En diálogo con Canal E, Carolina Mannucci, economista, analizó la evolución del salario en dólares en Argentina y alertó sobre el impacto de la caída del poder adquisitivo en la economía. “Los salarios están corriendo por atrás hace ya muchos meses desde que arrancó este gobierno”, comentó la entrevistada, evidenciando una dinámica preocupante para el consumo y la actividad económica.
Al analizar los datos más recientes, Mannucci detalló que el salario mínimo se ubicaba en torno a los 286 dólares, mientras que la mediana salarial rondaba los 640 dólares. Sin embargo, el contraste con el costo de vida es contundente: “uno empieza a ver que realmente… hay como un gap enorme”, en relación con una canasta básica que supera ampliamente esos ingresos.
Caída del salario real y desigualdad sectorial
La economista remarcó que el deterioro no es uniforme, pero sí generalizado. “Todos los salarios perdieron, algunos menos”, explicó, señalando que sectores como minería o bancos tuvieron mejores desempeños, aunque sin efecto derrame sobre el resto de la economía.
En ese sentido, subrayó que se trata de actividades muy concentradas: “no es distributivo, no es que derrama”, lo que limita cualquier mejora estructural del ingreso promedio. Esta situación profundiza la desigualdad y debilita el mercado interno.
Además, cuantificó el impacto de las políticas recientes: “el salario mínimo vital inmóvil perdió… entre un 35 y un 40”, mientras que los jubilados sufrieron caídas cercanas al 30%. Estos datos reflejan un deterioro significativo que condiciona cualquier intento de recuperación rápida.
Claves para la recuperación: consumo, crédito y producción
Frente a este escenario, Mannucci planteó que la salida requiere una estrategia integral. “La realidad es tan simple como en este momento darle un empuje al consumo”, afirmó, destacando que la reactivación debe comenzar por la demanda interna.
El razonamiento es claro: “el consumo te lleva a la producción”, explicó, marcando el inicio de un círculo virtuoso que podría mejorar salarios y actividad económica. Sin embargo, advirtió que el punto de partida es complejo: “estamos todos tan rotos”, lo que obliga a reconstruir desde niveles muy bajos.
Otro aspecto clave es el sistema financiero. La economista señaló la necesidad de alivio en las deudas: “permitir, sí o sí, reestructurar toda esta mora que hay”, tanto en familias como en empresas. También cuestionó el nivel de tasas actuales, que considera incompatibles con la situación económica.
Finalmente, advirtió sobre los riesgos de demorar soluciones: “más deja pasar el tiempo, más te cuesta y más años te lleva”, lo que refuerza la urgencia de implementar medidas coordinadas.
En paralelo, criticó la estrategia cambiaria del Gobierno, al señalar que “sigue interviniendo, lo sigue teniendo como ancla”, en referencia al dólar, lo que limita una visión más amplia de la economía.
En conclusión, el diagnóstico es claro: salarios deprimidos, consumo retraído y necesidad de políticas activas para revertir una tendencia que, de prolongarse, podría profundizar la crisis.