El Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos rige desde hace 22 años
Durante la presidencia de Patricio Aylwin, se encomendó al ministro de Hacienda Alejandro Fox potenciar el intercambio comercial entre ambos países. Nuevos negocios, intercambios, inversiones e incluso la promoción del pisco incrementron “las exportaciones de Chile a EEUU a un ritmo promedio del 7% anual”
En momentos en que se avanza con las especificaciones del acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos, vale la penaquizás recordar y analizar el Tratado de Libre Comercio (TLC) existente entre Chile y Estados Unidos, que ya lleva más de 20 años de vigencia.
Apenas asumido el presidente Patricio Aylwin en 1990, y en un contexto en el que se intentaba acelerar la reinserción de Chile en el grupo de naciones democráticas del mundo, se le encomendó al por entonces ministro de Hacienda Alejandro Fox explorar mecanismos para potenciar el intercambio comercial con los Estados Unidos.
Algo esencial para Chile, por cierto, en virtud de la decidida orientación aperturista que se le había dado su economía. Tuvieron que transcurrir tres períodos de gobierno-otros tantos en Estados Unidos-y múltiples instancias de negociación, antes de arribar por fin a la firma del tratado, tras su aprobación por parte de los Congresos de ambos países en el año 2003.
Lo primero que hay que decir acerca del TLC, amén de las naturales marchas y contramarchas que se sucedieron a lo largo del proceso, es que el balance para Chile -la economía más pequeña- ha sido muy favorable.
Desde el momento mismo de la entrada en vigor del TLC el 1ro de enero de 2004, unos 7.700 productos de origen chileno fueron habilitados a ingresar al mercado estadounidense con arancel cero. Algo así como 97% del portafolio de productos exportables de ese entonces.
La cifra se fue ampliando de modo progresivo, hasta que en 2015 se completó la liberalización total del comercio bilateral.
Entre los muchos hitos a destacar, gracias al TLC, Estados Unidos se transformó en el primer destino para la exportación de alimentos de las empresas chilenas, con envíos que alcanzaron casi US$6.000 millones en 2025. Destacando filetes de salmón, truchas, cerezas, uvas frescas, manzanas, arándanos y paltas. Estados Unidos es además el segundo destino para las exportaciones 'No Cobre 'y para las exportaciones de PYMES consideradas como una categoría.
En las dos décadas a contar desde 2003 las exportaciones de Chile a Estados Unidos crecieron a un ritmo promedio del 7% anual, y el intercambio comercial total entre ambos países supera los US$ 30.000 millones cada 12 meses.
El TLC Chile-Estados Unidos es un acuerdo amplio e integral. Consta de 24 capítulos, e incluye tópicos como acceso a mercados, reglas y procedimientos de origen, comercio transfronterizo y propiedad intelectual. Incorpora además disposiciones que fueron consideradas pioneras en su momento, en materia de medio ambiente, derechos laborales y comercio electrónico. Los objetivos centrales del TLC giran en torno a eliminar barreras arancelarias, regular el comercio de bienes y servicios, y promover la inversión.
En ese sentido, el TLC impulsó el ingreso de empresas chilenas al mercado estadounidense. Según datos de la Subsecretaria de Relaciones Internacionales de Chile (SUBREI) aproximadamente un 80% de las inversiones directas de empresas chilenas en EEUU se efectuaron luego de la entrada en vigor del tratado.
Muchas empresas encontraron en el TLC un camino para crecer en los Estados Unidos. Un caso significativo es el de Banco de Crédito e Inversiones (BCI), propiedad de la familia Yarur. BCI ingresó de lleno a Estados Unidos en 2015 mediante la adquisición del City National Bank of Florida (CNB) por casi US$ 1,000 millones. En 2017, a través de CNB se hizo con el control de Total Bank, y más tarde, en 2020 adquirió una tercera entidad, Executive National Bank con sede en Miami Dade, convirtiendo al BCI en un jugador regional de envergadura.
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BCI no sólo es uno de los bancos más importantes de la Florida, sino que se ha transformado en una puerta de acceso tanto para personas como para empresas chilenas que buscan invertir, exportaro expandir sus negocios en el mercado estadounidense. Generándose un auténtico círculo virtuoso que potencia oportunidades para todas las partes. BCI tiene unos US$90.000 millones en activos y cotiza en la Bolsa de Santiago.
Otras empresas, en cambio, han aprovechado el TLC para estar más cerca de sus clientes. Un caso interesante es el de Agrosuper, gigante chileno de los alimentos. La compañía, un gran productor de proteína animal, es responsable por casi el 30% de las importaciones totales de carne de pollo de los Estados Unidos.
Mantiene oficinas comerciales en ciudades como Atlanta y Los Ángeles, además de equipos, en estados como Florida y Texas. Gracias a esta profusa red local que incluye relaciones comerciales con cadenas de restaurantes y bares, Agrosuper ha conseguido la increíble hazaña de posicionarsecomo uno de los proveedores más importantes de ‘alitas de pollo’,alimento que los estadounidenses consumen de manera voraz, en especial durante la temporada alta de futbol americano, y sobre todo en los días del famosísimo Super Bowl.
Según datos de Agrosuper, sóloentre octubre de 2025 y enero de 2026, exportaron a Estados Unidos el equivalente a casi 60 millones de alitas de pollo.Este tipo de acciones les ha permitido un fortalecimiento constante de su negocio internacional, haciendo a la empresaaún mucho más sólida.
BCI tiene unos US$90.000 millones en activos y cotiza en la Bolsa de Santiago"
En 2025, Agrosuper facturó US$ 4.650 millones. Otras empresas, al ver que su mercado local en Chile les queda pequeño, o bien que se ralentiza su crecimiento, ya sea por circunstancias de índole económica o política, miran a Estados Unidos a través del TLC como una alternativa para apuntalar sus negocios, diversificar riesgo y canalizar inversiones. Ocurre con varios jugadores del sector inmobiliario y financiero.
Un caso destacado es el de Drake Real Estate Partners (DREP). Los hermanos Felipe y Nicolás Ibañez, históricos empresarios del negocio de los supermercados en Chile acordaron la venta de su cadena D&S a Walmart allá por el año 2009. Tiempo después, Nicolas Ibañez Jr. apuntalado inicialmente por fondos familiares, fundó en 2012 DREP como una compañía de administración de activos y real estate con base en Nueva York.
Se sumaron luego otros family offices chilenos, y más adelante inversores institucionales internacionales, incluyendo a las compañías de seguros chilenas. Con cinco fondos levantados, US$ 1.400 millones de capital, y US$ 3.200 millones invertidos en más de 180 activos de real estate, DREP se ha convertido en un vehículo relevante para direccionar ahorro chileno hacia los Estados Unidos
Como se ve, un TLC no es tan sólo un esquema de reglas para intercambiar bienes y servicios. Un tratado de esta magnitud conlleva implicancias profundas en materia de vinculaciones políticas, humanas y culturales, que repercuten de manera integral en la relación entre las comunidades de los países involucrados. Y más si se trata de un acuerdo con la primera potencia del planeta.
Al existir un TLC operativo se suele privilegiar la cooperación entre las partes; las normas tienden a converger a medida que la confianza entre personas, empresas e instituciones de uno y otro país crece al ritmo de nuevos negocios, intercambios, relaciones e inversiones.
Cuestiones como transferencia de tecnología, adopción de mejores prácticas, eliminación de doble tributación, acceso a mejores condiciones de financiamiento o inclusive la búsqueda de socios empresariales estratégicos, empiezan a formar parte de la conversación habitual.
Una derivación adicional es lo que se podría denominar efectos de segunda generación, es decir ventajas o beneficios indirectos que emergen como consecuencia de una relación comercial privilegiada. Y que a veces no se visualizan con claridad en un comienzo. Aspectos como seguridad energética, acceso prioritario a vacunas en una pandemia, o exención de visas para ingresar a ese país asociado, por citar algunos ejemplos.
Por último, no se puede soslayar el rol clave de ProChile como facilitador de un entramado de relaciones como el aquí descripto. La agencia gubernamental, que cuenta con decenas de oficinas alrededor del mundo, tiene presencia en Nueva York, Miami, Los Ángeles y Washington DC, desde donde brindan asesoramiento, organizan eventos y misiones comerciales, proporcionando inteligencia de mercados, y acceso a redes de contactos para cientos de empresas chilenas que buscan exportar y concretar negocios.
En 2023, en conmemoración de los 200 años de relaciones diplomáticas, y los 20 años de vigencia del TLC entre ambos países, ProChile llevó adelante más de 40 iniciativas en diferentes ciudades de Estados Unidos.
Entre ellas, la promoción del pisco chileno en el ‘Spring Cocktail’ organizado por la Cámara de Comercio Chileno Norteamericana en Nueva York; un encuentro de degustación y promoción con productores de vino de nicho e importadores de la ciudad Los Ángeles; o la participación de un grupo de 9 startups tecnológicas chilenas en la feria eMerge Americas de la ciudad de Miami.
*PIFG – UAI (Chile)
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