CIENCIA
A 40 años del fallo

Tragedia del Challenger: cómo un fallo en la junta tórica del cohete provocó la muerte de siete astronautas y cambió a la NASA

El desastre se produjo por la falla de una junta tórica en condiciones de frío extremo, lo que provocó la explosión del transbordador a los 73 segundos del despegue. A bordo estaba Christa McAuliffe, la primera maestra civil en el espacio, junto a seis astronautas más que perdieron la vida en la misión STS-51-L.

La explosión del transbordador espacial Challenger
Entre las víctimas estaba Christa McAuliffe, primera maestra civil en el espacio bajo el programa "Teachers in Space" | NASA

La mañana del 28 de enero de 1986, el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, registraba temperaturas récord para Florida, con apenas 2°C en la base de lanzamiento, dejando hielo en los cohetes auxiliares y las estructuras de soporte. A pesar de las advertencias de los ingenieros de Morton Thiokol, quienes alertaron sobre la fragilidad de las juntas tóricas en condiciones de frío extremo, la presión política y el calendario de la misión STS-51-L prevalecieron. A las 11:38, los motores principales del Challenger se encendieron y elevaron el transbordador sobre una columna de fuego que contrastaba con el cielo gris invernal.

Allí, Christa McAuliffe, la maestra seleccionada para ser la primera civil en viajar al espacio, se convirtió en el rostro de la esperanza de millones de niños que seguían la transmisión en vivo. Apenas segundos después de la ignición, una columna de humo negro escapó del cohete derecho, señalando la falla que, minutos después, terminaría en tragedia. A los 73 segundos del despegue, la nave se desintegró en el aire, envuelta en una nube de fuego y escombros. La cabina de la tripulación ascendió unos metros más antes de caer al océano Atlántico en minutos, sellando un momento que quedó grabado para siempre en la memoria colectiva.

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La explosión del transbordador espacial Challenger
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El costo humano y la lección de la soberbia técnica

La explosión del Challenger no fue solo un fallo de ingeniería, sino el colapso de una cultura organizacional que priorizaba la imagen pública sobre la seguridad. Los siete astronautas —Francis Scobee, Michael Smith, Judith Resnik, Ellison Onizuka, Ronald McNair, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe— se convirtieron en símbolos de sacrificio y recordatorio de los límites humanos frente al espacio. La presión de la NASA por demostrar que los transbordadores podían operar como un servicio rutinario generó lo que Diane Vaughan denominó “normalización de la desviación”, aceptando riesgos cada vez mayores como cotidianos.

Acto seguido a la tragedia, se suspendieron los vuelos durante casi tres años, mientras la Comisión Rogers, integrada por figuras como Neil Armstrong y Richard Feynman, investigaba las causas. Feynman demostró cómo los anillos de caucho perdían elasticidad a temperaturas extremas, explicando la falla crítica de las juntas tóricas de manera simple y pública. Este desastre se sumó a otras tragedias de la era espacial, como el incendio del Apolo 1 en 1967.

La explosión del transbordador espacial Challenger
Entre las víctimas estaba Christa McAuliffe, primera maestra civil en el espacio bajo el programa "Teachers in Space"

Impacto social, mediático y educativo

El desastre del Challenger conmocionó a la NASA y generó una reacción global inmediata: alrededor del 17% de los hogares estadounidenses (aproximadamente 40 millones de personas) vieron la transmisión en vivo del lanzamiento y la explosión, convirtiéndolo en un fenómeno mediático sin precedentes comparable al asesinato de JFK. Las escuelas de Estados Unidos que seguían el programaTeachers in Spacesuspendieron sus actividades especiales, y el evento inspiró reformas educativas en ciencia y seguridad espacial en numerosas instituciones, aunque sin cifras precisas documentadas como "más de 1.200".

A nivel emocional, el impacto fue profundo: encuestas de la época reflejaron un duelo nacional masivo, con gran parte de la población estadounidense experimentando incredulidad y tristeza. La NASA recibió miles de cartas de condolencias de ciudadanos y líderes mundiales para las familias de las víctimas. Este episodio redefinió la cobertura mediática de la NASA, implementando protocolos más estrictos para transmisiones en vivo y mayor supervisión de la comunicación pública.

MV