importante, no importa que el gato sea blanco o sea negro. China se convierte en la factoría del mundo, generando un problema industrial en todos los países del mundo. Y Argentina era el único país de América Latina que tenía industria y sindicatos. Obviamente, Argentina era un país acostumbrado a tener Estado de Bienestar, como Europa, y no lo pudo sostener.
Al revés, Brasil, que hasta el 70 no tenía industrias, era un país básicamente primarizado, empieza con su boom industrial, el famoso boom brasileño de los años 70, pero sin sindicatos. Es decir, un modelo industrial como el chino, con salarios muy bajos y sindicatos absolutamente inexistentes. Incluso es el día de hoy que los sindicatos brasileños, a pesar de que tenemos un presidente sindicalista en Brasil, son absolutamente frágiles, comparativamente con lo que son en la Argentina. Entonces, que Argentina no pudo competir con China y que la problemática que tenemos a lo largo de estos 50 años es que éramos el único país que tenía desarrollada industria, sindicatos y Estado de Bienestar.
Y como el Estado de Bienestar no se podía mantener y la sociedad estaba acostumbrada a eso, le pedía a los gobiernos -sean militares, civiles, pro mercado, lo que mencionábamos antes o lo contrario-, ¿qué hacían cada uno de ellos? Como era imposible de mantener la satisfacción de las condiciones anteriores, hacían dos cosas: se endeudaban o imprimían. Inicialmente lograban paliar un poquito la insatisfacción y más tarde la agravaban. Y así, cada uno en un ciclo en el que, tratando de una medicina de corto plazo que luego agravaba en el mediano plazo, llegamos a un proceso de 50 años de decadencia. Que tiene su epicentro en que nosotros teníamos industria y China, de alguna manera, nos la mató. No sé si es una hipótesis plausible.
MR: No la voy a refutar, porque coincido. Efectivamente, a mediados de los 70 hubo un quiebre estructural en la trayectoria económica argentina. La Argentina venía, hacía unas décadas, pasando por el modelo de sustitución de importaciones, de una industrialización dirigida por el Estado.
Había pasado ya de la fase liviana a una fase de industria pesada, compleja, con ciertas insuficiencias, pero sobre todo en cuanto a la capacidad de colocar productos en el exterior o de crear los últimos eslabones de la cadena productiva. Pero claramente hubo un procesamiento muy malo de la crisis macroeconómica del tercer peronismo, con el Rodrigazo. A partir de ahí se produjo el golpe de Estado y, mi hipótesis también es que la dictadura aprovecha ese desorden económico y político para instalar un nuevo modelo económico, bastante similar al actual. Vale decir, basado en la valorización financiera.
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Envolver ese sueño de esa Argentina primaria de principios del siglo XX, que era un modelo que había sido exitoso en su momento, pero que las circunstancias externas obstaculizaron que prosiguiera. Y, de allí en más, las problemáticas, las discusiones en cuanto al desarrollo, pasaron más a discusiones de orden macroeconómico: por el lado de la deuda externa, por el lado de la inflación. Y, de allí en más hay una larga trayectoria de decadencia económica, productiva. Hay algunos años de crecimiento en la convertibilidad, es cierto, pero todo eso se desploma con la crisis 2001-2002.
Después comienza una nueva historia, donde hay el modelo de la posconvertibilidad, pero siempre en el marco del boom de los commodities. Eso no solo le pasó a la Argentina, sino también al resto de América Latina. Cuando ese escenario próspero termina hacia 2011 y 2012, con la crisis internacional, ahí la Argentina entra en una trayectoria de gran contracción, o una nueva decadencia, yo diría. Porque ya van como 15 años donde Argentina, en 2011, tiene un PBI per cápita industrial muy semejante al de 1974, y de allí en más cae aproximadamente 30 puntos porcentuales. Entonces, en cuanto a nuestra especialidad, que es la industria, lo vemos patente. Y no solo estamos hablando en términos de actividad, sino en diferentes dimensiones del sector.
AC: Primeramente, hacer una referencia: el documento de trabajo de coyuntura industrial latinoamericana, en el cual somos autores con Mario, también participan otros autores del SEAL, del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana. La tesis o tu conjetura es correcta. Argentina es uno de los países que más se desindustrializó desde el 74-75 a estos años. Para que tengan una idea, Argentina participaba más o menos del 1,6% del PBI industrial global y ahora estamos en el orden de 0,5 al 2024. Entonces, demuestra de alguna manera, obviamente, lo que vos estabas comentando.
Y quiero hacer un poco lo que decía Mario. Se vivía un proceso de industrialización que había arrancado primariamente en los 30, después con el peronismo se incentivó, luego los gobiernos radicales y demás, pero había una industria. Y fue una decisión deliberada por parte de la dictadura abandonarla. Hay una tesis de si estaba agotado el modelo; seguramente necesitaba cambios. Recién hacia fines de los años 60 y principios de los 70 la industria comienza un proceso de exportación que sube muy fuertemente. Primario, pero comienza un proceso exponencial de exportación, y ahí es donde viene el quiebre. Después viene, bueno, en los 80 la crisis de la deuda; en los 90 los gobiernos de Menem con políticas netamente neoliberales; después los gobiernos kirchneristas, que de alguna manera había una idea de industrializar, pero creo que no cambió la estructura.
Es decir, yo tiendo, quizás con una especie de formación epistémica, siempre buscar la causa reductible. Entonces, no es un problema de los gobiernos. Pienso que los problemas son más complejos, porque un gobierno malo viene, la dictadura desindustrializa, se corrige al siguiente, viene el siguiente y reindustrializa. Es decir, ningún gobierno solo puede marcar medio siglo de decadencia. Entonces trato de encontrar causas que hacen que los gobiernos sean actores de determinadas circunstancias que son superiores a ellos.
Entonces vuelvo a la cuestión de mi planteo anterior: se produce una situación en que la aparición de una factoría impide a países que recién estaban comenzando a tener un Estado de Bienestar sostenerlo, con una población mayoritariamente de inmigrantes que había llegado a buscar el progreso que no tenían en Europa y exigían un Estado de Bienestar que la Argentina no podía mantener. Si esto fuera correcto, uno ahí encontraría por qué todos los gobiernos no pueden satisfacer la demanda de una sociedad.
Y que, si esto fuera así, y lejos creo que ustedes seguramente saben que nosotros acá no somos muy amistosos con el mileísmo, pero la tesis sería que el problema es que Brasil pudo porque no tenía el sistema sindical argentino. Es decir, que la única alternativa que Argentina tenía era haber hecho una reforma sindical y laboral para ponerse competitiva. Obviamente, nadie la podía llevar adelante porque nadie iba a aceptar un cambio para peor. Entonces tuvo que ser el mercado, naturalmente, el que fuera produciendo ese cambio. Pero, bueno, tendría de alguna forma razón Milei de que es necesaria una reforma laboral, paradójicamente, para reconstruir la industria, porque con estos costos no somos competitivos. No sé si esta hipótesis también merece ser discutida y tiene algún grado de plausibilidad, en algún sentido.
MR: sin duda el tema de los costos es fundamental para la competitividad de la industria. Casualmente lo estamos viendo con el caso de Techint, que no puede ponerse al alcance de la oferta de la empresa india para conseguir la licitación. Como vos decís, si hacemos también historia, el tercer peronismo, después de la muerte de Perón, el mismo gobierno de María Estela Martínez de Perón choca con los sindicatos. A ver, hay que entender el escenario del fin del fordismo. Entonces ahí la Argentina pierde ese banco sobre el cual apoyarse.
Obviamente podemos criticar la política económica de la dictadura, pero después eso se va a profundizar también con la convertibilidad, donde se da en un escenario de caída de la Unión Soviética y un mundo unipolar. Entonces la Argentina, como vos decís, trata de insertarse en los espacios donde tiene margen de juego.
Durante el kirchnerismo pudo, de cierta manera, por esto que decíamos del boom de los commodities, ver de qué forma impulsar la industria, pero son cambios que son valorables: aumento del empleo, aumento del producto, pero no cambian la estructura productiva. Sigue siendo una industria muy primarizada, con una cúpula empresaria económica local muy poderosa. Hay una serie de insuficiencias que desde la izquierda o el progresismo se le critican por no haber hecho transformaciones estructurales del aparato productivo. Y está esa cosa que también se puede remontar al peronismo clásico, de si fue efectivamente una oportunidad perdida. Obviamente, será algo muy complejo de cambiar.
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AC: Yo creo que sí. Los salarios son una variable de ajuste. El tema es: son dos cuestiones. Primero, preguntarnos qué nivel de bienestar queremos nosotros para la población argentina. Seguramente otros países lo hicieron a costa de salarios bajos. Recién ahora Argentina, y a pesar de estar estancada hace más o menos 15 años frente a la región, todavía en algunos niveles de desarrollo estamos por arriba de Chile, Uruguay, Brasil. Por lo menos yo no me resigno a establecer salarios indignos y creo, vuelvo a tu primera pregunta, que no hubo desde fines de los 70 un plan de desarrollo. El último plan de desarrollo fue con el tercer peronismo. No lo hubo. Por condicionamientos de deuda, porque ahí podemos discutir cuál fue el verdadero motivo, pero no hubo un plan de desarrollo.
El de la dictadura, el de los 90 o el de ahora, de alguna manera tienen un dogma económico que básicamente le dejan las estrategias de desarrollo a modelos abstractos o deductivos, y eso contrasta con los modelos de desarrollo de los países desarrollados actualmente. Todos los países desarrollados -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón- tuvieron dos cosas que el actual gobierno no pone en consideración: el papel del Estado y la industria...
Pero la pregunta de fondo es: si queremos tener industria, ¿los salarios en la industria no tendrían que aspirar a ser mayores que en los servicios, pero adecuados al proceso de competitividad? Y que finalmente, aunque se diga que la reforma laboral es para las pymes, finalmente la reforma laboral tiene como objetivo tácito o explícito, consciente o inconsciente, requerir la posibilidad de que seamos competitivos industrialmente. Provoco
MR: Tenemos una trayectoria de estudiar del salario real de un obrero industrial y comprobamos, y me sigo sorprendiendo, que el poder adquisitivo retrocedió la tabla preperonista, pre 1945. Como un punto de referencia lo pongo. También hay que considerar lo que es el costo del salario en dólares. Entonces, ahí ya es una decisión de la macro. La industria, más allá de los costos que obviamente, creo que el progresismo, el albertismo, tendría que haberlo planteado, una reforma para no dejar hacer a gobierno de derecha, pero también hay otros factores que amenazan al sector, como los costos, hay que estudiarlos, por supuesto.
Hay que estudiar los costos, pero también hay que ver el tema de la apertura importadora, el tipo de cambio muy, pero muy bajo. Son todos factores muy similares a los que sucedieron en la dictadura, y no casualmente ahora me viene también esa publicidad de la época de la dictadura de que iba a bajar los costos. También hay que ver otros factores macroeconómicos y también microeconómicos. Tampoco esto es solo una decisión de política pública, también hay que analizarla dentro de la fábrica: el comportamiento de los empresarios. Porque, si tenemos un poder adquisitivo tan bajo, ¿dónde va la plata?
Un analisis marxista, es decir: finalmente hay una plusvalía, entonces los empresarios se enriquecen enormemente. No. Lo que vos ves es que la participación del capital sobre el trabajo, en los gobiernos de centro derecha, crece a favor del capital y en detrimento del trabajo, pero en continuo todos son más pobres. También las empresas valen mucho menos y los empresarios argentinos también son mucho menos ricos de lo que eran hace 50 años. Es un negocio suma cero. Por lo tanto, no parece haber acá un problema de lucha de clases, sino un problema de que los dos se están hundiendo juntos.
AC: Sí, desde ya, a mí me parece, respondiendo tu pregunta, siempre hay un discurso que apela al empresariado. El tema de los sueldos. Y fíjense: si nos fijamos los sueldos de los últimos diez años, fueron perdiendo poder adquisitivo constantemente. Entonces, es lo fácil, es la propuesta empresaria.
Hasta aquí fue el mercado. Porque reforma laboral no hubo ninguna. Todas las que se intentaron, pero todas fracasaron.
AC: A eso iba. Creo que el papel ordenador de eso es el Estado, y el Estado es donde antes, después, ahora, no interviene y no intervino para justamente evitar que los dos pierdan, porque pasa eso.
No cabe ninguna duda de que los salarios están destruidos. El valor de las empresas es nimio. Un banco de Perú vale más que todos los bancos privados juntos de la Argentina. Son situaciones ridículas. Se vende el principal canal de televisión de la Argentina por un vigésimo de lo que factura por año un canal de televisión, el principal canal de televisión en Brasil. O sea, no cabe ninguna duda de que tenemos un fracaso social del cual Milei es emergente. Pero bueno, lo que podemos hacer es tratar de contribuir al debate de cuáles pueden ser las causas y cuáles podrían ser los remedios.
Techint. Me gustaría una opinión de cada uno de ustedes sobre lo que está pasando allí.
MR: Uno no se termina de poner de ningún lado. La cuestión de que gane una empresa extranjera -recordemos que India es un país muy importante, que se ha desarrollado industrialmente muy fuerte en las últimas décadas-.
Y que comparte con China, casualmente, tener una enorme masa proletaria disponible, porque tiene 1.300 millones de habitantes. O sea, no es casual que los dos países que pueden hacer competencia de factoría tengan una masa proletaria monumental disponible, ¿no?
MR: Tal cual. Hay un salario superelástico. Entonces uno, como te decíamos antes, como al ser historiadores, nos remitimos a eso de la época del COMPE argentino, la época de Aldo Ferrer. Claramente este Estado no está privilegiando eso, sino que tiene una mirada más deficientista, y piensa por ese lado las cosas. Estos días entrevistaste a Marcelo Ruggeri y a Juan Odisio, y vuelve esa frase de acero y caramelo, como que para este gobierno es lo mismo. Techint puede apelar a que si hay antidumping o no. Parece que no le van a dar importancia a ese argumento. Es prácticamente imposible que se ponga ese costo de los productos importados. Claramente hay intención del gobierno de no prestar atención, por la mirada ideológica que tiene.
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Yo viví en Brasil en dos décadas diferentes y siempre escuché acá que dicen que los empresarios brasileños son patriotas, que los empresarios brasileños no venden sus empresas, como hacen los empresarios argentinos. Yo, francamente, no encontré una virtud superior tampoco en los políticos brasileños que en los argentinos. Lo que encontré es que la escala, combinada a que el proceso de industrialización se hizo sin los condicionantes que había en la Argentina, sin la historia previa que había en la Argentina, hace que sean más rentables y más valiosas las empresas brasileñas. Entonces, el deseo de invertir es incentivado por el propio egoísmo, como decía Edmund: no vamos a tener el pan cada mañana por el altruismo del panadero, sino por el egoísmo de poder vender más pan.
Yo lo que noté en Brasil es eso. Entonces te preguntaba, porque me parece adecuada la defensa de Rapallini sobre Paulo Rocca. Habla de la persona, del empresario ese que se levanta todas las mañanas pasados los 70 años. ¿Notás que hay algo en los empresarios argentinos que son peores que los empresarios del resto del mundo?
AC: Te respondo eso y después te respondo lo de Techint. Hace poco salió una noticia de una empresa, creo que de alimentos, en Santa Fe, que había traído en cuatro contenedores un galpón, de China. Entonces uno puede decir, básicamente, como decía Marcelo Diamand, están cortando la rama en la cual están paradas. Porque, obviamente, uno puede aprovechar y decir: “Bueno, por un lado aprovecho los costos, hay menor costo afuera, hago la planta; por otro lado estoy perjudicando a la industria local”. Creo que eso, al igual que lo de Techint, es una falsa dicotomía. Porque no podemos pretender que el empresariado pyme industrial sea más nacionalista que el propio Estado. Si el Estado no determina reglas claras e incentivos para evitar eso, no podemos pretender que una pyme industrial lo haga. La pyme industrial, el primer objetivo es no fundirse. Sobrevivir. Y va a hacer todo lo posible para evitar fundirse. Eso por un lado.
Atado a eso, con lo de Techint, de vuelta, creo que el gobierno lo planteó como una falsa dicotomía. Es decir: “Bueno, ¿qué hacemos? ¿Importamos, donde estamos perjudicando a una empresa argentina, o bien pagamos unos sobrecostos del 40%?” A ver, mi opinión: no está mal importar insumos si hay una estrategia de desarrollo en la cual esos insumos, de alguna manera, permiten salir de los cuellos de botella temporalmente. Sabiendo que eso indefinidamente va a traer un cuello de botella, obviamente, porque no podés importar todo el tiempo. Pero podría ser importar. Yo voy un paso atrás: si hay una estrategia de desarrollo que establezca que importar determinados insumos puede llegar a ser útil para exportar divisas en el corto plazo o eso, no lo veo mal.
Por otro lado, tampoco veo mal pagar sobrecostos, siempre y cuando haya un alineamiento entre el entramado industrial y el Estado, en donde uno pueda decir: “Bueno, vamos a aumentar la productividad, bajar los costos con financiamiento, con capacitación, o lo que sea”. Pero tiene que haber un alineamiento, una estrategia por detrás. Por lo tanto, plantearlo así, y más con el dogmatismo con el que actúa el gobierno actual, es difícil. Creo que se tiene que ir un paso atrás y pensar: bueno, ¿cuál es la visión y cuál es la estrategia de desarrollo?, si es que podríamos decir que el gobierno puede llegar a tenerla.
RM/DCQ
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