Paolo Rocca apuesta a la alianza con Estados Unidos para revivir sus negocios en la Argentina de Milei
Nadie logró convencer al magnate ítalo-argentino, de abandonar la producción de acero y ceder ante China el centro de la guerra comercial. El dueño de Techint afronta una nueva crisis industrial en Argentina y afronta un nuevo desafío para su poderío económico global. Cerca del empresario dicen que existe una línea que el Presidente libertario tiene que respetar para no dejarlo en los brazos de la oposición empresaria: ponerle freno de mano al éxodo de los dólares que genera el país, pero en alianza con la gestión de Donald Trump. Venezuela y el caso SIDOR.
Quienes conocen los negocios de la multinacional argentina Techint aseguran que el acero no sólo es el corazón de su funcionamiento, sino que es gran responsable del poder que tiene en el mundo. La T ocupa un lugar dentro del exclusivo club de 30 empresas que más acero producen en todo el planeta. Y si bien fue uno de los primeros en apostar al gas no convencional de Vaca Muerta desde Fortín de Piedra, casi el 85% de sus negocios provienen de la producción de acero. No hay nadie que logre convencer a Paolo Rocca, el magnate ítalo-argentino, de abandonar ese escenario y ceder ante China el centro de la guerra comercial.
Aun resta saber cómo cierra el 2025, pero los números correspondientes al tercer trimestre del año recientemente pasado de Ternium Argentina (la división de aceros planos y largos de la T) no se ven nada bien. Muestran que, si bien la producción creció un 14%, hubo un fuerte impacto negativo por un cargo de $118.400 millones por impuesto diferido. Esto se debió a que la depreciación del peso superó al ajuste por inflación impositivo, afectando contablemente el resultado neto. Lo que implicó que la baja inflacionaria en pesos de la estabilidad macroeconómica no le permitió esquivar el atraso cambiario y su consecuencia en los costos.
Paolo detesta el alineamiento con EE.UU. y, a la vez, el pragmatismo con China.
Ahí uno de los nudos de la tensión que Rocca mantiene con el plan libertario. La administración económica de Luis Caputo se encargó de demonizar a la producción nacional como responsable de la inflación y se apalancó en la importación para domar los precios en pesos, aun a costa de la destrucción de puestos de trabajo, el achique o cierre de fábricas y el debilitamiento al máximo de la cadena de valor local. Pero la multinacional de acero no patalea por el libre comercio, sino que detesta la doble vara que usa el Gobierno para alinearse al discurso político de Estados Unidos y, al mismo tiempo, al pragmatismo comercial con China.
El cambio de modelo económico de la Argentina tuvo un antecedente cercano: la gestión de Mauricio Macri logró hacer crujir a la industria nacional con un crecimiento de la participación importada en la cadena de valor de las fábricas nacionales, y una presencia de productos chinos como factor destacado. Pero la falta de dólares y la crisis política pusieron en stand by ese proceso. Desde la llegada de Javier Milei al poder, el plan de desindustrialización se empoderó y logró dividir al establishment local, que en general respaldó la estabilización macro y abrazó las ideas libertarias, pero que se vio impactado de manera negativa en los negocios.
Quienes conocen de cerca a Rocca dicen que existe una línea que Milei tiene que respetar para no empujarlo a la oposición empresaria: ponerle freno de mano al éxodo de los dólares que genera el país, en alianza con la gestión de Donald Trump, estrangulando al máximo la importación desde el gigante asiático. “Lo que estamos viendo en reacciones de comercio no es una pequeña cuota o dumping: estamos viendo tasas arancelarias del orden del 50% o 100%, cosas que no se veían desde 1960. Empezó en Estados Unidos, siguió por Canadá, México”, sostuvo el presidente de Ternium Argentina, Martín Berardi, casi un confesor de Rocca.
Como adelantó PERFIL, uno de los puntos que podría marcar un quiebre con el entorno libertario sería la licitación de tubos que unirá Vaca Muerta con el Golfo de San Matías, para exportar Gas Natural Licuado (GNL) vía buques. San Matías Pipeline, el Vehículo de Proyecto Único (VPU) que presentó ante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) el proyecto para la compra de los 480 kilómetros de caños para el gasoducto, ya abrió los sobres de las ofertas y en los próximos días se conocerá al ganador.
Techint conoce la situación caribeña desde que Hugo Chávez expropió la siderúrgica SIDOR
Allí se notó la grieta empresaria: Rocca presionó para que la producción sea nacional y poder sostener a la cadena de valor local que abastece a la empresa SIAT (que pertenece a la T) e incluso mantener con vida a la fábrica ubicada en Lanús, emblema de la multinacional argentina. Pero el pool de empresas bajo el paraguas de Southern Energy (SESA) espera ganar competitividad con el menor costo posible, para hacerle frente a un mercado inestable, en término de precios. Los primeros rumores señalan que China o India se quedarán con la producción.
Pero la amenaza de cerrar SIAT, que habían dejado correr desde la empresa, en realidad no es la carta más importante que tiene Rocca. Los ojos están puestos en el acuerdo comercial que la Argentina de Milei quiere firmar con los EE.UU. de Trump, en donde la presencia china debería estar cada día más diluida para evitar la fuga de dólares hacia el gigante asiático. El Grupo Techint se alineó de manera contundente con occidente en su guerra comercial, y el accionar del presidente estadounidense convalidó su discurso antichina.
“Nadie habla de no competir con el mundo. Siempre los proveedores locales compitieron con los internacionales, en la cadena de abastecimiento, y por eso tienen altas exigencias de costos y producción. Pero China es otro partido, porque el objetivo de las empresas de ese país es inundar de acero el mundo, apalancadas por el Estado, y así ganar la guerra del comercio mundial. Eso es ilegal en el capitalismo”, admitió a PERFIL una fuente cercana a la máxima conducción.
Paolo Rocca dejó de hablar de manera directa con Milei, casi desde el inicio de la gestión. Supo elogiarlo en público y repite el agradecimiento por la estabilidad macroeconómica y la libertad de funcionamiento de las empresas. Está claro que se siente más cómodo en este proceso político que con el kirchnerismo. Pero, también, fue el único empresario de las grandes ligas que le reclamó al Gobierno un plan industrial, aun a sabiendas de que no existirá. Conocedor de la paciencia, al estilo chino, el mandamás de la industria argentina esperará en su lugar para ver si el escenario se mueve de manera lógica, en términos de alianzas mundiales, y refuerza su lugar oficialista. Si la opción China avanza, entonces se sabrá en la vereda de enfrente.
La zanahoria de la reforma laboral o de los guiños que benefician a Tecpetrol (la empresa energética de la T) en Vaca Muerta no alcanzarán para convencer uno de los dueños más poderosos del país. Rocca, además de hacer negocios muy rentables, es especialista en dialogar con el poder político. Macri había intentado convencerlo de dejar el negocio del acero a manos de China y concentrar todas sus inversiones en Vaca Muerta. Es claro que el expresidente no tuvo éxito.
En la madrugada del sábado 3 de enero a pocos se le escapó recordar que, ante el poderío ascendente del entonces presidente venezolano Hugo Chávez, Rocca debió enfrentar la salida de su empresa del país caribeño. Más de 15 años después se produjo el operativo de EE.UU. en tierras venezolanas, con la detención de Nicolás Maduro, el heredero de Chávez. Le llevó tiempo, pero llegó el día en que pudo ver a Trump empezar a recorrer el camino de la recomposición política y de los negocios en el país que antes la T debió abandonar. Ahora espera que esa misma alianza se concrete en los hechos en la Argentina de Milei.
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