Hay encuentros que parecen casuales pero terminan siendo destinos. Para Mariú Fernández el descubrimiento de Amy Winehouse llegó tarde, casi por accidente, mientras giraba con Tango Feroz por Mar del Plata. "No saben la artista que descubrí", les decía a sus compañeros convencida de que esa voz poderosa y cargada de una conciencia del dolor pertenecía a una mujer afroamericana de mucha edad. La sorpresa fue doble: Amy no sólo era joven y blanca, sino que ya se había convertido en mito tras su trágica partida. Ese click inicial fue la semilla de un proyecto que hoy, una década después de su estreno en el Maipo Kabaret, florece en una versión 2026 completamente resignificada. El próximo 17 de febrero, el escenario de Bebop Club (Uriarte 1658, CABA) recibirá a Yo no soy Amy, una propuesta que se aleja de la imitación para adentrarse en la interpretación pura.

El título no es caprichoso. Mariú Fernández lo deja claro durante una entrevista exclusiva: "Soy actriz, soy cantante, soy intérprete; no soy imitadora". La obra, que recupera el libro original de Osvaldo Bazán, propone un dispositivo escénico en el que una cantante es poseída por la esencia de Winehouse justo el día de su muerte. A partir de allí, el relato fluye entre las similitudes y diferencias de ambas mujeres.
En esta nueva versión el guion ha sido intervenido para reflejar el paso del tiempo. "Hoy soy más grande -confiesa Mariú- y entiendo cosas que antes me hacían ruido". El espectáculo ahora explora zonas más íntimas, como la contención familiar -o la falta de ella- mientras Amy lidiaba con una exposición voraz y una figura paterna cuestionada. Mariú lo conecta desde su propia historia: un padre ausente y una madre que fue su gran sostén.
Evolución escénica y música inédita
La puesta 2026, bajo la dirección general de Juan José Marco, expande el horizonte teatral. Fernández ya no está sola en el relato; se suman los actores y cantantes Alejo Caride y Adrián Scaramella, quienes aportan capas dramáticas que enriquecen la narrativa. Musicalmente, el impacto está garantizado por una Big Band dirigida por Nicolás Radicchi. La formación respeta la estructura original de los shows de Winehouse (trompeta, saxo, batería, teclados, bajo y guitarra), pero con arreglos que buscan una sonoridad expansiva y envolvente.
Sin embargo, el corazón de este reestreno es la faceta compositiva de la protagonista. Por primera vez el espectáculo incluye una canción inédita escrita por la propia Mariú, un paso que no se había animado a dar en la versión original. "Siento el impulso de concretarlo ahora, trabajando con mi música y mis propias canciones", explica la artista, marcando un hito en su carrera. Aquí la entrevista completa:
Con el recuerdo de aquellas noches en La Vaca Profana -donde el boca a boca atrajo a figuras como Sandra Mihanovich-, Mariú Fernández se prepara para este regreso en Palermo. La propuesta promete ser una "invitación al viaje" durante el cual la estética, el sonido y la emoción se confabulan para recordar a una artista que, aunque se fue a los 27 años, dejó un legado atemporal. Yo no soy Amy es, en definitiva, el retrato de una búsqueda: la de una artista que admira a otra y, en ese proceso, termina encontrando su propia voz. Encontrá acá más info sobre las entradas.