Cuando ganar puede ser perder
La apuesta de Javier Milei por el retorno de la derecha en Brasil podría desplazar a la Argentina como el principal aliado de Estados Unidos en la región.
La apuesta del presidente Javier Milei por un triunfo de la derecha en Brasil ha sido explícita y sin matices. El 25 de julio viajó a San Pablo para el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, a quien definió como la persona que puede frenar a Luiz Inácio Lula da Silva.
Su desagrado por el gobierno de izquierda de Lula y por la figura del presidente del principal socio comercial de la Argentina no ha ahorrado agravios directos.
La paradoja que puede producir el arribo de Bolsonaro y el retorno de la derecha a Brasilia es doble: por un lado consolidaría que la región dio un giro casi completo a la derecha y fortalecería la sintonía bilateral. Por el otro, haría que la Argentina deje de ser el bastión norteamericano en Sudamérica.
Washington podría optar por priorizar al gran gigante continental, con todo su poder, frente a la siempre inestable tierra de las pampas.
Hoy, por afinidad ideológica y por necesidad financiera, la Argentina de Milei es el referente de Estados Unidos en la región. Ese capital es escaso. Washington no necesita dos bastiones, necesita uno grande. Y Brasil es siete veces el PBI argentino, tiene 215 millones de habitantes, la Amazonia, el niobio -metal raro del cual posee el 90% de las reservas mundiales-, litio y petróleo del presal.
Si Brasil vuelve a ser de derecha y pro-americano, ¿para qué sirve la Argentina? La realpolitik es cruel: Estados Unidos siempre elige al socio más grande.
Flávio Bolsonaro iniciaría un mandato con cuatro años por delante. Milei, en cambio, entra en la zona de desgaste de su poder, con la incertidumbre de lograr la reelección en 2027 en medio de una economía golpeada y recesiva y de una traumática transformación de su matriz productiva.
La geopolítica no es lineal ni las fidelidades de las grandes potencias son garantía de amor eterno. Se trata de intereses, no de amistades.
Para Estados Unidos, ¿quién resultará más atractivo como poder económico y político en la región? ¿Qué papel en el equilibrio de fuerzas jugará China, principal socio comercial de Brasil con más de 150 mil millones de dólares de intercambio y de quien depende el agronegocio que vota a Bolsonaro? ¿Qué significado estratégico tiene Brasil, con 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela, como gendarme para contener una crisis migratoria o militar en el Caribe Sur?
Muchas preguntas en una realidad telúrica e incierta. La complejidad va mucho más allá del folklore futbolístico donde Argentina sacó ventaja en los últimos mundiales, pero Brasil sigue siendo Brasil, el pentacampeón que en cualquier momento arma un equipo con hijos dilectos de Pelé, Garrincha, Ronaldinho, Rivellino, Ronaldo, Neymar, Zico, Romário y Sócrates.
(*) Director de Radio Jai
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