El aceleracionismo y capitalismo de plataformas respecto del republicanismo democrático son absolutamente incompatibles por varias razones, al menos si lo planteamos desde una perspectiva de teoría normativa y esto pueda tener un correlato de teoría aplicada.
Por esto, el contrapunto estará planteado entre Philip Pettit y Nick Land o el republicanismo vs. aceleracionismo y sus efectos en la democracia y juventudes.
Partiremos de la base de que para todo republicano los monopolios de poder y opacidad no se llevan bien con la visión del control omnímodo del poder y menos si hablamos de organizaciones tecnológicas que se sustraen de modo formal, en más de una ocasión por negligencia política, o informal en la mayoría de las veces dada la novedad constante que aqueja a la posibilidad de escrutinio del pueblo cualquiera sea la forma de relacionamiento y consumo.
Aún, cuando alguien argumente que son organizaciones exitosas por que la gente valida sus productos al adquirirlos aquí no hablamos sólo del mero consumo, hablamos de control y crítica a diseño de plataformas, aplicaciones y entornos o ecosistemas en los que nos sumergen sin poder disentir por sus efectos o negarse a la utilización de estos por sus implicancias sociales, producto de la mimesis conceptual, como punto de partida desde la que se construyen aplicaciones y ecosistemas.
Es decir, en Silicon Valley y otros puntos como en la actualidad, distante como China, no hay meros proveedores de servicios de y para
un mercado libre. Producen en un mercado como agentes en su mayor expansión dominante. Cuasi hegemonías digitales podría decir la teoría de las relaciones internacionales, parafraseándolos.
Por ende, el punto de partida de esta perspectiva es que se repelen las visiones de republicanistas como Pettit y aceleracionistas y
expansionistas comunitarios como Land.
Si seguimos y sostenemos esta posición entonces podemos proponer para el debate al menos algunos puntos claves para la democracia
deliberativa republicana en la que la libertad de no dominación se pueda encontrar al menos anulada en buena medida o intervenida por el ecosistema de plataformas y aplicaciones por arbitrariedad y desigualdad en las relaciones entre agentes.
Por esto, no es un debate simplemente sobre el uso de un smartphone o aplicación lo que nos interviene en la libertad e igualdad sino el
ecosistema y ajuste de expectativa que se retroalimentan desde un diseño algorítmico y algorítmico dado que nos induce a un ritmo
frenético de consumo irreflexivo por momentos e información o infotainment, como diría la comunicación, y politainment como diría la
política actual.
Este marco macro interpretativo nos lleva entonces a pensar en cómo visiones contrapuestas ponen en tensión a la democracia y economía, y en especial a un sector etario también, connatural a la crisis identitaria pero que de ahora en más y de cara al futuro nuestra
muchos más alertas que debemos atender: las juventudes.
En este sentido, en un capitalismo de plataformas (véase a Land pero también a Nick Srnicek) poco claro en materia regulatoria pero además con un Estado debilitado por sus regulaciones a destiempo en materia de datos personales, consumo e IA, la libertad como no dominación se sujeta a determinaciones unilaterales de plataformas que precariza el empleo, y principalmente el primer empleo, a modo de ejemplo.
A esto, sumamos que la transparencia como valor rector sobre el ejercicio del poder que el republicanismo alienta nos encuentra con
espacios neo feudales en donde la ciudadanía se tiñe de opacidad y se resume en un cliente pasivo y sin voz ni voto, sólo acepta o queda afuera del consumo. El Homo Videns se quedó corto en los efectos ante estos nuevos fenómenos.
En términos de Pettit, se pierde el valor de la figura del ciudadano exigente participativo que además actúa como crítico redactor o editor
de las reglas de juego político y consumo de los términos y condiciones económicas y en todas sus actuaciones o potenciales
ámbitos de actuación, que se deriven de estas.
Sin perjuicio de lo anterior, hay un punto de encuentro con una vertiente del aceleracionismo porque no es una corriente de
pensamiento único a partir de Benjamin Noys, Mark Fisher, Alex Williams y Nick Srnicek.
Ese punto de encuentro lo proponen parcialmente Williams y Srnicek mediante una renta básica universal como la que hacen Daniel Raventos desde el republicanismo. Aquí, no se analizará esta cuestión dado que excede el objeto del artículo pero pensemos que desde Hayek a Altman y Musk lo consideran como un efecto posible, razonablemente evaluable, por motivos distintos desde ya.
En este caso, los motivadores de la perspectiva aceleracionista la ven necesaria por efectos benéficos propios del aceleracionismo en el
capitalismo y los beneficios que traería la potencialidad de los algoritmos y la liberalidad de la no dominación que esto traería
potencialmente a lo rutinario. Es una hipótesis que la economía de distintas corrientes aún no resuelve.
Finalmente, no dejemos de lado a Cass Sunstein en ayuda de la posición republicana en pos de obligar por ley de transparencia activa digital y datos personales que busquen evidenciar diseños y propósitos revelados de estas fórmulas, además de romper monopolios económicos y que internet y aplicaciones intensivas no nos sumerjan en cámaras de eco o el famoso efecto burbuja que tan bien observó Eli Pariser.
Si a esto, en líneas generales, se somete la democracia republicana, pensemos nuevamente en el corte o grupo etario más débil en materia de construcción de identidad, formación laboral y experiencia cívica: las juventudes.
El impacto sobre ellos no será menor y quizás no tenemos noción si a esto sumamos el reciente debate de déficit demográfico por
natalidad que ya tiene voces dispares en Argentina.
Este sector entonces, es en el presente y será en el mediano plazo el sector más afectado por el aceleracionismo irreflexivo o no regulado de modo protectorio en pos de acrecentar el desarrollo cognitivo por consumo sin refreno, más violencia, sesgos y discriminación entre otros factores.
Casi que estamos ante las puertas de nuevas categorías de análisis sociológico y de teoría de la comunicación sobre juventudes que
denominaremos aquí bajo un consumo riesgoso: fluxívoro y semiófago. Acciones de juventudes fluxívoras por la continuidad del flujo
informativo estructural y semiofagas por el consumo de signos masivos. Nuevos fenómenos, nuevas categorías de flujo y conocimiento y
asimilación de datos. Quizás hay que volver a Gilles Deleuze y Félix Guattari, entre otros, a buscar las bases.
Si lo anterior, desde perspectivas teóricas en debate y perspectivas de estudios aplicados que deben ampliar sus categorías para dar cuenta de la realidad nos encuentran a todos ante un problema social no menor es clave entonces pensar nuevamente en el capitalismo de plataformas, o formas futuras novedosas en su formulación, en el republicanismo deliberativo, sus marcos reflexivos e innovaciones, en los efectos sobre la vitalidad y la calidad de nuestra democracia y volver sobre los efectos en las juventudes y sectores con baja calidad educativa y ética en tecnología, los cuáles son actores claves en este planteo dado que son agentes propios del ecosistema digital y el futuro político al que no queremos llegar con otro déficit más en materia de desarrollo e integración social.
Todo esto, con el dato consistente y en el contexto de los resultados de desempeño en las evaluaciones PISA. No es poco, es mucho y
preocupante.