El periodista y economista uruguayo Juan Sánchez analizó en diálogo con Canal E el impacto del escenario internacional sobre Uruguay y Argentina, y cuestionó que tanto Yamandú Orsi como Javier Milei pongan el foco en los logros macroeconómicos sin reflejar del todo los problemas que atraviesan la producción, el empleo y la competitividad.
Durante la entrevista, Sánchez sostuvo que la baja de la inflación no alcanza por sí sola para mejorar la situación económica de la gente si al mismo tiempo se deterioran los salarios, cierran empresas y se encarece el costo de vida. En ese sentido, advirtió que Uruguay enfrenta un atraso cambiario severo y que Argentina corre riesgos similares si la desinflación no llega acompañada de crecimiento real.
Uruguay y Argentina, con problemas parecidos
Sánchez planteó que ambos países mostraron un desempeño flojo en comparación con el resto de América Latina en las últimas décadas. “Hay algo que estamos haciendo que no está bien”, afirmó, al comparar la evolución de Uruguay y Argentina con la expansión regional.
Según explicó, mientras ambos países crecieron alrededor de cuatro veces desde los años 60 hasta 2024, América Latina lo hizo más de ocho veces. Para el economista, eso demuestra que las diferencias de estilo político no alcanzan para explicar el problema de fondo.
Orsi y Milei: estilos opuestos, límites parecidos
El economista comparó las presentaciones recientes de los presidentes de Uruguay y Argentina y marcó que, pese a sus estilos opuestos, ambos mostraron un relato más cercano a una lista de logros que a una descripción completa de la realidad.
“Hicieron un recuento de las cosas que se estaban haciendo, era como una especie de checklist”, señaló. En su análisis, Orsi transmite moderación y sentido común, mientras que Milei muestra intensidad y vocación de cambio, pero ninguno termina de integrar del todo ambas dimensiones.
Sánchez incluso arriesgó una definición poco habitual: “Yo creo que se deberían juntar”, dijo, al sostener que uno podría aportar intensidad y el otro equilibrio.
La inflación baja no alcanza si los salarios no rinden
Uno de los ejes más fuertes de la entrevista fue su crítica a la idea de que la desaceleración inflacionaria, por sí sola, resuelve los problemas económicos. En ese punto, cuestionó una frase repetida en la política regional.
“El principal impuesto que pagan los pobres es la inflación, no es verdad”, sostuvo. Según explicó, esa afirmación puede ser válida en contextos extremos, pero pierde fuerza cuando la inflación baja mientras los precios de bienes y servicios siguen dejando atrás a los ingresos.
Sobre Argentina, fue tajante: “Los salarios en dólares aumentaron, no importa, porque los bienes de consumo y los servicios aumentaron tanto más que los salarios, entonces a la gente no le sirve”.
Competitividad, atraso cambiario y país caro
Sánchez aseguró que Uruguay enfrenta un serio problema de competitividad y que el dólar está demasiado bajo en términos reales. A su juicio, el descenso de la inflación fue conseguido a costa de encarecer al país y perjudicar a sectores productivos.
“Uruguay ya no está en esa etapa de la felicidad de que bajamos la inflación”, afirmó. Y agregó: “Somos, con Suiza, en el índice Big Mac, estamos al lado de Suiza”.
Para el economista, ese dato resume el problema de costos que atraviesa el país. Además, advirtió que la situación ya genera tensiones en la frontera y que Uruguay llegó a estar entre 40% y 50% más caro que Argentina en algunas zonas.
Cierre de empresas y deterioro productivo
El analista también alertó sobre el impacto de este escenario sobre la producción y el empleo. Señaló que, tanto en Uruguay como en Argentina, la baja de la inflación convive con cierres de empresas y dificultades para sostener la actividad industrial.
“Ustedes están viviendo un cierre de empresas que realmente yo lo sigo siempre”, dijo en referencia a la Argentina. Pero aclaró que Uruguay también atraviesa problemas similares.
Como ejemplo, mencionó la salida o reducción de operaciones de BASF en Uruguay, una empresa que empleaba a unas 900 personas. A su entender, estos movimientos muestran que la macroeconomía ordenada no alcanza si la estructura productiva pierde competitividad.
Críticas a la apertura y defensa de la industria
Sánchez también cuestionó la apertura comercial irrestricta cuando no está acompañada por políticas de fortalecimiento productivo. En ese punto, incluso valoró algunas señales recientes de Estados Unidos.
“Hay que cerrar la economía, aunque sea Estados Unidos, porque algo hay que defender”, afirmó al analizar las tensiones comerciales y el rol de Donald Trump. Para el economista, abrir las importaciones sin resguardos puede devastar la industria nacional.
En ese marco, sostuvo que tanto Argentina como Uruguay deben pensar mejor cómo combinar estabilidad macroeconómica con protección del entramado productivo.
Préstamos, Fondo y el costo de financiar mal
El economista también puso en duda que el acceso al crédito externo sea automáticamente una buena noticia. En su visión, endeudarse sin evaluar bien los proyectos puede agravar los desequilibrios en lugar de resolverlos.
“Si me van a prestar mil millones para hacer eso, que no me presten nada”, afirmó al referirse a un préstamo para la reforma del transporte en Uruguay. Según explicó, el financiamiento solo tiene sentido si mejora la productividad y el funcionamiento económico.
Para Sánchez, el mismo criterio vale para los beneficios que pueden surgir de un mejor precio internacional del petróleo o de nuevas fuentes de financiamiento: sin proyectos que agreguen valor, el efecto puede ser transitorio y hasta contraproducente.
Macro ordenada, pero con costos demasiado altos
En el tramo final, el economista sintetizó su visión con una frase que atravesó toda la entrevista: la macro puede lucir prolija, pero eso no garantiza una mejora real en la vida cotidiana.
“Muy linda la macro, pero si la macro lo único que va a hacer es bajar la inflación y me va a dejar un país devastado, la verdad que no veo”, concluyó.
Para Sánchez, tanto Uruguay como Argentina necesitan discutir no solo los indicadores, sino también el impacto concreto de las políticas económicas en la producción, el empleo, los salarios y la competitividad.