¿Republicanismo gorilista o republiqueta libertaria?
Hay una polarización discursiva tan avanzada, “naturalizada a tal extremo que castiga la moderación, el acercamiento y el debate”, sostiene el autor.
Si el gobierno de Javier Milei tuvo una virtud fue desenmascarar a aquellos dirigentes que dicen ser republicanos. Si algo trajo a la luz es que decir republicano es un disfraz que porta el antiperonismo más rancio. Ese que con tal que no gane el peronismo es capaz de votar a un libertario.
Ya el politólogo Martín D´Alessandro planteaba antes de las elecciones legislativas el dilema de un polo antiperonista que tenía que soportar una liturgia populista. El mismísimo Natalio Botana advierte peligrosamente los efectos nocivos de la polarización discursiva, esa que llama a odiar a periodistas y críticos. Esa que arma shows televisivos porque da rating. Esa misma polarización que se viene naturalizando a tal extremo que castiga la moderación, el acercamiento y el debate.
Semanas atrás el Jefe de Estado llamó a odiar a periodistas en un colegio secundario de gestión privada. Eso que se llamaba adoctrinamiento, ciertos republicanos lo llamaron genuidad. “Es parte de su personalidad” argumentó en defensa al presidente la Diputada Sabrina Ajmechet, alguien que supo horrorizarse cuando otros dirigentes también populistas atropellaban la institucionalidad.
Republicanismo versus aceleracionismo: efectos en la democracia y los jóvenes
Pero entonces, ¿bajo qué ropaje se puede ser republicano si no se respeta una ley? ¿Cómo se hace para ser republicano si no se respeta uno de sus pilares constitutivos, la división de poderes, al no respetar un fallo judicial como el que la Justicia le obliga al Gobierno a cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario?
¿Bajo qué ropaje se puede ser republicano si no se respeta una ley?"
Pues bien, la respuesta perfecta que encuentran es el antikirchnerismo. Solo eso. Sí, hay que hacer justa mención de un sector verdaderamente republicano, que no se subió al tren del poder populista y sigue sosteniendo sus banderas. Ese sector, por cierto hoy minoritario pero no por eso valiente, que mantiene la coherencia, algo que muchos dirigentes políticos la perdieron.
Por último, otro hecho que trajo Milei es mostrar lo atractivo que es el populismo. Es una tentación en la que muchos caen, inclusive los que pretendieron ser en un momento la voz moral que a esta altura le podemos decir, moral republiqueta.
También te puede interesar
-
Laboratorio de todas las cuestiones
-
Europa bajo experimento: el caso argentino
-
7 de octubre en primera persona
-
Así fue el día en que Franco y Hitler estuvieron frente a frente
-
Marihuana, hipocresía y consumo
-
Bullrich vuelve a diferenciarse de Milei y da la impresión de que está intentando construir una candidatura
-
Una nación que vela por su santo: en recuerdo del cardenal Aloisius Stepinac
-
Argentina: error estableciendo una conexión con la realidad
-
El desafío de votar sin profanar la esencia democrática