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arranque 2017

Cal y arena

La denuncia sobre el jefe de la ex SIDE empañó el efecto blanqueo.

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MANOS ARRIBAS | temes

En estos primeros quince días del año, la economía le dio al Gobierno dos buenas noticias: la primera, los números del blanqueo que confirmaron las expectativas optimistas de los que predijeron un alto nivel de adhesión a esta iniciativa; la segunda, el relanzamiento de Vaca Muerta, una gema energética del subsuelo argentino que se había visto paralizada por las malas políticas de la administración kirchnerista. Las cifras del blanqueo son de un impacto tal que permitirán reducir en algo el alto déficit fiscal que exhiben las cuentas públicas que constituye, a la vez la raíz de la alta inflación que hoy castiga el bolsillo de la población.

El Presidente espera otros beneficios del blanqueo, beneficios que tienen como base a la construcción. Una de las necesidades imperiosas es la reactivación del sector en sus distintas formas. Un de ellas es la obra pública. Mauricio Macri sabe que de su reactivación va a depender la suerte de su administración en la elección de octubre venidero.

Hablando de ese tema, las encuestas que se conocieron esta semana representan una alerta para el oficialismo. Concretamente se trata del trabajo de la consultora Management & Fit que muestra la foto de finales del 2016 con alto impacto sobre las perspectivas de los 815 consultados en la provincia de Buenos Aires con edades que van desde los 16 a los 70 años. Tres tópicos se destacan: el primero, tiene que ver con la situación económica; ahí hay un casi 45% que cree que las cosas estarán peor o mucho peor contra un 30% que piensa que en los próximos meses habrá alguna mejoría.

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En la enumeración de los problemas principales que padece la población el ranking es encabezado por la inseguridad (44,7%), seguido por la desocupación (13%), y la pobreza (9%).

La imagen de la gestión muestra una diferencia significativa entre Macri y María Eugenia Vidal. A la gestión del Presidente la desaprueba el 52% y a la de la gobernadora la aprueba casi el 57%.

El último dato relevante lo da la pregunta sobre a quién votaría si la elección fuera hoy. Ahí el binomio Cristina Fernández de Kirchner-Daniel Scioli se impone con 31% sobre el de Roberto Lavagna-Margarita Stolbizer quien obtiene el 28%. Este último dato no sólo supone un alerta para Cambiemos sino también para Sergio Massa, ya que lo pone ante la realidad de tener que competir en las legislativas si es que pretende mantener intactas sus aspiraciones no sólo de liderazgo dentro del Frente Renovador sino también presidenciales. Por supuesto que falta mucho para las elecciones. Las dos últimas –las legislativas de 2013 y las presidenciales de 2015– se definieron en los tres meses finales del proceso electoral, a pesar de lo cual mal haría el Gobierno si hiciese la vista gorda ante estas luces amarillas.

Lo de la ex presidenta es un ejemplo claro de lo que representan los fanatismos por un lado y los déficits de gestión del actual gobierno por el otro. En ese combo, ninguna de las fundadas denuncias de corrupción que comprometen a CFK y a su entorno ha logrado mellar su figura y su ascendencia y vigencia dentro de los que hoy la votarían con absoluto fervor. También es una muestra de la falta de liderazgo que exhibe la dirigencia del justicialismo.

Sospechas. La denuncia que ha recaído sobre el titular de la Agencia de Federal de Investigaciones no es menor. Hay que tener en cuenta que todos los que han delatado a los participantes del Lava Jato lo han hecho de una manera que se vio corroborada por el trabajo de la Justicia brasileña. Ha hecho bien Elisa Carrió en presentarse ante la Justicia y pedir que se investigue al funcionario. Ha hecho mal el ministro de Justicia, Germán Garavano, en opinar apresuradamente para minimizar la denuncia e intentar cubrir a Arribas. Esas cosas las hacía el kirchnerismo que, mostrando su inconsistencia, ha pedido que se investigue al funcionario. Es el mismo kirchnerismo el que, ante cada denuncia que compromete a CFK y a su entorno familiar, a los Báez y a Cristóbal López, se apresura a denostarla, minimizarla o ignorarla.

Hay que subrayar que la diputada Carrió no suele caracterizarse por tener un mal olfato político. Y es bueno que ese olfato siga activo durante el gobierno de Cambiemos. Ya en agosto de 2016 había pedido al Presidente disolver la AFI y separar las tareas de investigación de las de inteligencia. En realidad había criticado desde el primer momento la designación de Arribas por “falta de idoneidad”. A la líder de la Coalición Cívica no sólo le molestaban en la ex Secretaría de Inteligencia los resabios menemistas –con Silvia Majdalani en la cúpula del organismo–, tampoco era sólo el descontrol de la SIDE kirchnerista, era entre aquéllos la presencia de Arribas la que evidentemente no le cerraba.

Quienes lo han conocido “en la política” esto es, ya en funciones y no de otras épocas, no se han llevado una buena impresión del cuestionado funcionario. “Molestan sus formas, es desconfiado y perseguido, aunque lo disimula bastante bien. Prefiere ir al ataque y no deja cabo suelto. Es meticuloso pero no parece confiable. Por algo está donde está”. Así lo describe un hombre del entorno macrista que lo conoció en la función pública, quien agrega: “¡Olvidate! es prolijo, serio, pero no tiene nada que ver con el coro de carmelitas descalzas que nos quisieron vender desde Cambiemos respecto del fin de los funcionarios corruptos y la nueva forma de hacer política. No creo que tenga cosas graves, pero los grises se empiezan a matizar a tonos cada vez más oscuros y, después de tanta promesa, sin duda será un dolor de cabeza para el Gobierno”.

Es el momento de Carrió para ir a fondo, y en esta puja por refundar la República no está sola: desde Mario Negri hasta Graciela Ocaña, pasando, como ya se ha dicho, por algún kirchnerista sin memoria y todo el arco opositor, alzaron la voz pidiendo que la investigación vaya a fondo. No debe olvidarse nunca que la corrupción mata.


Producción periodística: Santiago Serra.