CIENCIA
Contaminación ambiental

El peligroso y traicionero “olor a limpio” de los hogares

El mito de que el olor a lavanda, pino o limón es saludable resulta falso, según un reciente estudio científico que alerta sobre el uso de productos de limpieza con fragancias.

productos de limpieza
El peligro del olor a limpio | Cedoc

¿A qué huele una casa cuando está recién limpia? Si se le pregunta a cualquier persona, la respuesta casi automática será "a cítricos", "a pino" o "a flores". Durante décadas, la publicidad ha educado al consumidor para asociar esos aromas frescos y penetrantes con la higiene y la salud. Sin embargo, científicos norteamericanos acaban de derribar este mito doméstico con una revelación alarmante: ese agradable "olor a limpio" es en realidad una sopa química invisible que contamina el aire del hogar a niveles que rivalizan con el tráfico de una gran ciudad.

Un innovador estudio liderado por Brandon Boor, profesor de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, ha descubierto que las fragancias de los productos de limpieza convencionales y de origen botánico reaccionan con el ozono del aire en espacios cerrados, creando billones de nanopartículas ultrafinas nocivas para la salud.

La investigación, presentada esta semana ante la Sociedad Estadounidense de Química (ACS, por sus siglas en inglés), advierte que estas partículas invisibles son tan diminutas que penetran de forma directa y profunda en el sistema respiratorio al respirar.

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Peligros de los productos con fragancias

El gran mito del "olor a limpio"

Para la mayoría de las personas, un hogar que no huele a nada parece descuidado. Sin embargo, para los expertos en calidad del aire, la ausencia de olor es el verdadero estándar de oro.

"Es importante señalar que la limpieza elimina los virus y las bacterias de las superficies, pero también puede generar contaminación invisible del aire. No hay polvo ni humo visible en el aire, pero estas partículas se están formando", explica Boor.

La realidad es que se añaden perfumes a los productos de limpieza por pura preferencia cultural, no por necesidad desinfectante. "Eso suele ser para crear un agradable aroma en el espacio interior", indica el químico estadounidense. "Sin embargo, el aire limpio no debería oler a frutas cítricas altamente concentradas. En realidad, no debería oler a nada".

Peligros de los productos con fragancias

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Una autopista química en medio del living

¿Cómo se produce esta contaminación si no se ve humo ni polvo? El secreto está en unos compuestos químicos llamados “terpenos”. Estos compuestos son los responsables de dar olor a las plantas y flores en la naturaleza, como el pineno en los pinos, el limoneno en los limones, el timol en el tomillo o el linalol en la lavanda.

En un bosque, los árboles liberan terpenos de manera natural, los cuales reaccionan con el ozono exterior para formar partículas. Sin embargo, en un entorno natural este proceso es sumamente lento porque los niveles de terpenos son bajos. El problema surge cuando se traslada esta química al interior de las viviendas.

Al fregar el suelo, limpiar los muebles o pulverizar un desinfectante, se libera de golpe una cantidad masiva de terpenos concentrados, alcanzando niveles de decenas a cientos de veces superiores a los de un bosque. Cuando estos terpenos entran en contacto con el ozono que se filtra desde el exterior hacia las habitaciones, se desencadena una reacción en cadena acelerada.

"Demostramos que las reacciones de ozono en interiores con fragancias de limpieza producen nanopartículas que transportan una dosis respiratoria comparable o superior a lo que experimentaría al estar parado afuera a lo largo de una carretera concurrida", advierte Boor.

"Las partículas son diferentes en cuanto a su composición, pero la dosis total puede ser mayor. No se ve humo, polvo ni neblina en el aire. En cambio, se piensa que el aire huele muy bien, por lo que debe estar limpio".

Peligros de los productos con fragancias

Un enemigo invisible para los pulmones

El estudio —en el que también participó la investigadora Nusrat Jung de la Universidad de Purdue— se llevó a cabo utilizando una casa modelo a escala real en el campus de la universidad, que cuenta con una cocina funcional, pisos de madera y un baño, y está equipada con tecnología de medición de última generación.

El equipo científico recreó tareas cotidianas de limpieza de rutina y descubrió que estas actividades formaban miles de millones o incluso billones de nanopartículas (también llamadas partículas ultrafinas) de entre 1 y 30 nanómetros de diámetro.

Para que se tenga una idea de su tamaño: estas partículas son tan increíblemente pequeñas que los monitores de calidad del aire que se compran para el hogar son completamente incapaces de detectarlas. Su tamaño es precisamente lo que las hace peligrosas.

Son lo suficientemente diminutas como para viajar por todo el sistema respiratorio sin filtros que las detengan, llegando a la parte más profunda de los pulmones, donde pueden contribuir a la irritación e inflamación del sistema respiratorio, o incluso cruzar la barrera celular y alcanzar el torrente sanguíneo. Y lo peor de todo es la velocidad extrema con la que actúan.

"Lo más sorprendente para los investigadores fue la rapidez con la que se formaron y crecieron las partículas, ya que fue en cuestión de minutos. Para cuando alguien acaba de limpiar un espacio interior, ya ha formado muchas nanopartículas y las ha inhalado", alerta el especialista en contaminación ambiental.

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El peligro añadido de las lámparas ultravioletas

La investigación también exploró un escenario común en la actualidad: el uso de tecnologías de desinfección del aire.

Boor, junto al profesor de Purdue Ernest Blatchley, descubrió que si se utilizan lámparas germicidas de luz ultravioleta lejana (UV-C) al mismo tiempo que se limpia con productos perfumados, el peligro se multiplica.

Las lámparas UV-C interactúan con el oxígeno del aire y generan ozono de manera artificial, elevando su concentración en interiores a niveles de entre 20 y 40 partes por mil millones. Al encontrarse de golpe una gran cantidad de ozono artificial con los terpenos volátiles de las fragancias de limpieza, la formación de nanopartículas nocivas se vuelve extremadamente intensa y masiva en la pequeña vivienda de pruebas.

Peligros de los productos con fragancias

¿Cómo protegerse sin dejar de limpiar?

Brandon Boor subraya que estos hallazgos no buscan alarmar a la población ni hacer que se deje de limpiar el hogar (lo cual sigue siendo esencial para eliminar virus y bacterias de las superficies), sino educar al consumidor para que tome mejores decisiones en el día a día.

El estudio propone cuatro medidas muy sencillas y eficaces que cualquier persona puede adoptar para reducir su exposición drásticamente:

  • Optar por productos sin perfume: Elegir siempre productos de limpieza con bajo contenido de fragancia o, idealmente, que sean totalmente libres de perfume. Se debe recordar que lo limpio no huele a nada.
  • Ventilar activamente durante la limpieza: Evitar limpiar con las ventanas cerradas. Conviene abrir las ventanas de par en par o encender los ventiladores para ventilar el espacio y arrastrar los gases nocivos antes de que reaccionen.
  • Evitar la acumulación de aromas: Se debe evitar la aplicación de varios productos perfumados distintos en la misma sesión de limpieza (por ejemplo, fregar el suelo con pino, limpiar los vidrios con aroma a limón y usar un aerosol desinfectante de lavanda al mismo tiempo).
  • Precaución con las lámparas UV-C y generadores de ozono: No se deben encender dispositivos generadores de ozono o lámparas UV-C lejanas mientras se esté limpiando con productos perfumados, ya que se acelera la creación de la sopa química invisible.

La próxima vez que se limpie el hogar y se perciba ese fuerte olor a limón o pino, conviene recordar que lo que se está oliendo no es higiene, sino una intensa reacción química en cadena. La salud pulmonar agradecerá que se empiece a preferir el verdadero olor a limpio: el olor a nada.