Adultos mayores participan como voluntarios en el programa Cuentacuentos de la Ciudad para leer historias a niños de nivel inicial, una iniciativa que promueve el intercambio intergeneracional, el vínculo con los libros y el afecto en más de 40 escuelas porteñas.
Cuando Claudia Álvarez cerró el libro de Hansel y Gretel, un nene se levantó de la ronda y la abrazó. Detrás llegaron otros chicos. Algunos querían tocar el libro, otros le hacían preguntas sobre los personajes, una nena quiso regalarle una pulserita y un grupo entero le pidió que volviera otro día para leerles una nueva historia.

La escena tuvo lugar en una escuela porteña donde personas mayores participan como voluntarias leyendo cuentos a niños de nivel inicial en el programa de Generación Plateada, impulsado por la Subsecretaría de Personas Mayores en articulación con el Ministerio de Educación de la Ciudad.
A través de Cuentacuentos ambas áreas promueven una experiencia que trasciende la lectura: mientras los chicos descubren nuevas historias, imaginan y comparten un momento diferente en el jardín, las personas mayores encuentran un espacio para transmitir experiencias, compartir su tiempo y seguir participando activamente de la vida comunitaria. El encuentro también permite que las escuelas reciban a nuevos protagonistas que enriquecen la vida cotidiana de las salas y generan vínculos entre generaciones.
“Pensaba que quizá no podría llegarles con mis palabras, pero me sentí como en mi casa”, contó Claudia, después de su primera experiencia como voluntaria. “Se me voló el tiempo, la pasé realmente muy bien junto a los chicos”, dijo luego, todavía conmovida, al resumir la jornada.

Mientras avanzaba por las páginas de Hansel y Gretel también viajaba ella. Recordó a las maestras de la escuela pública donde estudió, el cariño con el que la recibían cada mañana y esa sensación de sentirse cuidada dentro del aula. “Fue como volver a vivir mi infancia. Sentí el mismo clima de amor y respeto”, expresó.
Claudia tiene 64 años, un hijo de 35, y todavía no es abuela. “Ser abuela sería un sueño para mí”, reconoce. Quizás por eso los abrazos espontáneos del final la emocionaron tanto. No eran nietos, pero durante un rato sintió la misma cercanía, la misma confianza y la misma ternura que imaginó tantas veces.
Volver a la escuela
Actualmente, más de 30 voluntarios participan de propuestas en más de 40 escuelas de todas las comunas de la Ciudad de Buenos Aires. Algunos llegan desde la docencia, otros desde experiencias de voluntariado y otros simplemente con las ganas de compartir un rato con los más chicos.
A través de la articulación entre la Subsecretaría de Personas Mayores y el Ministerio de Educación, Cuentacuentos abre las puertas de las escuelas a nuevas experiencias de encuentro y participación. En cada sala, los libros se convierten en una oportunidad para compartir saberes, despertar la imaginación y acercar generaciones que tienen mucho para dar.
Emilce Del Zoppo fue maestra jardinera y dedicó toda su vida a la educación pública de la Ciudad. Antes de jubilarse fue docente, secretaria, vicedirectora, directora y supervisora adjunta. La lectura formó parte de su carrera desde el primer día y convertirse en mediadora de lectura fue una de las tareas que más disfrutó durante su recorrido profesional.

Años después de jubilarse empezó a buscar voluntariados que le permitieran seguir aportando su experiencia. Encontró la propuesta de Generación Plateada y sintió que era la oportunidad ideal para reencontrarse con aquello que más le apasionaba. “Hacía muchos años que no volvía a una sala. Entrar otra vez y encontrarme con los chicos me llenó de emoción, alegría, ternura y placer”, recordó.
Pero la experiencia no terminó ahí. En algunos jardines se reencontró con docentes que había conocido años atrás, cuando era directora. Volver a cruzarse con colegas, recorrer nuevamente esos pasillos y escuchar otra vez el murmullo de una sala llena de chicos le hizo sentir que una parte importante de su historia seguía viva.
Para Emilce el voluntariado también tiene otro significado. “Es devolver un poco del tiempo, de la experiencia y de las ganas que tuve durante toda la vida. Creemos que es solamente dar, pero siempre terminamos la actividad con mucho más de lo que imaginábamos. El cariño de los chicos y el agradecimiento de las docentes hacen que todo valga la pena”, sostiene.
Preparación de la historia
María Inés Trupia es otra de las voluntarias que encontró en Cuentacuentos una manera de volver a conectarse con el mundo de la educación. Hace cuatro meses conoció las propuestas de voluntariado y, cuando surgió la posibilidad de visitar escuelas, no dudó: su experiencia como docente de nivel inicial la impulsó a sumarse.
“Es súper emocionante porque es como volver otra vez. Te agarra un poco la nostalgia porque es recordar todo lo tuyo”, cuenta. Después de 40 años de trabajo en las escuelas entrar a un jardín sigue despertándole una sensación familiar. “Es como si fuera mi casa. Uno empatiza muy rápido con todo lo que pasa, con los docentes y con los chicos. Ellos siempre te abren las puertas”, expresa
Para ella, la experiencia empieza mucho antes de llegar a la escuela. Disfruta de buscar los cuentos, preparar los materiales y pensar cómo contar cada historia. En algunas ocasiones, incluso elabora sus propios recursos con manualidades para acompañar la narración. La propuesta no establece una única manera de contar: cada voluntario puede elegir cómo compartir el relato, ya sea solamente con su voz o incorporando materiales y recursos propios.
La sorpresa también forma parte de la experiencia para los chicos que reciben a una persona nueva en la sala y descubren otra forma de acercarse a los libros.
María Inés sostiene que ese intercambio es tan valioso para ellos como para los voluntarios. Después de jubilarse el voluntariado es una forma de mantener vivo ese vínculo con la escuela, compartir lo aprendido y descubrir nuevas maneras de acompañar a las infancias. Una oportunidad en la que su historia como docente se encuentra con las nuevas generaciones y vuelve a ponerse en movimiento.
Escuchar y construir vínculos
Cristina Miranda llegó a Cuentacuentos por un camino distinto, pero con una motivación parecida. Entre las distintas propuestas de voluntariado que conoció, esta fue la que más la movilizó. Durante su juventud trabajó en un jardín de infantes y conserva un recuerdo muy especial del trato cotidiano con los pequeños. “Lo que más me gusta de los chicos es la sinceridad y la curiosidad con la que viven todo”, contó.
Para ella, leer un cuento nunca es una actividad en una sola dirección. Mientras el adulto narra, los chicos preguntan, imaginan, completan la historia con sus propias ocurrencias y transforman ese momento en una conversación compartida.
Y cuando la historia termina, llega el momento que más la emociona: “Ellos sienten que el cuento terminó, corren y te abrazan. Es un gesto tan espontáneo que no deja de sorprenderme. Ellos dan amor y, en una etapa de la vida donde también aparecen desafíos o momentos difíciles, ese cariño te endulza el alma”.
Generación Plateada
Las personas interesadas en sumarse como voluntarias pueden inscribirse a través de la aplicación +Simple o acercarse a los dispositivos de la Subsecretaría de Personas Mayores, como los Centros de Día y los Centros de Jubilados.
Más información: https://mas-simple-ba.buenosaires.gob.ar/home
cp