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Casi Normales Inmersivo: una experiencia teatral brillante

El musical encontró en la tecnología un gran aliado que contribuye a que el espectador, pegado a los intérpretes, entienda mejor los conflictos de los personajes en una historia conocida. Grandes interpretaciones en un venue fuera de circuito.

Casi Normales Inmersivo, en castellano. Foto: BMZ. Vivo.

La tecnología es una gran aliada del teatro cuando está bien aplicada. Pero con la propuesta de Casi Normales Inmersivo, que acaba de estrenarse en su versión en castellano, se convierte en una protagonista más de la propuesta, metiendo al espectador de lleno en el mundo de esta familia disfuncional, bien adentro. Para esto hace falta un nuevo venue, uno que esté preparado para brindar esa sensación inmersiva que se anuncia, logrando que el espectador se convierta en partícipe del dolor, las frustraciones, la esperanza con la que los protagonistas viven una historia que apenas supera la hora de duración.

Ese lugar es el  CAI (Centro Audiovisual Inmersivo), una sala muy especial instalada en el barrio de Colegiales que, no por estar alejado del circuito teatral convoca menos ya que todas las funciones están agotándose gracias a los comentarios de quienes ya vieron el musical, quienes confirmaron que se trata de una experiencia que rompe por completo la frontera entre escenario y platea. Sin embargo, no es invasiva para el espectador; un plus.
La historia creada por Brian Yorkey y Tom Kitt ya tuvo varias versiones en la calle Corrientes y es una de las favoritas del público porteño: una familia que lucha por ser “normal” a pesar de las dificultades y duelos que atraviesa. Fue una idea del creativo argentino Pablo del Campo, quien logró que los autores adaptaran la obra a este formato inédito, marcando un hito: es la primera vez que una obra de Broadway se transforma en una experiencia inmersiva de estas características. Y a fines de 2025 la llevó adelante con los intérpretes de la puesta neoyorkina, en inglés, más algunos actores locales. 

Un elenco maravilloso

Pero ahora se concretó la versión en castellano, protagonizada por figuras consagradas del teatro musical argentino como Melania Lenoir, Roberto Peloni y Mariano Chiesa, quien vuelve a interpretar el rol que ya había estrenado, esta vez de forma completamente virtual. A ellos se suma un elenco joven maravilloso, Axel Munton, Ema Gimenez Zapiola y Valentín Zaninelli.

Lenoir, que además es la directora asociada de la puesta, vuelve a conmover con su interpretación. Es la madre, la que emergente en esta situación conflictiva, la que evidencia el mayor dolor tanto con el cuerpo como con su privilegiada voz. El espectador lo siente y por eso en el final se lleva los mayores aplausos. Pero está acompañada por un elenco compacto, sólido, que se entrega a sus personajes tanto como ella.
Roberto Peloni es el padre, un rol un tanto ambiguo que termina flaqueando sobre el final y no llega a aprovechar todo el arco interpretativo de uno de los mejores protagonistas de musical del país. Está medido pero en su voz se nota el quiebre cuando su Dan no puede más con la situación. 

Y los jóvenes no se quedan atrás: Axel es Gabriel, el hijo añorado, aporta la fuerza que los padres no logran tener, corporiza los pensamientos y los miedos de dos adultos derrotados con gran convicción. Su hermana, encarnada por Ema, pasa por todas las emociones en el lapso de tiempo que dura la obra, y lo hace con una holgura y una profundidad sin fricciones. A su lado Valentín representa al amor, la esperanza, la posibilidad, incluso la inocencia, en una composición que hace añorar la adolescencia, esa época en la que todo es posible y nuevo.
Verlos circular entre los espectadores, interactuar con ellos y sorprender de cerca es una experiencia de buen teatro que no tiene precio. Por eso es que el boca en boca, la expectativa y el plus inmersivo hacen que la gente acuda a un lugar nuevo, poco accesible, para ser parte de esta experiencia.

El que está presente de manera virtual y que el público argentino añora es Mariano Chiesa, un intérprete versátil que logra traspasar la pantalla de la consulta por Zoom con la paciente (encarna al psiquiatra). Su intervención, gracias a la tecnología, completa de manera muy acertada esta propuesta moderna y la enaltece. 
Comencé esta critica hablando justamente de cómo la parte técnica, y la imaginación de un creativo desde ya, enaltecen este espectáculo, pero realmente el trabajo de mapping de Desilence (Tatiana Halbach & Søren Christensen) nos meten en la cabeza de la madre-paciente, en los sueños de la hija, en la desesperación del padre, en le ilusión del novio y en la presencia del hijo mayor de una manera brillante, imaginativa, moderna, liberada de prejuicios y que resume la trama para agilizar la experiencia en tiempos veloces como los actuales. Así el disfrute es completo.

El anuncio es que van a estar por unas 10 funciones más en el CAI (Jorge Newbery 3039, CABA), un espacio tecnológico de vanguardia, pero el boca en boca va a pedir más. Por las dudas no te duermas porque vale la pena vivirlo. Los días son los viernes y sábados a las 21 y los domingos a las 20. Encontrá acá más info sobre las entradas.