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BLOOMBERG / Internacional
jueves 4 abril, 2019

Donald Trump amenaza con otra guerra comercial

Estados Unidos y la Unión Europea están prontos a iniciar sus propias discusiones sobre aranceles industriales.

Ferdinando Giugliano

President Trump Returns To White House From Florida After Release Of AG Barr's Letter Foto: Bloomberg
jueves 4 abril, 2019

Si busca el thriller que se ha robado la atención de los mercados mundiales, lo encontrará sin duda en la negociación entre Estados Unidos y China. Lo protagonizan un líder impredecible (el presidente de EE.UU., Donald Trump), un rival impenetrable (su homólogo chino, Xi Jinping) y un tema normalmente reservado y difícil de entender (las negociaciones comerciales).

Los mercados monetarios y de valores han reaccionado ante cada atisbo u olorcillo a algarabía o pesimismo proveniente de dichas conversaciones. No obstante, hay otras negociaciones a las que pocos ponen atención y que podrían ser igual de importantes para la economía mundial.

EE.UU. y la Unión Europea están prontos a iniciar sus propias discusiones sobre aranceles industriales y en teoría estos no deberían representar muchos problemas, ya que ambos bloques mantienen lazos económicos y geoestratégicos cercanos, arraigados en la creencia común en la democracia y el libre mercado. Normalmente el resultado sería una reducción de los aranceles y otras barreras, algo que sería muy bienvenido, pero en la práctica el riesgo de una guerra comercial es real.

La música ambiental no es grata. Trump ha calificado a la UE de "enemigo" y se ha quejado de que sus prácticas comerciales son "muy injustas". Una reunión de julio pasado con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se desarrolló sorpresivamente bien, pero desde entonces la tensión ha resurgido. Las negociaciones debieran comenzar pronto, pero Francia da largas al asunto también por la decisión de EE.UU. de retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Giants of Trade

Trump tiene en la mira el superávit comercial de 140.000 millones de euros (US$157.300 millones) que el bloque tiene frente a EE.UU., en particular en lo que tiene relación con las exportaciones alemanas de automóviles. En su concepto primitivo de comercio mundial, los balances comerciales bilaterales son un indicador de qué país está "ganando" y cuál está "perdiendo", no el resultado de cadenas de suministro complejas. El peligro es que Trump haga lo mismo que hizo con China: imponer aranceles a una amplia gama de productos a fin de conseguir concesiones. Esta estrategia suele generar ganancias bastante dudosas. Considere lo que sucedió con México y Canadá, en donde se eliminó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y se reemplazó con otro convenio prácticamente idéntico.

No ayuda que, a diferencia de muchos de sus antecesores, Trump tiene muy poca compasión por el proyecto europeo. Respaldó abiertamente el brexit para luego darle la espalda a la primera ministra británica, Theresa May, por su manejo de las negociaciones. También rebajó el estatus diplomático de la UE en Washington, tras lo cual terminó retractándose.

Del mismo modo, el mandatario no parece entender la forma en que funcionan las políticas comerciales en el continente. A diferencia de la inversión extranjera, que todavía es terreno de los gobiernos nacionales, es la Comisión Europea la que está a cargo de negociar y suscribir acuerdos comerciales a nombre del bloque. En 2017, el gobierno de Trump le preguntó a la canciller alemana, Angela Merkel, si ambos países podían firmar un acuerdo comercial, pero le respondieron que no era posible. Haciendo eco de la famosa pregunta de Henry Kissinger sobre a quién tenía que llamar si quería llamar a Europa, Trump tiene problemas para entender que en materias comerciales EE.UU. debe hablar con la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström.

Un conflicto comercial entre Estados Unidos y la UE sería un golpe duro para la economía europea, que está en desaceleración

Un conflicto comercial entre EE.UU. y la UE sería un golpe duro para la economía europea, que ya está en desaceleración. Las empresas están posponiendo invertir, lo que tiene sentido si anticipan que la demanda externa se contraiga. Una mayor desaceleración podría obligar al Banco Central Europeo a dar pie atrás a sus planes de ajustar su política monetaria, como ya lo hizo en parte en marzo, pero podría además socavar la confianza y causar escalofríos en los mercados financieros.

De todas formas, una guerra comercial podría también provocar daño a largo plazo a EE.UU. Cualquier arancel adicional a importaciones de la UE lo pagarían los consumidores estadounidenses y debilitaría la influencia del país en el continente, que ya da señales de desgaste. En marzo, Italia se convirtió en el primer país del G7 en unirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el controvertido programa chino de infraestructura, pese a las advertencias explícitas de Washington. Para el resto del bloque, el creciente distanciamiento de EE.UU. podría traducirse en un realineamiento estratégico más amplio.

A medida que se acerquen las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 Trump saldrá a buscar más conflictos. Cuando se acabe el entusiasmo por las negociaciones de su gobierno con China, los inversionistas deberán prepararse para un nuevo drama.

*Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.


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