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miércoles 13 febrero, 2019

Macron ya no confía en Trump para afianzar la seguridad europea

En una tarde húmeda de martes en diciembre, la mayor parte de Francia tenía su atención centrada en la crisis de los chalecos amarillos, en la que los manifestantes destrozaban París.

Helene Fouquet

President Trump Hosts French President Emanuel Macron For State Visit At The White House Foto: Bloomberg

En una tarde húmeda de martes en diciembre, la mayor parte de Francia tenía su atención centrada en la crisis de los chalecos amarillos, en la que los manifestantes destrozaban París.

Sin embargo, en su Palacio del Elíseo, el presidente Emmanuel Macron y su equipo enfrentaban una mayor amenaza al status quo, no solo en Francia, sino en todo el mundo occidental. Un contacto en la Casa Blanca había advertido a Macron que Donald Trump estaba a punto de anunciar el retiro de las tropas estadounidenses de Siria.

La decisión sería un golpe para los aliados de Estados Unidos en la Unión Europea. El riesgo era liberar a cientos de veteranos del Estado Islámico y ceder al ruso Vladimir Putin la influencia sobre el flujo de refugiados que ha provocado una reacción populista en la UE. Para Macron, aumentó su preocupación de que EE.UU. pudiera retractarse de otro compromiso más sagrado: la alianza de defensa de la OTAN.

Mientras Macron se preparaba para una llamada a la Casa Blanca esa noche, su punto de vista sobre Siria cambió cuando, después de 18 meses de esfuerzos frustrantes para atraer a Trump, se dio cuenta de que los líderes de la UE ya no pueden confiar en EE.UU. para afianzar la seguridad europea.

Este relato de cómo Macron se vio obligado a replantearse toda su relación con Trump se basa en conversaciones durante varios meses con tres personas que tienen conocimiento detallado del razonamiento del presidente.

En la llamada de diciembre, el presidente de 41 años le recordó a Trump su promesa de permanecer junto a sus aliados en la lucha contra el terrorismo y lo instó a considerar sus responsabilidades con Europa. Menos de 24 horas después, Trump anunció el retiro en un tuit.

La decisión sorprendió incluso en Washington y provocó la renuncia del secretario de Defensa, Jim Mattis. Para Macron y su círculo interno, fue un momento decisivo.

Aunque en público Macron sigue sosteniendo que la alianza histórica entre Francia y EE.UU. es demasiado profunda para verse amenazada por los desacuerdos entre dos presidentes, algo en él cambió.

El mes anterior, Trump había ofrecido garantías a Macron tanto respecto a Siria como a la OTAN durante una visita a París. Unas semanas más tarde, el compromiso sobre Siria era historia. En adelante, el líder francés asumirá que Trump está dispuesto a romper cualquier compromiso que pudiera haber hecho si decide que conviene a sus intereses.

El líder francés había invertido mucho tiempo y capital político para tratar de establecer una relación con Trump desde que llegó al poder en mayo de 2017.

Compartieron apretones de manos y charlas privadas, miraron desfiles militares y cenaron en la Torre Eiffel. Tenemos una relación muy especial, dijo Macron en abril durante una visita de estado a Washington.

Ese esfuerzo logró convertir a Macron en el tipo al que llamas cuando quieres hablar con Europa.

Los registros de llamadas de las oficinas de ambos presidentes, que a veces pueden estar incompletos, indican que los dos sostuvieron al menos 19 llamadas telefónicas el año pasado. Trump habló con Merkel solo tres veces y humilló en público a la británica Theresa May, con lo que ha dejado claro dónde se encuentra la primera ministra en las esferas de influencia de la Casa Blanca.

Pero siempre fue probable que la política de Trump de America First se convirtiera en un problema, el cual se hizo evidente a medida que Europa se vio envuelta en la ofensiva comercial estadounidense. El esfuerzo de cabildeo de Macron durante su viaje de abril a la Casa Blanca no logró evitar los aranceles al acero y al aluminio europeos. Tampoco logró mantener a EE.UU. en el acuerdo nuclear con Irán o en el Acuerdo de París.

Los registros telefónicos sugieren que la relación comenzó a enfriarse después de esa visita, y sus conversaciones registradas se hicieron menos frecuentes. Cuando Trump regresó a Francia para conmemorar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, cualquier pretensión de relación se había ido.

Macron sermoneó a Trump frente a docenas de líderes mundiales, diciendo que las naciones que ponen sus propios intereses primero han perdido su brújula moral. Trump respondió burlándose de Francia por sus derrotas militares ante Alemania.

En la trasescena, los ayudantes franceses insistieron en que los ataques de Macron contra el nacionalismo no estaban dirigidos a Trump, pero también señalaron que el líder francés estaba adoptando deliberadamente una postura más asertiva en las relaciones diplomáticas.

Personas cercanas al presidente señalaron a finales de año que su confianza en su capacidad para llegar a acuerdos con Trump se ha evaporado. Cuando se les preguntó sobre los informes en enero de que Trump había considerado retirarse oficialmente de la OTAN, una persona dijo que nada de lo que hiciera EE.UU. ahora sorprendería al líder francés.

El enfoque de Macron hacia Trump en este punto tiene más que ver con manejar la impulsividad del presidente de EE.UU. que con un compromiso genuino. Sus asesores planean su respuesta a diferentes escenarios, buscan información sobre su estado mental y su agenda personal, y tratan de averiguar cómo eso podría afectar la alianza de posguerra con Europa.

"Un aliado debe ser confiable y coordinar con otros aliados", dijo Macron desde una base militar en Mali, donde las tropas francesas están involucradas en operaciones antiterroristas. Macron dijo que lamentaba profundamente la decisión de Trump.

Después del anuncio de diciembre, Macron mantuvo la presión sobre Trump por un tiempo con varias llamadas subsiguientes, con las que intentó persuadir al líder de EE.UU. de cambiar de opinión, o al menos permitir una retirada ordenada.

La retirada final de EE.UU. aún podría demorar. Macron no ha hablado con Trump por más de un mes.

Las discusiones de Macron sobre la estrategia de seguridad francesa están ahora enmarcadas por signos de interrogación en todas las operaciones conjuntas entre Francia y EE.UU. Los dos países están luchando juntos contra los islamistas en África y Oriente Medio y combaten la piratería en el Océano Índico. Francia también apoya los esfuerzos de EE.UU. para contener los instintos expansionistas de China en el Mar de China Meridional.

El compromiso de EE.UU. con la OTAN, sin embargo, permanece incierto. En virtud del Artículo V del texto fundador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte de 1949, todos están obligados a defender a los miembros que se vean bajo ataque.

Trump se queja de que los aliados de EE.UU. no gastan lo suficiente en defensa y plantea preguntas sobre el Artículo V.

Un retiro real de EE.UU. significaría un cambio tectónico en el orden global y le daría a Putin la mayor victoria de su carrera.

Sin embargo, más recientemente, Trump ha pasado de las críticas a reclamar el crédito por lograr que los aliados europeos aumenten sus gastos de defensa. En la conmemoración del armisticio en París, en noviembre, el líder estadounidense le dijo a Macron que estaba comprometido con la OTAN. El 17 de enero, Trump dijo que respaldaba 100 por ciento a la OTAN y agregó: los aliados deberían considerar comprar misiles estadounidenses.

Pero quedan dudas. El secretario de Estado, Michael Pompeo, notificó a las organizaciones internacionales que no deberían dar por sentado el apoyo de EE.UU. durante un discurso en diciembre en Bruselas, donde la OTAN tiene su sede. Organizaciones como la UE y la ONU, dijo Pompeo, deben ser reformadas o eliminadas.

Para Macron, las dudas son suficientes para cambiar su perspectiva: una garantía de seguridad en la que no se puede confiar ya no es una garantía.

"La actitud y las declaraciones de Trump afectan la credibilidad de la OTAN como elemento disuasorio e instrumento de defensa", asegura Bruno Tertrais, subdirector de la Fundación para la Investigación Estratégica en París. "La pregunta es si se trata de una crisis transitoria para la alianza posguerra entre Europa y EE.UU., o algo más profundo".


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