martes 28 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Lecturas
06-08-2021 23:55
06-08-2021 23:55

Borges y sus personajes

06-08-2021 23:55

Nos tocó la vida larga, quizá interminable. Somos personajes de cuento. Nacimos por escrito de la mano de un clásico, y cada vez que vuelven a hablar de nosotros, estamos renovados. Algunos nos leen muy jóvenes y cuando nos releen en otras épocas de sus vidas, otra vez renacemos, el subrayado nunca es el mismo; creían que les decíamos algo para consolar sus primeras desesperaciones, y unas décadas después, ni siquiera se detienen en esa frase, subrayando una nueva en la que no habían reparado antes. A pesar de estar impresos –palpables o electrónicos–, siempre referidos con las mismas palabras, nos sentimos distintos en cada ocasión. Parece que no nos moviéramos de las páginas, pero gracias a nuevos ojos, cambiamos constantemente de circunstancia. Ser personajes de ficción nos brindan una existencia infinita y dependiente. Sí, felizmente dependiente. No estamos solos. La lectura es nuestro aliento. Respiramos, si leídos. Macedonio Fernández llegó a inventar a uno de los nuestros al borde de la ficción, asomándose a la vida. Se llama Dulce Persona, y es la única nacida por escrito que sintió la correntada escalofriante del más allá: la respiración del mismísimo lector, “el respirar de los que viven”. Sufrimos mucho por ella, y sin embargo, habita en un libro que nos dio sustento a los que estamos aquí reunidos. Decimos “habita” porque nos consideramos habitantes de la ficción tanto como ustedes de la supuesta realidad. 

No somos personajes de cualquier cuento: pertenecemos a un mismo escritor. Y como este mes suelen hacerle muchos homenajes, aprovechamos para rendírselo también nosotros, por quienes ha dado su vida (“yo estoy destinado a perderme, definitivamente y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro”). Le festejamos en esta página la conmemoración de su próximo nacimiento, un 24 de agosto,  y por ende, de nuestra eternidad. 

No tenemos que vérnosla con prolongadas peripecias, somos de cuento corto. Nuestra existencia no es de novela, a pesar de que algunos presidentes lo inventaron sin conocernos (la pobreza de los poderosos es que tienen poco vuelo). Nuestra vida breve, sin embargo es eterna, aunque no es lo mismo eternos que inmortales (al escritor le resultaba tediosa la idea de la inmortalidad). Vinimos para quedarnos, que otras generaciones nos descubran, y así proseguir nuestra particular existencia. Una clave que nos vuelve reveladores: protagonizamos relatos que suelen dar cuenta de lo irreversible de una vida, y la hora de advertirlo: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.” El antes y el después de Funes, luego de quedar tullido; el telegrama que recibe Emma anunciando la muerte de su padre (“era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin… Ya era la que sería”). Sus cuentos son pequeñas biografías de lo crucial.
Somos (por decirlo de alguna manera, el ser es un don del pronunciarse) diferentes unos de otros, pensados distintos, preciosamente cuidados. Algunos incluso vinimos para salvar a nuestro creador de la inconsciencia perpetua. Cuando tuvo el accidente contra la batiente de la ventana –el año de la muerte de su padre, cerca de las navidades–, y sufrió una septicemia que lo dejó al borde de su propia muerte, fue Pierre Menard quien le permitió reinventarse… Renació por el género fantástico, y él mismo hizo renacer al género. Dahlmann, unos años después, se hizo cargo de esa posible muerte, inolvidables las bolitas de pan que provocaron aquel disturbio (algunos dicen que fue idea de Silvina, tan bien dispuesta a las travesuras literarias). 

Siempre nos pareció que fue muy considerado, a casi todos nos puso nombre y apellido: Ireneo Funes, Juan Dahlmann, Emma Zunz, Pierre Menard, Tadeo Isidoro Cruz, entre otros tantos. Una de las pocas sin apellido –él mismo escribió que su narrador no lo sabía– fue de Ulrica, nuestra compañera más querida. Nos dio linaje, lugar de procedencia, coordenadas, vocaciones secretas, cifras, sueños. ¡Casi nos hizo reales! 

Aprovechamos esta oportunidad para agradecerle a Jorge Luis Borges tanta dedicación. Somos seres del lenguaje ávidos de futuras lecturas. Ojalá la unánime noche lo tenga de feliz habitante.