el artista más escuchado del mundo

Bad Bunny: del Super Bowl a Buenos Aires donde anoche tuvo la primera de sus tres ‘residencias’

A cuatro años de su última actuación en Argentina, Bad Bunny dio anoche el primer recital de ‘Debí tirar más fotos’, nombre de su exitoso álbum y de su gira mundial. Su reciente show en el Super Bowl agregó una energía adicional a sus tres actuaciones que se vendieron en tiempo récord apenas se pusieron a la venta en 2025. Dentro del estadio, se montó una casa similar a la de sus treinta actuaciones en Puerto Rico y en el Super Bowl. Si bien había expectativa acerca de qué famosos argentinos estarían allí como invitados, el público solo quería ver su actuación.

Promesa cumplida. Cuando en 2025 lanzó No me quiero ir de aquí, dijo que quería volver a la Argentina. Foto: cedoc

Al cierre de esta edición, en las inmediaciones del barrio River quedaban algunos pocos rezagados que  apuraban el paso para ingresar al renovado estadio de Núñez. Adentro, el clima era por demás festivo, y con esa ostensible expectativa que genera un artista como Bad Bunny. Allí estaban  aquellos que lo siguen desde que él era uno de los latinos que tenían a la Argentina como un territorio que, por su historia musical, representaba un desafío interesante a vencer por el reconocido fervor de su famoso público. 

Con este grupo que en River, se contaba por varios miles, estaban también aquellos a quienes el efecto global que generó Bad Bunny con su show en el Super Bowl, los entusiasmaba por demás porque sabían que iban a presenciar en acción al artista internacional del momento. El de anoche fue el primero de los tres recitales consecutivos que el cantante de Puerto Rico realizará en River Plate. 

Fans. Desde que Taylor Swift dio sus recitales en River Plate en 2023, no hubo un artista internacional que provocara un seguimiento de sus fans argentinos como el que se presenció desde que Bad Bunny llegó a Buenos Aires. Eso se vio tanto en la puerta del hotel de Recoleta donde se alojó, como en el restaurante de Núñez donde lo llevaron a cenar el jueves por la noche. En cuestión de horas, ese espacio gastronómico tuvo un repercusión inusitada en las redes sociales locales e internacionales. Un claro efecto colateral que dispara un artista que está en uno de sus mejores momentos profesionales.  

Casa y escenario.  “Hay lugares que me llevo en el corazón y quisiera volver, como México, Argentina, Chile, Costa Rica, Colombia. (...) Pero ahora estoy en Puerto Rico, estoy en casa, la estoy pasando bien, y si les soy honesto, no me quiero ir de aquí”, dijo Bad Bunny cuando en su Puerto Rico natal, lanzó la residencia, titulada No me quiero ir de aquí, que es la versión en show de Debí tirar más fotos, su último álbum. Más precisamente el álbum que desde su lanzamiento, lo posicionó como artista más escuchado a nivel mundial –en Spotify–, seguido por Taylor Swift y Drake.

Esa residencia comprendieron treinta recitales que, como efecto colateral, activaron la economía local, y fueron una vidriera de “la isla” al mundo porque por esa escena pasaron  artistas internacionales invitados por Bad Bunny como, por ejemplo, Kylian Mbappé, Ricky Martin –con sus hijos Matteo y Valentino–, Penélope Cruz y Javier Bardem, Jorge Drexler, René de Calle 13, y Austin Butler. La escenografía central es una casa típica de un barrio periférico de la capital de Puerto Rico, donde Bad Bunny ubica a músicos y a sus famosos invitados. Esa misma escenografía es la que se replicó en la cancha de River pero, al cierre de esta edición, no se sabía cuál era el estado de famosos argentinos que estarán allí como invitados especiales. 

Fuera de gira. No me quiero ir de aquí representa una gira mundial con entradas agotadas que tiene una característica particular: Bad Bunny no llegará a ninguna ciudad de Estados Unidos. Esta decisión no fue por los comentarios negativos que verbalizó Donald Trump por su actuación en el Super Bowl sino porque Bad Bunny temía que sus shows en suelo estadounidense se conviertan una trampa para que los violentos integrantes del ICE (Servicio de Inmigración) detengan y deporten a latinos que viven y trabajan en Estados Unidos.  Así, el espectáculo en el Super Bowl fue –por ahora– el único del cantante en el país que hoy gobierna Trump. A una semana de sucedida, esa actuación sigue siendo analizada por fuera de los récords logrados. Muchos de esas miradas, hacen foto en la revalorización que el artista hizo de “el ser latino”. 

Bad Bunny armó una fiesta en español, mostró la esencia de los barrios latinos, sus costumbres, sus familias y recordó que América es todo un continente y Estados Unidos parte de él. Para Trump, el show fue una “afrenta a la grandeza de Estados Unidos”. Una mirada poco original porque, últimamente, todo freno a los peligrosos caprichos son “una afrenta”.