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palabras

Común recuerdo

sylvia molloy 20220716
La escritora Sylvia Molloy | Twitter / Eterna Cadencia Editora / @EternaEditora

¿En qué lengua se habrá pronunciado al irse, con qué palabras habrá nombrado su vida? Es tantas, y única, la Molloy, Sylvia. Viajando entre ciudades y tradiciones, La Sorbona, Nueva York... Y por siempre, Buenos Aires, el viaje esperado para repasar los recuerdos, paseándose con su elegancia pícara por el barrio de sus árboles. Rodeada de amigos, genial y generosa. Académica y narradora, libre y rigurosa. Observadora refinada, jocosa. Ojos de Molloy, felinamente agudos, emotivos. Pocos gatos quedan en el Jardín Botánico, pero todos han intuido el parentesco. Con esa mirada subrayó el mundo y la literatura: oblicua, diversa, la más clásica y novedosa –y no por ello disruptiva. No hay zurcido de lenguas sin puntada de Molloy; ni desarticulaciones o autobiografía, ni siquiera Borges. A ella le gustaba jugar al doble festejo, “cumplo años unos días antes que él, casi que lo festejamos en secreto”. Y releía su relato preferido, El cautivo, donde Borges escribe: “Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron”. Apasionada del pasado, que a veces, en pequeñeces, se revela intacto, Molloy se preguntaba hace unos meses: “¿Cómo traducir un momento del pasado en emoción, en reflexión, es decir, en recuerdo?”. En su propia novela, El común olvido (título borgeano) también su personaje intenta ese reconocimiento, como un viaje sentimental por su memoria desperdigada. 

La amorosidad parece haber comandado su pluma, en busca de aquellas palabras de la propia historia que quizá no han sido dichas. Se escribe lo que adviene en lo que hubo. Ella supo hacerlo, darlo. En breve libre, recién fallecida.