COLUMNISTAS
Defensor de los Lectores

Acerca de la opción pública del periodismo ante una elección

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Definiciones. La nota editorial del domingo 12 suscita comentarios de lectores. | cedoc

Varios lectores han enviado cartas al Correo comentando negativamente la nota editorial “No vote a Milei”, publicada por PERFIL el domingo 12 con la firma de Jorge Fontevecchia. De ellas, he seleccionado dos: una que hace referencia explícita al artículo y a su autor y la restante, con tono socarrón, sugiere que cuando el diario o alguno de sus periodistas opta (directa o indirectamente) por un candidato, este lleva la peor parte de la elección.

Debe confesar este Defensor de los Lectores que cuando leyó ese título y su texto consecuente (tapa y contratapa) se sorprendió y se sintió obligado a reflexionar si lo declarado públicamente por Fontevecchia entra en el plano de lo correcto desde el punto de vista periodístico y del ético, territorios que le competen específicamente.

Exponer públicamente su postura como medio y como editor es, como lo señala el autor, una práctica habitual en los medios periodísticos de otros países, particularmente los Estados Unidos. Resulta habitual registrar en diarios, radios y televisión (no incluyo las redes sociales porque ellas responden a conductas propias) las opiniones a favor o en contra de propuestas electorales cuando se aproximan los comicios. 

¿Ello justifica que Fontevecchia haya optado por uno de los dos candidatos a presidir la Argentina los próximos cuatro años? Tengo mis reservas, aunque debo poner su decisión en un contexto particularmente polarizado por los medios y sus voceros. En tal sentido, es mucho más saludable para la democracia que los periodistas y los medios declaremos nuestras preferencias de manera explícita, que lo que hemos visto, leído y escuchado. No hay dudas de que un sector de los medios (en particular los de soporte electrónico, como la televisión abierta y los portales de noticias) ha dado espacios sustanciosos a profesionales de este oficio (y no tanto) para decir ante cámaras y micrófonos cuanto se les ocurriera en uno u otro sentido. En esto, los canales de cable más reconocidos han demostrado una carencia de ecuanimidad y argumentaciones en verdad deplorables. Desde esos espacios se ha ensalzado la figura de uno u otro candidatos, se los ha denostado (con calificaciones impropias de la actividad periodística) hasta el hartazgo. Hartazgo que ha calado en buena parte de la sociedad, invadida por las opiniones extremas de unos y otros sin recibir a cambio el soporte de argumentación que sería deseable.

Este ombudsman ha hecho una recorrida por las fuentes que suele consultar cuando se presenta un dilema ético. La Red Ética Segura de la Fundación Gabo se inclina a sugerir que los periodistas y los medios eviten optar públicamente en períodos preelectorales, con el fundamento principal de que quienes trabajamos en los medios debemos mantener una prudente distancia de los factores de poder, sean ellos mayoritarios o no. Se trata, estima la institución, de acercar nuestra tarea lo más posible a la observación objetiva, evitando así arrastrar con nuestras opiniones políticas a las audiencias o a parte de ellas. 

Siguiendo estas líneas de pensamiento, entonces, debo aceptar que lo publicado por Fontevecchia es correcto aunque materia opinable y también criticable para los lectores de PERFIL. 

No es este ombudsman un defensor de la absoluta neutralidad, porque los periodistas tenemos derecho a mantener nuestras convicciones a salvo de toda censura; nuestro trabajo consiste, sí, en acercar a quienes nos leen la mejor información que los lleve  a formar sus propias opiniones. Acercarnos, en definitiva, al fin último que persigue nuestra profesión, cual es la búsqueda, el mayor acercamiento, a la verdad.