El Mundial de Talento ya empezó: por qué las empresas siguen contratando CEO´s para el partido equivocado
Las empresas no mueren por falta de capital. Muchas veces mueren por falta de capitanes, pero la mayoría de los boards sigue subestimando la sucesión ejecutiva. Hablan del próximo CEO cuando el CEO actual ya está agotado, cuestionado o listo para irse. Sin embargo, la sucesión real empieza mucho antes.
Mientras el mundo debate quién levantará la Copa del Mundo 2026, en las salas de directorio ya comenzó otro campeonato mucho más silencioso, menos televisado y bastante más caro: la competencia global por el talento ejecutivo.
México, Estados Unidos y Canadá serán sede del primer Mundial de fútbol organizado entre tres países. Pero el verdadero torneo internacional ya se está jugando en las empresas. Y ahí no alcanza con tener presupuesto, marca empleadora o un nombre famoso en LinkedIn.
El mapa cerebral del talento: qué sabe hoy la ciencia sobre el desarrollo de las mentes superdotadas
La pregunta que hoy define el futuro de las compañías no es quién tiene el CEO más conocido. La pregunta es mucho más incómoda: ¿tu líder pertenece realmente a la selección corporativa que tu empresa necesita para ganar el partido que viene?
Durante años, los boards construyeron sus procesos de contratación alrededor de una idea que hoy empieza a quedar obsoleta: la existencia del “líder universal”. Ese ejecutivo estrella que supuestamente podía aterrizar en cualquier industria, cualquier cultura y cualquier contexto para repetir resultados automáticamente.
En 2026, esa fantasía ya no resiste la realidad.
La aceleración tecnológica, la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica, el nearshoring, las crisis reputacionales y la presión por transformar negocios en tiempo récord cambiaron por completo el mapa del liderazgo corporativo. Ya no gana el ejecutivo con mejor currículum. Gana el que mejor interpreta el contexto.
Y ahí es donde muchas compañías siguen jugando un partido viejo.
La mayoría de los procesos de búsqueda ejecutiva todavía arrancan con la pregunta equivocada: “¿Quién es el mejor CEO disponible?”. Cuando la verdadera pregunta debería ser otra: “¿Qué tipo de liderazgo necesita esta organización en este momento?”
Los nuevos liderazgos
Porque no todas las empresas necesitan un goleador. Algunas necesitan un defensa que ordene una operación bajo presión. Otras requieren un mediocampista creativo capaz de conectar tecnología con negocio. Algunas necesitan un capitán resiliente que sostenga al equipo en medio de la incertidumbre. Y otras precisan un entrenador táctico obsesionado con governance, cultura y reputación.
El error más caro de esta década no será contratar líderes débiles. Será contratar líderes correctos para contextos equivocados.
La cultura corporativa hace con los CEOs exactamente lo mismo que el vestuario con las estrellas del fútbol: si el sistema no los sostiene, el talento se convierte en ruido.
Hoy el mapa global del talento ejecutivo empieza a parecerse bastante a una selección mundial.
México, impulsado por el nearshoring, se convirtió en el defensa central moderno del tablero corporativo. El país recibió inversiones récord, expansión manufacturera y presión operativa como pocas veces en su historia reciente. Pero el verdadero desafío no es atraer capital. Es desarrollar líderes capaces de operar complejidad real: ejecutivos que puedan hablar con un board internacional por la mañana y resolver problemas operativos por la tarde.
Las empresas invierten en la retención de personal
Brasil, en cambio, funciona como el mediocampista creativo. Su ecosistema tecnológico produjo una generación ejecutiva formada en scaleups y unicornios que aprendió a construir producto, levantar capital global y competir internacionalmente desde América Latina. El talento brasileño senior entiende escala, venture capital, tecnología y expansión regional. Su desafío ya no es generar talento. Es retenerlo.
Argentina ocupa otro rol mucho más interesante del que muchas veces se reconoce: el del capitán resiliente. Durante años, la volatilidad económica fue vista como una desventaja estructural. Hoy empieza a leerse también como una escuela de liderazgo. El ejecutivo argentino aprendió a operar bajo presión, tomar decisiones rápidas, gestionar incertidumbre y construir con recursos limitados. En un contexto global cada vez más inestable, esa resiliencia dejó de ser una rareza para convertirse en un activo competitivo.
Estados Unidos sigue siendo el goleador del sistema: veloz, agresivo y obsesionado con performance. Pero incluso ahí el modelo está cambiando. El mercado dejó de premiar exclusivamente al CEO héroe y empezó a valorar líderes capaces de construir equipos, acelerar sucesión y rediseñar organizaciones completas. La conversación ya no pasa sólo por resultados trimestrales. Pasa por capacidad de transformación sostenida.
Europa, por su parte, juega otro partido. Más táctico, más regulado y menos espectacular. Pero profundamente relevante. Governance, sostenibilidad, diversidad y reputación dejaron de ser variables accesorias para convertirse en parte central de la arquitectura de liderazgo. Europa entendió antes que muchos que el crecimiento sin sistema eventualmente se convierte en riesgo.
Lo más interesante es que la verdadera “joven promesa” del Mundial de Talento probablemente no sea un país, sino un perfil: el líder latinoamericano bicultural, digital, adaptable y capaz de moverse entre mercados emergentes y estándares globales.
Ese ejecutivo que entiende tecnología, opera bajo presión, puede trabajar con equipos multiculturales y no se paraliza frente a la ambigüedad.
Ese perfil ya no pertenece a una bandera. Pertenece a una nueva liga global.
Por eso, el gran diferencial de las compañías en esta década no estará solamente en atraer talento. Estará en diagnosticar correctamente qué tipo de liderazgo necesitan construir.
El poder de compra sigue en rojo: los empleados públicos nacionales encabezan la pérdida salarial
Una mala contratación de C-Level hoy no cuesta únicamente dinero. Puede destruir cultura, congelar sucesión, expulsar talento de alto potencial y retrasar años una estrategia de transformación.
Las empresas no mueren por falta de capital. Muchas veces mueren por falta de capitanes.
Y ahí aparece otra discusión incómoda: la mayoría de los boards sigue subestimando la sucesión ejecutiva. Hablan del próximo CEO cuando el CEO actual ya está agotado, cuestionado o listo para irse. La sucesión real empieza mucho antes. Empieza cuando una organización decide qué tipo de liderazgo quiere formar internamente para los próximos cinco años.
Las compañías que entienden esto construyen banca. Las que no, improvisan fichajes de último momento esperando que una estrella externa resuelva problemas estructurales.
Eso, casi nunca funciona.
El Mundial 2026 durará un mes. El Mundial de Talento durará toda la década.
Y en este torneo no gana necesariamente la empresa que puede pagar los salarios más altos. Gana la que entiende mejor qué partido está jugando.
(*) Mauro L'Estrange es CEO & cofounder de High Flow.
También te puede interesar
-
El número de ocupados informales subió un 11,3% en los últimos dos años
-
Carolina Manucci: “La mayor cantidad de empleo es lo que hoy está en una situación crítica”
-
Éxodo de ejecutivos de Flybondi y solo dos aviones operativos anticipan una crisis terminal
-
Caputo y Milei hablan ante empresarios que esperan señales sobre inversión, impuestos y competitividad