La red de universidades y organizaciones ambientales, MapBiomas advirtió por la deforestación del Amazonas y el aumento de la fuerza de el fenómeno climático El Niño en Brasil y la región. La acelerada transformación de los ecosistemas en América del Sur encendió las alarmas en la comunidad científica internacional. En este sentido, los especialistas señalaron que la pérdida masiva de cobertura vegetal nativa no sólo destruye la biodiversidad local, sino que altera directamente el equilibrio climático.
El avance constante de la frontera agrícola, la ganadería extensiva y la minería han sustituido millones de hectáreas de selva nativa por áreas antrópicas. El cambio en el uso del suelo ha visto una expansión sin precedentes de actividades agropecuarias y extractivas
La conversión de bosques en pastizales para ganado y monocultivos agrícolas representa la principal causa de desmonte de la cuenca amazónica. Por otra parte, la minería legal e ilegal registró un crecimiento porcentual dramático, provocando la erosión de los suelos fértiles y paralizando la capacidad natural de la selva.

La degradación afecta también a los bosques inundables y manantiales, comprometiendo la disponibilidad de agua dulce para millones de personas en la región.
La reducción del pulmón verde del planeta afecta a la regulación de lluvias, eleva las temperaturas promedio y multiplica la vulnerabilidad frente a fenómenos extremos como El Niño. El coordinador general de MapBiomas, Tasso Azevedo, explicó que “la pérdida de vegetación disminuye la protección natural frente a fenómenos extremos. La reducción de los bosques altera los intercambios de calor y vapor de agua entre la superficie terrestre y la atmósfera, lo que favorece el aumento de las temperaturas y puede alterar los patrones de precipitación”.
La alteración de la cobertura vegetal del Amazonas reduce drásticamente la evaporación y la humedad atmosférica, factores esenciales para la formación de los ‘ríos voladores’ que distribuyen lluvias por todo el Cono Sur.
Asimismo, las organizaciones alertan que la combinación del calentamiento global con la pérdida de bosques primarios intensifica el impacto de anomalías meteorológicas periódicas como El Niño.
El Amazonas perdió 53,9 millones de hectáreas en 41 años
Los datos analíticos recopilados por la red MapBiomas a través de un monitoreo satelital revelan una realidad crítica: el Amazonas perdió 53,9 millones de hectáreas en 41 años de vegetación forestal y coberturas naturales. La escala de esta devastación equivale a la desaparición de ecosistemas enteros que tardaron milenios en consolidarse.

La investigadora del Instituto del Bien Común (IBC) y coordinadora técnica en la red MapBiomas, Sandra Ríos, enfatizó que “la pérdida de toda cobertura vegetal natural afecta al gran ecosistema amazónico, a su capacidad para regular el clima y brindar servicios ecosistémicos incluida la seguridad alimentaria, así como para controlar los ciclos hidrológicos e incluso las enfermedades”.
Frenar la deforestación en Brasil y en los países limítrofes no representa únicamente un compromiso ambiental, sino una medida urgente de seguridad climática para toda América Latina, orientada a evitar sequías prolongadas, inundaciones devastadoras y la pérdida irreversible de uno de los mayores tesoros naturales de la Tierra.
PM