“Yo nunca lo toqué, pero nadie lo dijo”: el reproche de Lucas Pertossi a sus amigos
Desde la cárcel de Melchor Romero, Lucas Pertossi rompió el silencio y eligió tomar distancia del resto de los rugbiers condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa, ocurrido en Villa Gesell en enero de 2020. En la entrevista cuestiona la estrategia de defensa conjunta, insiste en que su rol fue distinto y asegura que no participó de la golpiza. Habla de aquella noche en Villa Gesell, del momento en que la policía les dijo que habían matado a un joven y del peso de una condena que busca revertir en la Corte Suprema de Justicia.
En el encierro, donde el tiempo suele aplastar cualquier intento de reconstrucción, Lucas Pertossi eligió hablar. No lo hizo en el documental que volvió a instalar el caso en los medios, pero sí en una entrevista desde la Unidad 61 de Melchor Romero. Allí, lejos de la escena pública que lo condenó junto al resto, buscó una línea propia: despegarse del resto de sus amigos condenados.
“Me sentí muy mal defendido. La estrategia (judicial) fue todos juntos, en bloque, pero no todos hicimos lo mismo ni tuvimos la misma participación”, dijo en una entrevista con el periodista Mauro Zeta, marcando una ruptura con la defensa que llevó adelante el grupo durante el juicio.
La frase no es menor. En el expediente, Pertossi fue condenado a 15 años de prisión como partícipe secundario. No integra el grupo de los cinco que recibieron prisión perpetua como coautores del homicidio doblemente agravado. Sin embargo, su condena se construyó en el mismo proceso y bajo una estrategia común.
Desde ese punto, el joven intenta instalar otra lectura de los hechos. “Yo nunca lo toqué, pero nadie lo dijo”, afirmó al referirse al ataque que terminó con la muerte de Fernando Báez Sosa en enero de 2020, a la salida del boliche Le Brique, en Villa Gesell.
La reconstrucción judicial probó la agresión grupal, el ataque a traición y la participación de todos los imputados en distintos roles. Pero Pertossi insiste en que su intervención fue distinta. “Es terrible lo que pasó, pero no hubo ningún plan de matarlo. Fue una pelea que terminó en tragedia”, sostuvo.
En su relato aparece un lugar incómodo, pero también una admisión. “Yo no me peleaba. Lamentablemente, cosa de lo que también me arrepiento, me dedicaba a grabar”, dijo.
Ese registro, de hecho, fue una de las piezas claves de la investigación.
El momento de la detención, en cambio, aparece como un quiebre personal. “Cuando dijo ‘ustedes mataron a un pibe’, se me cayó el mundo entero”, recordó sobre la intervención policial en aquellas horas posteriores al crimen.
A más de cuatro años del hecho, su situación judicial volvió a moverse. Su nuevo abogado presentó un recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para intentar anular la sentencia. El planteo gira en torno a un eje central: la supuesta “indefensión manifiesta” derivada de haber compartido defensa con el resto de los imputados.
Según esa estrategia, nunca hubo una diferenciación clara entre quienes ejecutaron los golpes fatales y quienes –como Pertossi sostiene– tuvieron un rol secundario. En ese sentido, la defensa lo describe como un actor “periférico”, con una participación limitada y, en términos jurídicos, incompatible con un plan homicida.
También introduce otro argumento: la “desvinculación temporal y espacial”. La hipótesis es que las imágenes mostrarían que Pertossi se retiró antes de que finalizara la agresión, un punto que, de prosperar, podría modificar la valoración de su conducta.
En el documental de Netflix –que recoge los testimonios de otros seis acusados–, las versiones de los rugbiers no son calcadas, pero comparten un eje: el intento de explicar –o atenuar– lo ocurrido.
Los hermanos Luciano y Ciro Pertossi, por ejemplo, hablaron de las consecuencias del caso.
“Era mucha angustia. Me hace mal pensar en mi papá. Nunca en mi vida pensé en poner a mi familia en una situación así”, dijo Luciano. Ciro, en tanto, fue más directo: “Nosotros ya estábamos condenados de antes. Era imposible que de ahí saliéramos con algo a favor”.
En la misma línea, otros condenados apuntaron al contexto de aquella madrugada. “Era de madrugada y estábamos borrachos. Ninguno tenía en la cabeza lo que había pasado”, sostuvo Ayrton Viollaz. Enzo Comelli, por su parte, dijo: “Estoy muy arrepentido de todo lo que pasó, 100%. Y me voy a arrepentir siempre”.
Lucas, que recién ahora decidió hablar, cumple la condena en un régimen distinto al de los coautores. Comparte el peso del caso, pero intenta correrse de su núcleo más duro.
Lo que dijo Thomsen
Máximo Thomsen, uno de los condenados a prisión perpetua, fue una de las voces centrales del documental de Netflix sobre el caso. Allí expuso su versión sobre la noche del crimen y el impacto posterior.
“No quería que me venga a ver nadie porque tenía mucha vergüenza. Mi mamá me decía: ‘Yo sé que vos no hiciste nada’, pero le dije: ‘Mamá, estuve ahí. No quiero que te lleves ninguna sorpresa’”, afirmó.
También se refirió al momento del ataque: “Sentí dos golpes y uno de los chicos me ayudó a levantarme. Me dejaron en la rampa de la salida de emergencia. Mi conflicto fue con los de seguridad, en ningún momento miré quién estaba peleándose o algo”.
Sus declaraciones se suman a las de otros condenados que, años después del hecho, intentaron dar su versión de lo ocurrido. El documental reconstruye la secuencia del crimen, el juicio y el impacto en las familias, en uno de los casos más conmocionantes de la historia reciente.
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