OPINIóN
MIRADAS

Acuerdo comercial con Estados Unidos: Apertura selectiva y alineamiento internacional

El acuerdo no parecería implicar una apertura de magnitud suficiente como para modificar de manera significativa el volumen del comercio bilateral. No obstante, podría contribuir a reducir fricciones regulatorias y mejorar el acceso a determinados nichos de mercado.

Javier Milei con bandera de EEUU 02112025
Javier Milei con bandera de EEUU | AFP

El acuerdo comercial con Estados Unidos establece un esquema de liberalización bilateral que combina reducciones arancelarias con compromisos regulatorios, comerciales y de inversión. En el caso argentino, la Constitución Nacional exige su remisión al Congreso. Dado que ya no puede ser tratado en sesiones extraordinarias, el debate legislativo no podría iniciarse antes de marzo.

En materia de bienes, Argentina eliminará completamente los aranceles para determinadas importaciones, reducirá otros al 2% y mantendrá algunos bajo el régimen de Nación Más Favorecida (NMF). A su vez, numerosos productos estarán sujetos a cuotas de administración, entre las que se destacan la carne vacuna (80.000 toneladas anuales), el vino (80.000 litros por año) y los vehículos automotores (10.000 unidades anuales). Además, el país dejará de aplicar el impuesto estadístico a las importaciones provenientes de Estados Unidos en un plazo máximo de tres años.

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Por su parte, Estados Unidos eliminará aranceles para determinadas exportaciones argentinas, otorgará una tarifa recíproca del 0% a un conjunto de productos y fijará un techo arancelario del 10% para el resto. El acuerdo abarca 1.675 líneas arancelarias que quedarían sujetas a arancel cero. No obstante, en una proporción significativa de los casos el beneficio resulta acotado. En particular, 807 líneas están identificadas como Pharma, lo que restringe la preferencia a productos no patentados en Estados Unidos; 553 corresponden a la categoría Aircraft, donde el arancel cero aplica únicamente a bienes vinculados a la aviación civil; y otras posiciones aparecen bajo la categoría Ex, que limita el beneficio a productos específicos dentro de subpartidas más amplias. Adicionalmente, se ampliará la cuota anual de exportaciones de carne vacuna desde 20.000 a 100.000 toneladas.

El acuerdo incorpora, asimismo, compromisos orientados a reducir barreras no arancelarias. Argentina deberá:
i) eliminar las licencias no automáticas o convertirlas en automáticas para bienes estadounidenses;
ii) reconocer estándares técnicos estadounidenses o internacionales sin exigir procedimientos adicionales de evaluación de conformidad;
iii) garantizar que las medidas sanitarias y fitosanitarias no operen como restricciones encubiertas al comercio;
iv) aceptar certificados sanitarios de Estados Unidos para la importación de productos cárnicos y avícolas.

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En sectores específicos se prevén mecanismos de convergencia regulatoria. El acuerdo también aborda otros aspectos relevantes, tales como: i) propiedad intelectual; ii) empresas estatales, que no podrán discriminar contra bienes o servicios estadounidenses; iii) servicios e impuestos digitales; iv) estándares laborales, obligando a prohibir la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso u obligatorio; y v) inversiones, en cuyo marco Argentina se compromete a permitir y facilitar inversiones estadounidenses en sectores estratégicos —minerales críticos, energía, telecomunicaciones, transporte e infraestructura— bajo un trato no menos favorable que el otorgado a inversores locales.

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Desde el punto de vista financiero, enero mostró un desempeño sólido de los activos locales, con una compresión del riesgo país cercana a los 70 puntos básicos. Sin embargo, en febrero esta dinámica se revirtió parcialmente, con una primera semana marcada por correcciones y mayor cautela. El buen desempeño de enero estuvo acompañado por un contexto externo favorable, caracterizado por la debilidad del dólar y un mayor apetito por activos emergentes. No obstante, el escenario comenzó a cambiar a comienzos de febrero, con un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y una rotación en los mercados globales. En Estados Unidos, las acciones registraron una salida parcial del sector tecnológico tras la publicación de balances, en paralelo con anuncios vinculados a un ambicioso plan de gasto en infraestructura y desarrollo de inteligencia artificial. A ello se sumaron ventas en criptomonedas y metales preciosos.

En este contexto, el mercado argentino —de bajo volumen y alta volatilidad— amplificó los movimientos externos, y los principales activos mostraron variaciones semanales negativas. Aun así, algunas señales continúan siendo positivas. El BCRA siguió acumulando reservas por más de USD 317 millones en el arranque de febrero, mientras que el tipo de cambio mantuvo una dinámica descendente (-0,1% para el dólar mayorista y -0,8% para el MEP). La deuda en pesos exhibió una leve compresión y la curva CER también mostró mejoras, incluso pese a los anuncios vinculados a la postergación de la nueva metodología del IPC.

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En síntesis, el acuerdo no parecería implicar una apertura de magnitud suficiente como para modificar de manera significativa el volumen del comercio bilateral. En relación con las exportaciones argentinas, más allá del caso de la carne vacuna —donde la ampliación de la cuota podría tener un impacto relevante—, la liberalización luce focalizada y, en varios casos, condicionada por limitaciones de alcance. No obstante, podría contribuir a reducir fricciones regulatorias y mejorar el acceso a determinados nichos de mercado. En cualquier caso, el acuerdo no debería analizarse de forma aislada, sino como parte de una estrategia más amplia de apertura económica.

Desde una perspectiva más general, los compromisos asumidos en materia regulatoria, de inversiones y de alineamiento normativo sugieren una profundización del vínculo económico con Estados Unidos que trasciende el comercio de bienes. El entendimiento se inscribe en una estrategia de acercamiento bilateral orientada a fortalecer la relación con Washington y a consolidar apoyos externos en el frente financiero y geopolítico. En este sentido, el acuerdo puede interpretarse menos como un instrumento estrictamente comercial y más como una señal de posicionamiento internacional.

Por último, en el corto plazo el objetivo continúa siendo sostener tasas reales elevadas y priorizar el proceso de desinflación. Dado que se anunció que no se planea retornar al mercado internacional de deuda, será clave monitorear la acumulación de reservas del BCRA, especialmente de cara a la cosecha gruesa, ya que de ello dependerá el cumplimiento de los próximos vencimientos.

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