lunes 03 de octubre de 2022
COLUMNISTAS Familia y poder

Capitalismo de serie

09-09-2022 23:55

Tolstoi pone en duda la felicidad en la conocida apertura de Ana Karenina, afirmando que las familias felices son todas iguales y las infelices lo son cada una a su manera. Es decir, la experiencia en el mundo indica que la fortuna afectiva en el ámbito familiar, tomando como baremo un absoluto como la felicidad, es tan poco común como el hallazgo de un trébol de cuatro hojas. ¿Alguien alguna vez ha encontrado uno? La catequesis irlandesa emplea el trébol de tres hojas para enseñar, a través de San Patricio, la unidad de la santa trinidad, pero el campo popular le sumó un pétalo al shamrock de la tradición gaélica para expresar fe, esperanza, amor y suerte: la ilusión de tender un camino a la felicidad. No es fácil llegar.

La literatura se centra en la familia porque no conocemos otra forma de agrupamiento nuclear, catalizador del libre albedrío de nuestras pulsiones y funcional a los parámetros de nuestra organización económica, es decir, el capitalismo.

Algunas de las mejores series que se han producido en los últimos años definen el sistema con sus límites y los territorios que se extienden mucho más allá de los mismos, a través de familias que entienden la felicidad como la posesión desmesurada de poder y dinero y que la unión afectiva se mantiene –o no– en la medida en que sea necesaria para conservar vivo al sujeto de su ambición.

Margaret Thatcher negaba la existencia de la sociedad. Solo admitía al individuo

Los Soprano, posiblemente una de las mejores series que ha producido la televisión, centra la acción en una familia cuyo jefe, Toni, trata de mantener el equilibrio entre el psicoanálisis y el crimen organizado. La novedad que incorpora frente a las versiones de Coppola o Scorsese es que se trata de una mafia barrial, con negocios menores.

Pequeño también es el motor de los afectos porque, así como el protagonista descubre, a través del diván, que sus ataques de pánico son producidos por el temor a perder a su familia, no duda en matar al ahijado cuando considera que es un obstáculo para el negocio. Ese mismo personaje, en algún momento, al descubrir que su novia es estéril, pide permiso al capo para matarla argumentando que “tiene un defecto de fábrica”. El éxito de Los Soprano trasciende el marco del show business para entrar en el business directamente, ya que circulan varios manuales de marketing que analizan el uso de la información, la imagen de marca y el liderazgo partiendo del modelo que proponen los guionistas.

Si volvemos al punto de partida, este habla de Los Soprano como la historia de una familia. Es mejor entenderlo como una historia dentro del capitalismo.

Succession es otra serie que gira en torno a una familia que posee un gran grupo mediático en Estados Unidos. La preside un patriarca, una gran tycon, y los rodean un cuarteto de vástagos con una incapacidad afectiva y profesional proporcional a la opresión digna de Saturno que ejerce el padre sobre ellos. Hay algún reflejo de Shakespeare en el que el despropósito de la historia es similar a Macbeth entrando al dormitorio con la daga sangrante en la mano, después de asesinar a Duncan; cuando su mujer se lo advierte, cae en la cuenta y ambos se aterrorizan al escuchar que llaman a la puerta: es un borracho que se queja porque la ebriedad le impide tener una erección. Comedia encapsulada en la tragedia.

El tiempo de la hipoteca

¿Puede una familia controlar un imperio mediático y, entre todos, no ser capaces de sumar voluntades lúcidas mientras los lacera el malestar? Puede. “Es el final del ciclo americano; nuestra empresa es un imperio en declive dentro de otro”, dice uno de los hijos en el momento que cree que ha llegado su hora de gloria para desplazar al padre. El ascenso al pozo.

Margaret Thatcher negaba la existencia de la sociedad. Solo admitía al individuo, pero reconocía la presencia de una célula esencial para la gran etapa capitalista que se iniciaba en su tiempo: la familia.

El 29 de abril de 1945, un día después de la capitulación alemana, Patricia Highsmith, en Nueva York, apunta en su diario: “Quiero ser como los europeos: ¡libres de la espantosa lucha por ganar dinero! ¡Este es el gran error del siglo!”. Murió cincuenta años después en Suiza. El patriarca de Succession sostiene que la ley son personas, las personas son política, y él, enfatiza, sabe manejar a las personas. Highsmith solo manejaba personajes. Por eso, quizá, nunca tuvo familia.

*Escritor y periodista.