El desvarío del escenario global bajo Donald Trump
Desde la amenaza implícita a Gran Bretaña por las islas del Atlántico Sur hasta insólitas disputas toponímicas con Canadá, la geopolítica atraviesa un período de arbitrariedad inédita. Un análisis sobre el síndrome de Hubris y el despliegue del poder en la escena contemporánea.
El panorama internacional atraviesa un momento desgarradoramente estrafalario. En las últimas horas, una filtración del Pentágono replicada por el diario The Telegraph encendió las alarmas en Londres: Estados Unidos volvió a advertirle al Reino Unido que podría retirarle el histórico apoyo diplomático en la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas.
Conviene no llamarse a engaño. Esta postura no responde a una súbita toma de conciencia de Washington respecto a que el archipiélago representa un enclave colonial inaceptable para los tiempos que corren, ni mucho menos a un gesto de benevolencia hacia la Argentina. Es, en rigor, el síntoma de la abierta pelea personal y política que Donald Trump mantiene con el gobierno británico y con el bloque europeo. Para profundizar esa brecha, la Casa Blanca aprieta donde más le duele a Londres.
Esta forma de conducir la diplomacia se enmarca en una "guerra comercial" con Canadá que linda con lo absurdo. Frente a decisiones unilaterales de mercado y provocaciones cotidianas, como rebautizar arbitrariamente el Lago Ontario como "Lago América" en los mapas, hasta figuras históricamente estridenciales del populismo local parecen estadistas rigurosos al lado de esta dinámica. La respuesta canadiense no desentona en el grotesco: la ciudadanía en Ottawa discute rebautizar la Trump Avenue como TACO Avenue, acrónimo de "Trump Always Chickens Out" (Trump siempre arruga). Dos potencias globales, pilares de la democracia occidental, enredadas en un debate de nombres de calles y lagos.
El trasfondo de esta conducta excede lo anecdótico y roza lo patológico. Con motivo del 25° aniversario de los atentados del 11 de septiembre, la organización del homenaje a las víctimas de las Torres Gemelas le recordó al expresidente que el acto en Nueva York prescinde por protocolo de discursos políticos. La respuesta fue negarse a asistir.
Cuando el ego y la compulsión por el protagonismo se colocan por encima de la memoria de más de tres mil víctimas de la mayor tragedia contemporánea en suelo americano, el análisis político tradicional queda corto. Asistimos a una exhibición del "síndrome de Hubris" potenciado a escalas insólitas, donde la desmesura y el capricho personal desplazan a la diplomacia y al sentido de Estado. Así están las cosas en el mundo.
MEG/MSS
También te puede interesar
-
Formosa en vilo: la Corte pone límites al poder eterno de Gildo Insfrán
-
El impuesto criminal de América Latina y el Caribe
-
Salarios pisados, relato positivo y el regreso de la furia presidencial
-
Milei no es judío: el peligro de confundir una parte con el todo
-
La gente vota a favor de los villanos… en Gran Hermano
-
Cómo puede ayudar Gran Bretaña a construir una economía global más justa
-
El coloquio de París y la negación del olvido
-
Las ciudades del futuro dejaron de ser una utopía
-
Terremotos en Venezuela: una psicóloga en el desastre