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Un libro, una película

Aurora Mardiganian, la Anna Frank armenia

Un siglo después de la publicación del libro Armenia arrasada, que contiene el testimonio de Aurora Mardiganian, una adolescente sobreviviente del genocidio armenio que decidió escribir sus vivencias, el investigador que encontró el único fragmento existente de la película perdida de esta historia, protagonizada por la propia Aurora, recoge el relato aún vigente y lo actualiza.

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Aurora Mardiganian. | cedoc

En Génesis, capítulo 8, se relata el fin del diluvio de Noé. El versículo 4 dice: “Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Armenia”. En algunas versiones bíblicas, el final es reemplazado por “sobre los montes de Ararat”. 

Eduardo Kozanilian, autor de la nueva edición del libro Subasta de almas o Armenia arrasada, que cuenta el testimonio de Aurora, una adolescente que sobrevivió al genocidio armenio, lee dicha frase en el monumento del Boulevard Monte Ararat, en Buenos Aires, donde se tomaron las fotografías para este artículo, como una muestra de la antigüedad y larga vida del pueblo armenio. 

Aurora Mardiganian es llamada la Ana Frank armenia. En ocasiones, la prensa también la llamó la Juana de Arco armenia. “Vi a miles y miles morir bajo el látigo o bajo el filo del sable o de hambre y de sed, o sufrir el yugo de la esclavitud porque no quisieron renunciar a su cristiandad. Dios me salvó para que pudiera traer a Norteamérica el mensaje de aquellos que aún sobreviven”, escribió la propia Aurora. 

Negacionismo. En el libro, Kozanilian dice que el Genocidio Armenio fue la antesala de la Shoá; ¿por qué?: “El negacionismo es la primera y la última etapa de cualquier genocidio. Cuando los nazis estaban por invadir Polonia, decían: ‘¿Quién habla hoy del aniquilamiento de los armenios?’. Los perpetradores del genocidio no habían sido juzgados ni condenados y esa impunidad les permitiría perpetrar un nuevo crimen, ahora contra los judíos. La historia muestra que cuando la humanidad no tiene memoria, el pasado trágico se repite. Los nazis fueron juzgados luego, mientras que el Genocidio Armenio aún permanece impune. Las alianzas genocidas siguen presentes”, responde el autor. 

Las coincidencias entre la historia de Ana Frank y Aurora Mardiganian son muchas. Ambas fueron jovencitas que escribieron la tragedia de un genocidio vivido en carne propia en un diario íntimo. Las diferencias fundamentales entre ambas son dos. La primera: Ana Frank retrató su vida antes y durante el infierno. Aurora lo hizo, principalmente, después. La otra diferencia fundamental es que Ana Frank fue asesinada. 

El pueblo armenio, además, tiene muchas coincidencias con el pueblo judío. Para empezar, lo más obvio: son un pueblo. Más que una religión, más que familia, más que costumbres, más que un territorio. “Armenia es un pueblo, un país, una cultura; todo eso a la vez. Podemos decir que es un pueblo antiguo y milenario que existe desde mucho antes de la era común. Nuestro calendario ha cumplido 4.516 años. Nuestro Año Nuevo (Navasart) se celebra cada 11 de agosto. Y este pueblo, con su tradición, su cultura y su lenguaje, se ha asentado tradicionalmente en sus territorios legítimos ubicados en la meseta de Armenia: una zona de montañas y valles a lo largo del este de Anatolia y al sur del Cáucaso. La mayor parte de su territorio hoy está a manos de Turquía, incluido el sagrado y bíblico monte Ararat”, explica el investigador. 

Otra coincidencia entre ambos pueblos es que sus idiomas son ricos en significados y asociaciones. Aurora, en realidad, se llama Arshaluys (luz del amanecer). Arev, una de las raíces del nombre de la protagonista del libro, en armenio significa sol. Y Erev en hebreo significa tarde. El nombre original del libro es Ravished Armenia. Ravi significa tanto arrasar como violar. La terminación ian de los apellidos armenios, como el autor del libro (Kozanil-ian) y Aurora (Mardigan-ian) significa “hijo de”, como también ocurre en otros idiomas, y uno de ellos es el hebreo con la palabra ben en los apellidos. 

“Todas las jóvenes armenias aprenden a hacer preciosos encajes. Ninguna muchacha se considera feliz mientras no sepa hacerse su propio velo nupcial. Los turcos siempre están dispuestos a comprarlos porque se venden a comerciantes extranjeros por mucho dinero, pero ninguna novia armenia vendería su velo a menos que estuviera muriéndose de hambre”, escribió Aurora.

En 1919, salió a la venta por primera vez en español el libro Armenia arrasada. La publicación coincidió con el estreno de la película basada en el testimonio de Aurora, protagonizada por su propia autora, y titulada Subasta de almas, que en 1920 se exhibió en Argentina, en una industria cinematográfica en crecimiento.

Un siglo después. El testimonio de Aurora, una adolescente que sobrevivió al genocidio contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923, es enriquecido, un siglo después, con un estudio histórico de Eduardo Kozanilian y la traducción de Vartán Matiossian. “A través de la mirada de Aurora se permite conocer el crimen perpetrado contra todo un pueblo”, promete la contratapa del libro. 

“El libro lo leí por primera vez cuando era adolescente porque mi padre lo trajo a casa como un obsequio de un amigo. Desde entonces, me he interesado en la vida de Aurora Mardiganian”, revela Eduardo. 

“A Aurora se le propuso representar su propio rol en el film basado en el libro en el que ya había contado su historia. El entonces embajador estadounidense en Constantinopla, Henry Morgenthau, también participó de la película en forma personal, como parte de una gran iniciativa para dar a conocer al mundo entero, por la pantalla grande, estas atrocidades que aún seguían ocurriendo cuando la cinta se proyectó”, cuenta Kozanilian.

Eduardo Kozanilian nació en 1947, en Rumania, y reside en Argentina desde 1952. “Nací en Bucarest. Allí mis abuelos se refugiaron cuando salieron al exilio. Tras el nefasto desenlace del genocidio armenio comenzó un proceso de negacionismo. Como consecuencia del genocidio impune, los sobrevivientes debieron exiliarse en diversos países del mundo, entre ellos la generosa Argentina. El genocidio vino acompañado por la destrucción sistemática del patrimonio cultural, y por eso se perdió la mayor parte de los registros, por lo que no se puede saber de qué localidad de Armenia proviene mi linaje”, cuenta el autor.

Continúa: “En la dulce Rumania viví mis primeros cinco años y después nos trasladamos a Buenos Aires. Desde entonces, soy un porteño más. Estudié en un colegio armenio y después trabajé comunitariamente en el Consejo Nacional Armenio hasta hace unos años, y ahora en la Asociación Cultural y Educativa Armenia Hamazkaín”.

El film Subasta de almas, de 1919, estuvo desaparecido y Eduardo encontró el único fragmento con el que se cuenta hasta el momento. Matiossian menciona la ironía del destino: el descubrimiento de los 15 minutos de película fue en 1994, el mismo año en que su protagonista, Aurora, falleció. 

Un plan. “Cada uno de los forajidos ostentaba el uniforme de la gendarmería y aguardaba órdenes en la plaza pública, provistos de rifles, bayonetas y largos puñales”, escribe Aurora. 

La protagonista de esta historia nació en 1901, en Çemigezek, provincia de Elazı, en el entonces Imperio Otomano y hoy Turquía. “Su vida estuvo signada por el genocidio y por haber visto cómo asesinaron a toda su familia. Ella misma, en varias entrevistas, contó que esas pesadillas la acompañaron hasta sus últimos días. También relata que en Estados Unidos tuvo la ayuda de gente que la cobijó y que la protegió”, cuenta el autor. 

Mardiganian cuenta en primera persona cómo fueron asesinados su padre y su hermano mayor. “Este hecho tiene un valor histórico muy importante, porque el plan sistemático consistió en asesinar primero a los hombres, a quienes incluso se los llegó a reclutar en el ejército para luego ser fusilados. Antes habían arrestado y asesinado a los intelectuales y dirigentes. Posteriormente, el resto de las familias armenias, mujeres, ancianos y niños, fueron obligadas a atravesar largos caminos por los desiertos, en lo que se conoce como la deportación letal”, explica Kozanilian. 

Aquí parece que el nazismo tomó ideas escabrosas, como las marchas de la muerte de la Shoá. Aurora fue obligada a marchar por 2.200 kilómetros y en el transcurso de ese camino fue secuestrada y vendida en un mercado de esclavos. Durante el trayecto, muchos murieron por el agotamiento y las condiciones extremas. Diversos historiadores señalan que las imágenes de la película fueron adaptadas para mostrar la masacre “de forma más civilizada” y no la cruda realidad. 

“Mardiganian corrió la misma suerte que muchas de sus compatriotas: fue comprada y esclavizada sexualmente en un harén. El recorrido de la propia Aurora nos hace pensar en otras sobrevivientes de otros genocidios, como por ejemplo la Shoá y la última dictadura cívico-militar argentina, y en la fuerza de estas mujeres, que sobrevivieron a campos de concentración y torturas inimaginables, y tuvieron el valor de contar su historia”, afirma el autor.

Testimonio vivo. Aurora escribió: “Mi madre y yo escuchamos desde la escalera la conversación que mi padre sostenía con el funcionario. Oí decir: ‘Pronto llegarán órdenes de Constantinopla. Ustedes, perros cristianos, serán deportados. No quedará nadie, hombre, mujer o niño que niegue la fe mahometana. Cuando llegue ese momento, nadie podrá salvarlos más que yo. Entrégame a tu hija Aurora y yo protegeré a tu familia hasta que pase la crisis. Niégate y ya sabes lo que les espera”.

El genocidio armenio o Gran Crimen se desarrolló entre 1915 y 1923 y se llevó la vida de entre un millón y medio y dos millones de armenios en el Imperio Otomano. La actual República de Turquía es la heredera inmediata del imperio. Muchos de los armenios masacrados eran parte de una población cristiana minoritaria. “En el año 301, Armenia se convirtió en el primer país que aceptó el cristianismo como religión oficial. En este sentido, es lógico que los armenios profesen esta fe. La Iglesia Apostólica Armenia, a la que pertenece la mayoría de los armenios, se llama así, ya que dos de los apóstoles de Cristo, San Tadeo y San Bartolomé, predicaron en Armenia”, indica el autor. 

“La Cuestión Armenia me interpela –dice Eduardo– como a todos los armenios del exilio forzado: somos hijos y nietos de sobrevivientes del genocidio contra nuestro pueblo. Creo que este tema nos debería interpelar a todos como seres humanos. De hecho, uno de los colaboradores de esta edición, Pablo Ali, no es de familia armenia y, sin embargo, acompaña la causa. Le hice la misma pregunta a él: ¿por qué lo interpela? Me respondió lo siguiente: ‘Porque muestra hasta qué punto puede llegar la crueldad humana’”. 

Eduardo termina el libro de esta forma: “Hago votos para que estas líneas despierten en el lector el interés de investigador, de descubridor, de buscador de tesoros en el sentido espiritual. A cien años de la publicación original de Armenia arrasada, este testimonio sigue vivo como aquellas imágenes cinematográficas que el tiempo y el negacionismo nunca podrán borrar”. 

Y Aurora finalizó su testimonio con estas palabras: “Aquí he hallado buenos amigos norteamericanos que me han hecho todo lo feliz que puedo ser. Lo mejor de todo es que no solo son bondadosos con una chica desventurada, sino que están enviando socorros a quienes dejé atrás, a quienes aún están vivos, perdidos en las cadenas del desierto”.