A LOS 78 AÑOS

Rubén Blades conquistó Buenos Aires con sus clásicos, memoria y una América Latina que todavía puede

Rubén Blades repasó 52 años de trayectoria en un show de tres horas en el Movistar Arena. Ante un público que reunió a argentinos, venezolanos y colombianos, el panameño recorrió sus grandes clásicos, reivindicó la identidad latinoamericana y compartió escenario simbólicamente con las figuras que marcaron la cultura de la región.

Rubén Blades Foto: Ph. @Palacios_films

Resumir 52 años de carrera en 22 canciones es un privilegio reservado para muy pocos artistas. Rubén Blades lo consiguió en un show de tres horas en el Movistar Arena, donde recorrió buena parte de un repertorio que construyó su legado y que, varias décadas después de haber sido compuesto, continúa formando parte del cancionero popular de América Latina.

“Buenos Aires, buenas noches. Vine aquí por primera vez en 1983 y regresé en 2026 para darles las gracias y decirles que todavía se puede”, dijo Blades al comienzo de la noche. La frase funcionó como una suerte de declaración de principios para un concierto en el que la música, la memoria y la identidad latinoamericana estuvieron presentes de principio a fin.

El público que colmó el estadio de Villa Crespo fue también una muestra de esa diversidad. Argentinos, venezolanos y colombianos hicieron suyo el mensaje de Blades y encontraron diferentes motivos para celebrar y emocionarse.

Para los argentinos, uno de los momentos más intensos llegó con “Desapariciones”. Antes de interpretarla, Blades explicó por qué continúa cantando una canción compuesta hace décadas: “La gente me pregunta por qué sigo cantando estas canciones. Es para que nadie se olvide”. También fue especialmente celebrada “País portátil”, acompañada desde las tribunas por el ya conocido cántico “La Patria no se vende”.

Los venezolanos, en tanto, tuvieron su momento con “Emigrantes” y “María Lionza”, canciones que Blades dedicó a venezolanos y colombianos atravesados por las tragedias y los desplazamientos que marcaron a la región.

Después llegaron algunos de los clásicos imprescindibles de su repertorio: “Pedro Navaja”, “Plástico”, “Decisiones”, “Pablo Pueblo”, “Amor y Control”, “Patria” y “Buscando América”, entre otros. Cada canción funcionó como una pequeña historia y, al mismo tiempo, como parte de una obra mayor construida durante más de cinco décadas.

Blades no se limitó a cantar. Con su habitual presencia escénica, bailó, tocó percusión y conversó con el público. Su discurso volvió una y otra vez sobre la necesidad de una América Latina fuerte, unida y consciente de su propia historia. Pero lejos de quedar atrapadas en el pasado, sus canciones demostraron una vigencia que atraviesa generaciones.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Todos Vuelven”. Mientras Blades interpretaba la canción, la pantalla mostró imágenes de grandes artistas argentinos y latinoamericanos que ya no están: Indio Solari, Luis Alberto Spinetta, Celia Cruz, Mercedes Sosa, María Elena Walsh, Tite Curet Alonso y Gustavo Cerati, entre otros. La canción adquirió entonces una dimensión diferente: la de un homenaje colectivo a quienes ayudaron a construir la identidad cultural de la región.

La noche tuvo además una visita inesperada y de lujo: Charly García. El músico argentino estuvo con Blades en el camarín antes del show y protagonizó uno de los encuentros más especiales de la jornada. Ya sobre el escenario, el panameño lo presentó con admiración: “Está viendo este show una leyenda del rock mundial: Charly García”.

Sobre el final, una bandera argentina ocupó toda la pantalla. Blades aprovechó entonces para repetir una frase que fue recibida con una ovación: “Las Malvinas son argentinas”.

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Mención aparte merece la Roberto Delgado Big Band, integrada por veinte músicos panameños y dirigida por Roberto Delgado, formación que acompaña a Blades desde 2010. La banda fue una verdadera aplanadora: dos líneas de vientos, una base rítmica contundente y arreglos de enorme potencia sostuvieron durante tres horas un espectáculo de una dimensión musical poco habitual.

A los 78 años, Rubén Blades volvió a Buenos Aires para demostrar que algunas canciones no envejecen. Cambian los escenarios, cambian las generaciones y cambian los países, pero las historias de Pedro Navaja, Pablo Pueblo, las despedidas, las migraciones, la memoria y la identidad latinoamericana siguen encontrando un lugar en el público.

Y, después de 52 años de carrera, Blades volvió a decirlo desde un escenario argentino: todavía se puede.