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Cerca del final

Llegan dos semanas vertiginosas y no se pueden descartar sorpresas.

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Urna et orbi. | Pablo Temes

Existieron en la historia argentina cuatro situaciones que debían resolverse en segunda vuelta electoral. La primera fue en 1973, cuando se enfrentaron Héctor Cámpora y Ricardo Balbín. Como el candidato del Frejuli había sacado el 49,5%, el radical prefirió bajarse del balotaje. La segunda situación se produciría en 2003 pero aquí renunciaría el ganador, Carlos Menem, que había sacado el 24,4%, dejaba la banda presidencial a Néstor Kirchner, que había obtenido el 22,2%. Menem supuso que todos votarían contra él. La tercera oportunidad fue más reciente, en 2015. En las generales había sido triunfador Daniel Scioli (37%) y segundo Mauricio Macri (34,1%), pero en segunda vuelta Macri da el batacazo y obtiene el 51%.

El juego de la silla. El balotaje es un juego laberíntico de simulaciones que pone en una situación complicada a los votantes que no eligieron a ninguno de los dos aspirantes que se enfrentan en un mano a mano, sin otros actores, solo acompañados por sus candidatos a vicepresidentes.

El origen de este modelo electoral estuvo en la República de Venecia en 1268 (ballottaggio) como método de selección del dux combinando curiosamente el sistema de elección y sorteo (con extracción de bolitas de donde surge su característico nombre). Sin embargo, este sistema tuvo su perfeccionamiento –cuándo no– tras la Revolución Francesa, en 1792, para elegir a los diputados de los Estados Generales, y su finalidad no era otra que eliminar la influencia de los gremios o del clero en la selección de los candidatos.

Algunos autores discuten sobre si los esquemas de segunda vuelta no crean una mayoría ficticia, es decir el porcentaje final del ganador –que siempre debe superar el 50%– no se verá reflejado en las demás instancias políticas, no trae más congresistas ni más gobernaciones, solo permite la construcción de la narrativa ganadora. Los críticos ven en esta situación una creación de expectativas que no se ven reflejadas desde el primer día de gobierno. También este sistema fortalece la polarización y el bipartidismo.

Este último punto es central ya que hoy presenciamos la paradoja de que Milei no tendría la infraestructura institucional resultante de las elecciones generales, ni de las elecciones de medio término de hace dos años, donde se disputó la mitad de la Cámara de Diputados y la tercera parte de la de Senadores. Juan Bautista Alberdi –tan valorado en estos días– construyó un sistema constitucional donde el Poder Legislativo se conforma en cascada, evitando los liderazgos “flash”. Muy probablemente lo haya hecho pensando en Juan Manuel de Rosas o en Justo José de Urquiza, pero ejerce su influencia casi dos siglos más tarde.

Votos son amores. Si se observan una vez más los resultados electorales de las elecciones generales, poco más de 8.900.000 personas votaron por las tres opciones que no están en la gran final, y ahora tendrán que elegir entre dos. Si todo se definiera entre los votantes de las elecciones generales, Sergio Massa precisaría unos 3.300.000 votos adicionales para triunfar y Milei, un poco más de 5.100.000.

Si Massa asegurara el 90% de los votantes del FIT-U y el 50% de los de Hacemos por Nuestro País, obtendría de esa fuente un 30% de lo que le falta para la mitad más uno. El millón setecientos mil que le falta debería provenir de los votantes blancos o impugnados del 22 de octubre (832 mil), de quienes votaron a Juntos por el Cambio, o de votantes “nuevos”. ¿Puede obtener votos de extinto JxC? Para saber esto hay que observar el devenir de los casi 2.800.000 votos que en las primarias se inclinaron por Larreta-Morales.

Luego es muy difícil evaluar a los votantes que no concurrieron en las generales. El absoluto indica que casi 8.300.000 personas no fueron (22,35%). Se puede pensar que entre esta multitud hay votantes optativos (16 a 18 años y más de 70), gente que no vive en el país, otros con problemas de salud y quienes directamente no se sienten interpelados por el acto más importante de la democracia. Si la participación se extendiera a lo ocurrido en 2015, cuando se enfrentaron Macri y Scioli y votó el 81%, podrían sumarse casi 1.500.000, pero esto es política ficción.

Para mejorar sus posibilidades, Massa también debe aumentar su caudal en la zona central del país, que viene siendo adversa para el peronismo. Entre Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, el tigrense solo accedió al 23% de los votos, mientras que Milei logró el 33%. Quedan 44 puntos en disputa en una zona que reúne casi una cuarta parte del electorado nacional.

¿La libertad está en el cambio? Para obtener la ansiada mayoría, Milei precisa casi el 65% de los votantes de Schiaretti y de Bullrich sumados. Si los votantes del Gringo se repartieran en fragmentos iguales, necesitaría 900 mil votos adicionales de JxC. Por eso es clave entender la decodificación que están realizando los votantes de este espacio de la alianza Macri-Milei. El mensaje no es claro, Milei ha expresado en varias ocasiones que es un apoyo incondicional. Esto se puede traducir en que desde el macrismo se apoyaría el programa libertario al menos en un 90%, pero no es claro cuál es el 10% restante.

En cambio, desde las usinas cercanas a Macri se da a entender que se propone un cogobierno imperfecto, donde el cargo más relevante hoy –el ministro de Economía– sería para Federico Sturzenegger, lo que genera desconfianza en el propio equipo de economistas de Milei. La otra cuestión que se resolverá el 19 de noviembre es el propio efecto que produce que Macri tome la batuta discursiva de la campaña de La Libertad Avanza, cuando no participó de las elecciones. Desde esta perspectiva parece más una intervención que un apoyo. Tanto Macri como Cristina Kirchner tuvieron que bajar oportunamente sus aspiraciones por la altísima imagen negativa que provocaban entre los votantes, si no seguramente serían los candidatos. Quizás hubiera sido más simple plantear con transparencia la propuesta de un cogobierno, con un programa en común. En cambio, se eligió el camino discursivo antikirchnerista que no era el que había movilizado a la base libertaria, pero que se espera que sí incida a votar por LLA a los radicales que oportunamente votaron a Alfredo Cornejo, Maximiliano Pullaro o Ignacio Torres.

Serán dos semanas vertiginosas donde no se pueden descartar sorpresas.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis).