ANALISIS

De la soja al livestreaming: cómo la transformación del consumo en China redefine las oportunidades para Argentina

Durante décadas, la pregunta fue cuánto podría vender Argentina al mundo. Quizás las preguntas de las próximas décadas sean otras: qué vende, cómo lo vende y cuánto valor es capaz de construir alrededor de cada producto que llega al consumidor.

El estancamiento del complejo sojero en Argentina Foto: Cedoc Perfil

Mientras millones de personas miran en vivo a un influencer chino vender alimentos recitando poesía clásica y hablando de filosofía, Argentina todavía piensa su vínculo comercial con China en términos de toneladas exportadas.

La escena parece extraña para quienes todavía asocian el comercio agroalimentario argentino con granos y contratos mayoristas. Pero resume bastante bien la profunda transformación del gigante asiatico: China ya no solo compra alimentos; también consume confianza, trazabilidad, experiencia, identidad, certificación de origen y construcción de marca.

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Uno de los casos más emblemáticos de este nuevo escenario es el de Dong Yuhui, un influencer chino que revolucionó el livestreaming agroalimentario. A diferencia del modelo tradicional de ventas online basado en descuentos agresivos, Dong Yuhui construyó una comunidad combinando comercialización de alimentos con contenido cultural, literario y aprendizaje bilingüe. El 9 de enero de 2024, en su  transmisión "Walking with Yuhui", alcanzó una facturación de 150 millones de yuanes, el equivalente a cerca de 22 millones de dólares, con decenas de millones de espectadores conectados simultáneamente. Su modelo, definido como "comercio electrónico + significado", es estudiado hoy en China como una práctica reproducible para expandir productos regionales, y demuestra que el consumidor chino está dispuesto a pagar más por productos que vengan acompañados de un relato sólido y garantías de trazabilidad.

Lejos de ser una excentricidad aislada, el fenómeno refleja el cambio estructural que atraviesa el mercado chino. El comercio electrónico agroalimentario ya forma parte central del sistema de circulación y consumo del país. Plataformas digitales, compras comunitarias, logística inteligente y transmisiones en vivo conviven hoy con los mercados mayoristas tradicionales en uno de los ecosistemas comerciales más avanzados del mundo.

China sigue siendo el principal motor de la demanda agroalimentaria global. Con cerca del 17% de la población mundial, pero recursos agrícolas limitados en relación con su tamaño poblacional, el país continuará dependiendo de importaciones masivas de soja, maíz, carnes y otros alimentos estratégicos. Sin embargo, el eje del crecimiento comienza a desplazarse. El desafío ya no consiste únicamente en abastecer volumen, sino en acompañar la transformación de la demanda. El notable desarrollo económico de China ha impulsado la expansión de una amplia clase media cuyos hábitos de consumo evolucionan rápidamente. A medida que aumentan los ingresos, también lo hacen las expectativas de los consumidores, que buscan productos de mayor calidad y una oferta capaz de responder a preferencias cada vez más específicas.

En paralelo, China atraviesa una transición demográfica que también está redefiniendo la demanda alimentaria. Con una población que ha comenzado a estabilizarse y una natalidad en descenso, el crecimiento de las importaciones de alimentarias dependerá cada vez menos del aumento en la cantidad de consumidores y más de la evolución de sus preferencias. El desafío ya no pasa únicamente por abastecer una demanda masiva, sino por responder a nichos de mercado.

En este contexto, una estrategia basada exclusivamente en la exportación de commodities enfrenta grandes desafíos. La intensa competencia internacional reduce márgenes y limita las posibilidades de diferenciación. A ello se suma que China viene implementando, con relativo éxito, políticas orientadas a fortalecer su seguridad y autosuficiencia alimentaria en productos estratégicos como el arroz y el maíz, entre otros. Esta tendencia podría contribuir a moderar parte de su demanda de importaciones en determinados rubros del mercado agroalimentario.

Esto no implica abandonar las exportaciones tradicionales, que seguirán siendo fundamentales para el comercio bilateral, sino complementarlas con una estrategia capaz de identificar nichos específicos, diversificar la oferta exportable y capturar mayor valor en aquellas categorías de consumo donde la demanda continúa expandiéndose.

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La discusión para Argentina no debería limitarse a cómo exportar más, sino a cómo posicionarse mejor dentro del mercado chino. Una acción externa institucional que merece especial atención es la creación de Pabellones Nacionales en plataformas chinas de comercio electrónico transfronterizo. Estos espacios funcionan como tiendas digitales en el país, orientadas a exhibir productos importados seleccionados, reforzar la marca nacional y acercar la oferta directamente al consumidor chino urbano. Ya existen pabellones de numerosos países y durante 2026 una decena de países prevén lanzar nuevos espacios de este tipo.

Frente a este escenario, la oportunidad para Argentina no radica en competir por escala, sino en posicionarse en segmentos donde el valor se construye a partir de la calidad, la identidad y la diferenciación. En China existe un concepto que resume esta estrategia: “pequeños, pero especiales y excelentes”, orientado a desarrollar productos con características distintivas, fuerte identidad territorial y capacidad de construir marca.

La relación bilateral muestra una fuerte complementariedad: China necesita alimentos y Argentina posee capacidad para producirlos. Dicho esto, gran parte de las exportaciones argentinas continúan concentradas en materias primas y productos con escaso nivel de diferenciación, mientras otros países avanzan sobre mercados más especializados, donde el conocimiento del mercado permite capturar mayor valor. Brasil ofrece un ejemplo ilustrativo. Además de consolidarse como principal proveedor avícola de China, logró desarrollar productos orientados específicamente a las preferencias de los consumidores chinos, como la exportación masiva de patas y alitas de pollo, un producto muy valorado y ampliamente consumido en ese mercado. En este caso, la enseñanza no radica tanto en el agregado de valor industrial sino en la capacidad de identificar demandas específicas y adaptar la oferta exportadora en consecuencia.

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La reciente apertura del mercado chino para la nuez pecán argentina también muestra que existen oportunidades más allá de los productos tradicionales. En un país donde crece el consumo de frutos secos y alimentos premium, identificar y desarrollar estos mercados puede convertirse en una fuente relevante de valor para las economías regionales. Se trata de comprender mejor al destinatario del producto final y transformar ese conocimiento en una ventaja comercial.

Algo similar ocurre con la tecnología y la logística. En China, blockchain, big data, cadenas de frío inteligentes y sistemas avanzados de trazabilidad ya forman parte del comercio agroalimentario cotidiano. Para muchos compradores chinos, conocer el origen exacto de un alimento o verificar digitalmente su calidad sanitaria resulta tan importante como el producto mismo.

China continuará siendo durante las próximas décadas el principal mercado agroalimentario del mundo y la soja seguirá llenando barcos. Pero una parte creciente del valor viajará por otros canales: el conocimiento del mercado, la construcción de marca y la capacidad de interpretar nuevas demandas. Allí se jugará buena parte de la competitividad del próximo ciclo exportador argentino.

(*) Luciana Tito es licenciada en Ciencia Política (UBA), ex jefa de Gabinete de la Cancillería argentina entre 2021 y 2023 y jefa de asesores en la Jefatura de Gabinete de ministros entre 2019 y 2021.

 

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